Arte y gastronomía convergen en el barrio Manila

Arte y gastronomía convergen en el barrio Manila

Arte y gastronomía convergen en el barrio Manila

Recorrer este sector de la comuna 14 se convierte en un verdadero placer. Los vecinos quieren resaltar el arte, la cultura y la gastronomía de la zona.

No hay esquina que no tenga el sello propio de Manila, un barrio tradicional de El Poblado que hoy se muestra como un sector mágico y placentero para recorrerlo en cualquier día de la semana. Arte, cultura y gastronomía son las experiencias que pueden sentirse en una zona que no pierde su tradicional esencia y que cada vez gana más visitantes y turistas.

El sendero nos lo abre Claudia Ramírez, vecina de Manila y una líder barrial, quien hace alarde del progreso y de la gente que adornan las calles de Manila. También, y con entusiasmo, nos invita al Festival Manila a la Calle, este 7 de diciembre, que tendrá actividades recreativas al aire libre, gastronomía, baile y concurso de natilla.

Otra manera de vivir
La mirada se centró en el negocio de don Carlos Flórez, un habitante de Manila que le da un nuevo concepto al diario vivir del barrio. “Es otra forma de expresarse en el barrio y con la gente. Yo vivo muy contento acá“. Cómo no vivir contento en un espacio donde el arte predomina. El Mil Nueve 32 es un café, pero a la vez es una tienda artística, musical y galería… ¡hágame el favor!

Después de deleitarnos con este panorama no quedó duda de que Manila está sufriendo una positiva transformación y que hoy sale a la luz también con las costumbres de sus ancestros. “Un mural como este (ver imagen), hecho por los artistas del sector, les hace homenaje a los adultos mayores que en una época disfrutaron de su niñez y juventud en este barrio. Ellos han sido la base para que hoy podamos rescatar todo ese patrimonio, por medio del comercio, el arte y la gastronomía que están llegando Manila”, explica Claudia Ramírez.

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Y no es en vano que esta vecina afirme dicha teoría. Mientras recorríamos cada cuadra podíamos observar los detalles en hostales, restaurantes, tiendas… y hasta en las mismas casas coloniales, cada uno con una historia por narrar. “En el primer festival que hicimos en agosto de este año, los asistentes dejaron su huella artística. Los postes de luz del barrio están pintados con obras muy bonitas, que le dan otro toque más ameno a estas calles”, agrega Claudia.

Una tardeadita
Como si fuera una película de El hobbit, adornado de faroles y luces amarillas, este café restaurante ha sido una de las insignias de la llegada del comercio y el turismo a Manila. “Ya llevamos 15 años acá y me parece muy bonito que se rescate el patrimonio. Por ejemplo, esta casa (donde se ubica el negocio) es una de las más antiguas y lo que hicimos fue tratar de recuperarla. Es una casa que aún conserva su construcción original, en paredes de bahareque y con pisos de la época”, explica Luis Javier Restrepo, propietario del Café Cambria.

Apenas para una tardeadita en un lugar que, según Luis Javier, ha traído un gran porcentaje de turistas. “Digamos que el 50 % de clientes son extranjeros, a los que les encanta esta tradición barrial”.

Y no solo a los turistas les gusta. El barrio Manila también invita a la apropiación de estos espacios, aquellos que nos trasladan a una bella época de El Poblado y que vuelven a traernos a una actualidad dedicada a una generación artística y con nuevos talentos para mostrar.

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Por Daniel González Jaramillo
danielgj@gente.com.co