Los tesoros que guardan las anticuarias de Envigado

Los tesoros que guardan las anticuarias de Envigado

Los tesoros que guardan las anticuarias de Envigado

Visitamos algunas tiendas de antigüedades de Envigado, en busca de sus objetos más curiosos y especiales. ¡Conózcalos!

Recorrer las tiendas de antigüedades del municipio es pasear por la nostalgia. Muchas de ellas son casas grandes y antiguas, en las que por años se han apilado objetos con diversas historias.

Hay que entrar despacio, con cautela para no tirar al suelo ninguna reliquia y con calma para observar detenidamente el valor de cada artículo. También, por qué no, para escuchar en la voz de los vendedores los relatos que el tiempo ha puesto sobre cada objeto.

Aquí negociar es todo un arte y eso lo sabe bien Norberto Calle, quien hace 23 años abrió su tienda Antigüedades La Telaraña. Antes trabajaba en Donmatías, en una droguería que era propiedad de su familia. Allá comenzó a comprar y vender “checheritos”, hasta que llenó una vitrina completa con objetos de cobre como estribos, pailas y chocolateras.

Después regresó a Envigado y abrió su local motivado por un par de amigos dueños de anticuarias en El Poblado. Estuvo 7 años en un almacén cerca al Cefit y luego llegó a la calle 38 sur con carrera 37.

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Hoy mira su almacén desde la acera del frente, donde está La Cucaracha, que es la anticuaria de su hijo. Sentado en una banca, junto a su esposa, Norberto saluda a los vecinos con el carisma que lo caracteriza e inspecciona los artículos que le llevan.

“Me gusta estar afuerita, mirando qué trae la gente”, dice él. Los criterios que tiene en cuenta para comprar es que sean objetos de su agrado, que tenga dónde acomodarlos y que tenga dinero para comprarlos.

Entre las cosas más antiguas que hay en La Cucaracha están un pilón y una olla de cobre rojo que, según Norberto, pueden tener poco más de 1 siglo. También hay una canasta con envases de leche, que evocan las épocas del camión repartidor, y una colección de unas 350 llaves antiguas.

Cuando se le pregunta por lo más extraño que le han llevado a la anticuaria, Calle dice entre risas: “Lo más raro aquí soy yo”.

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Muebles heredados
Al frente de La Cucaracha está De Garaje (calle 38 sur #37-42), el local que abrió Mery Arango cuando su hermana murió y le heredó varios artículos.

Una plancha de carbón y un reverbero son algunos de los objetos más antiguos que hay allí. Mery explica que las maderas se valoran en este negocio y señala un tocador de piñón de oreja, que también califica como objeto especial en su anticuaria.

“Aquí me traen los muebles de las abuelas cuando mueren y los familiares no saben qué hacer con ellos. Son cositas finas, que ya no se ven”, apunta ella.

Una casona de recuerdos
Una lámpara imponente se encuentra en el primer salón de La Casona del Usado, en la calle 38 sur #36-48. Parece de cristal, pero solo unas pequeñas esferas son de ese material, el resto es de acrílico. Así lo explica Héctor Guzmán, uno de los propietarios, quien cuenta que la luminaria era de un italiano que tenía un restaurante en El Poblado y lo cerró, porque los padres murieron y tuvo que regresar a su país.

La Casona del Usado lleva una década en esta esquina, pero existe hace 40 años. Comenzó en Prado Centro, en una casa más grande que ahora funciona como convento para 19 novicias.

Llegaron aquí porque el centro de Medellín era solitario y estaban aumentando los robos, por eso sus clientes del sur se abstenían de visitarlos. En esa época recibieron la llamada de unas vecinas de Envigado que les vendieron un comedor y otros objetos. Al final terminaron negociando hasta la casa.

El 90 % de la mercancía de este local está en consignación. El criterio más importante para recibirla es que se encuentre en buen estado, “porque algunas personas solo quieren es desencartarse de las cosas”.

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Hay alrededor de 900 artículos. Uno de los más curiosos es un mascarón de proa, que puede tener más de 100 años. “Es en madera, pero uno lo toca y es como si fuera hierro”, señala Héctor y añade que este objeto lo llevó una pareja de Cartagena que tuvo un barco y guardaba esta pieza como recuerdo.

También hay una rocola de discos de 78, de las primeras que salieron, y una serie de artículos religiosos que son los que más le gustan a Héctor. De hecho, cuenta él, las primeras ventas que hicieron en Envigado fueron un San Antonio, un crucifijo y una Virgen del Perpetuo Socorro.

Guzmán destaca otras imágenes hechas por un artista fallecido que trabajaba con costal, cola y yeso. Una de ellas es un Corazón de Jesús que tiene alrededor de 70 años de antigüedad.

“El mundo está hecho de cosas”
Omar Villalba es ocurrente y habla rápido. Trabajó en una prendería en Cartagena, administró otra en Envigado y hace 10 años abrió su negocio de antigüedades llamado El Tigre (a un costado de La Casona), en un local donde vendían papa y yuca.

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“Le comento que ningún faraón se llevó nada, Santo Domingo no se llevó ni una tapa de Águila y Ardila Lüle no se va a llevar ni una de Postobón… El mundo está hecho de cosas y mire, nadie se lleva nada”, dice Omar.

Cuenta que es famoso porque un día compró 2 toneladas de monedas a $ 500.000, luego las vendió por $ 8 millones y el que se las compró a él le ganó $ 70 millones. “Le digo que después de eso yo duermo con un ojo abierto. Qué tumbada la que me pegaron”, recuerda entre risas y señala una espada de la base naval de Cartagena, como uno de los objetos más especiales en su tienda.

El dueño de El Tigre, como los demás comerciantes de antigüedades, tienen claro que cada artículo tiene su cliente. Y aunque hay temporadas difíciles en ventas, siguen en pie mostrando que la nostalgia también tiene su público.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co