“Canalizar La Zúñiga fue una crueldad”

Canalizar La Zúñiga fue una crueldad

“Canalizar La Zúñiga fue una crueldad”

Por pura curiosidad e interés comunitario, recorrimos con un experto la quebrada La Zúñiga, que marca la frontera entre Medellín y Envigado. Esto fue lo que encontramos.

Aunque la quebrada La Zuñiga nace en la vereda Las Palmas y desemboca en el río Medellín, a la altura de Jumbo de Las Vegas, José Rincón, biólogo de la Universidad de Antioquia, con estudios en Entomología y que ha dedicado su vida a estudiar y enseñar el universo que habita en las quebradas, asegura que uno de los tramos más importantes del afluente comienza en el sector de La Abadía. Ahí, en la calle 21 sur con 39A, inicia nuestro recorrido.

Con chaleco, gorra, mapas hídricos, libros, cámara y un par de aplicaciones móviles para identificar la flora y la fauna, don José da su primer veredicto: “Acá habría que hacer una limpieza, está muy contaminada“, mientras que con el índice derecho señala en el agua un cúmulo de botellas plásticas, comida, papel aluminio e icopor.

Unos pasos más adelante, la quebrada casi insonora, pega un grito de auxilio. Un pequeño hilo de agua que apenas alcanza a fluir le indica al experto que “desde hace mucho tiempo esta dejó de ser una quebrada para convertirse en un caño. Eso lo hicieron cuando la canalizaron, y es una crueldad”.

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No obstante, destaca que este afluente, que baja por las montañas del oriente y marca la frontera entre Medellín y Envigado, conserva vegetación ribereña, “acá todavía hay vida, me atrevería a asegurar que podríamos encontrar algas, lombrices e insectos. De hecho vienen bichofué y mayos a alimentarse y a disfrutar de los remansos (detención de una corriente de agua)”. Igualmente hay corredores de paso naturales para ardillas y zarigüeyas.

Lo malo, añade, es que muchas veces predomina la estética y dragan las quebradas, “confunden la limpieza con quitar las piedras o las ramas y acaban con las guaridas de algunos animales”.

Asimismo, el biólogo afirma que a los taludes les falta rastrojo o arvenses, “se nota que desyerban algunas zonas e ignoran que la maleza mantiene la humedad de la tierra y detiene la erosión. Lo mismo pasa con la hojarasca, aunque en La Zúñiga hay bastante, eso hace que haya un microclima y resista el rigor del verano”.

A la altura del supermercado Euro, justo donde desemboca La Paulita, el cauce se hace un poco más ancho, sin embargo, en los meandros que forman caídas de agua se acumula un poco de espuma. “Se observan algunos vertimientos contaminantes y un par de manjoles, que cuando se rebosan seguramente comienzan a lanzar surtidores de aguas fétidas“. (No obstante, durante el recorrido, no se sintió ningún mal olor).

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Unos metros más adelante, La Zuñiga desaparece en el asfalto, pero al cruzar la avenida El Poblado, para continuar bajando por la calle 21 sur, brota nuevamente: “Este tramo fue drásticamente intervenido, predomina el cemento“.

Después la quebrada recupera su cauce, cambia la estructura del suelo y la vegetación. ¡Suena! Aparecen los cantos rodados, las disipadores naturales, el verde, los animales… Hasta que vuelve a canalizarse. Esta intermitencia la acompaña hasta Las Vegas.

Ya al lado de Jumbo se deja ver de nuevo. En su alrededores hay unos cultivos sembrados por la Red de Huerteros. Justo en la desembocadura se ve a un hombre lavando la bicicleta y también varias personas cocinando, al parecer viven ahí. Les preguntamos por el nombre de la quebrada y no lo saben, preferimos irnos.

Diagnóstico final: “Predomina el cemento y no importa el cauce en su forma natural. La han intervenido muy fuerte, aunque hay vegetación aledaña en algunos tramos. Lo ideal sería una recuperación del cauce, pero es difícil y costoso. No está descuidada, no hay basuras en sus alrededores. Vale la pena conservarla”.

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Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co