Este pesebre en plastilina de El Poblado va por el récord Guinness

Este pesebre en plastilina de El Poblado va por el récord Guinness

La comunidad estudiantil del Colegio Santa María del Rosario Medellín, ubicado en el sector de La Visitación, sorprendió en su tradicional acto de clausura para despedir la temporada escolar y darle paso a la Navidad con un enorme pesebre elaborado en plastilina.

Se necesitaron más de 140 kilográmos de plastilina empastada, modelada, repujada y esparcida, para darle vida a un nacimiento del Niño Jesús poco convencional que busca imponer un récord mundial como el pesebre escolar en plastilina más grande del mundo.

Por motivo de las cuarentenas intermitentes del primer semestre del año, la institución se replanteó este evento buscando desarrollar un proyecto que en caso de que mandaran a los estudiantes a sus casas, ellos pudieran llevarse su pedazo para adelantar trabajo y luego ensamblarlo en la obra general.

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Comenzaron la construcción de un pesebre por módulos y eligieron la plastilina como materia prima teniendo en cuenta su facilidad para la motricidad, el modelado y la conservación de su estructura a temperaturas adecuadas. Sin embargo, al ver que el proyecto estaba creciendo y era posible expandirlo surgió la idea de inscribirlo en los Guinness World Records.

Cuando el nacimiento ya casi llegaba a 20 metros de ancho y 12 metros de profundidad, consideraron oportuno registrarse en el Libro Guinness de récords mundiales, según explicó Mauricio Martínez, jefe del área de artes y docente del colegio desde hace dos décadas.

Todos los grados desde pre-escolar hasta once participaron de alguna manera en la edificación del pesebre, bien fuese en el proceso de empastado de las bases o en la elaboración de figuras o escenarios. Juan Carlos Fajardo, docente de artes y música, señaló que además de plastilina también se utilizaron materiales reciclables como madera, cartón e icopor para conformar los cimientos de los espacios.

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El epicentro de esta obra de arte es por supuesto el nacimiento de Jesús, no obstante, en el octágono que tiene aproximadamente tres metros cuadrados de diámetro confluyen el oriente, el occidente, el norte y el sur, caracterizados por las culturas que predominaban el mundo en aquella época desde la visión de los más pequeños.

“Si nos desplazamos al occidente veremos Roma y Grecia, terminamos en el océano atlántico y al cruzarlo llegamos a América, incluso hay grados que construyeron las pirámides de Egipto y las pirámides Maya, lugares que esencialmente no están dentro del pesebre pero que en nuestra construcción sí están permitidos porque se trata del mundo alrededor del nacimiento como eje histórico”, relató Martínez.

Luciana Arango, estudiante de primaria, disfrutó que todo el colegio se haya unido para este montaje y en especial su participación en la elaboración de las ovejas, los cerdos, el pasto y el agua del mar. Su compañero Maximiliano Olivares destacó el esfuerzo en detalles como el pozo y las piedras que constituyen la mayor parte de edificacionces del pesebre.

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Tardaron tres meses en terminarlo y en el camino los estudiantes afianzaron sus relaciones interpersonales mientras trabajan por un objetivo en común. Fajardo mencionó que un alumno llamado Juan Manuel tenía una habilidad innata para detectar los imperfectos de cada tramo y pulir los detalles hasta dejarlos impecables.

A medida que veían materializada esta obra se preocupaban más por su cuidado y preservación, incluso, la Congregación de Hermanas Dominicas de Santa Catalina de Sena, propietarias del colegio, apoyaron desde siempre la causa con la inversión en la plastilina y hasta se pusieron manos a la obra para elaborar figuras.

La técnica de elaborar pirámides con un molde de cartón al que luego le añadían la plastilina amarilla con blanco mezclada fue la que implementó María del Mar Cambronero, una estudiante de bachillerato. Además, algunos niños como Tomás Jaramillo se especializaron el los vikingos con sus armaduras y barcos.

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Nada los desmotivó, ni siquiera cuando al iniciar la jornada a los alumnos de la primera clase les tocaba martillar la plastilina, calentarla y hasta ponerle secador porque estaba muy dura a raíz del clima frío. Cosa distinta al panorama de los estudiantes del mediodía o la tarde, a quienes la temperatura les favorecía para moldear el material.

Aunque la condición de exigencia variaba según la capacidad y edad de cada estudiante, en el pesebre son fácilmente identificables los personajes de los niños más pequeños y los de los más grandes, pues el ejercicio diario de la maqueta recoge la imaginación de cada uno y hasta aplica un toque de modernidad con un par de pingüinos que usan bufanda, sombrero y gafas oscuras. 

El proyecto, como indicó el docente Mauricio, tiene una armonía visual en la cual cada detalle refleja la identidad de los niños, “ahí está toda la diversidad del colegio entero reunida e incluso, se dio la oportunidad de tener trabajando codo a codo al estudiante más pequeño de tan solo cuatro años y a una de las hermanas más mayores de la congregación que incluso fundó la institución, ratificando que cuando se llega a la vejez se vuelve a ser niño”.

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Mientras esperan la visita del jurado de los Guinness, el pesebre continúa expuesto para que los vecinos que deseen conocerlo se comuniquen con el colegio para programar su visita, las directivas planean trasladar la maqueta a un espacio donde más personas puedan apropiarse de la obra porque es un referente de ciudad que alimenta el espíritu navideño.

Por: Michelle Acevedo Vélez
michellea@gente.com.co

Fotos Manuel Saldarriaga

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