Ellos fueron la primera promoción de la I. E. Marco Fidel Suárez

Ellos fueron la primera promoción de la I. E. Marco Fidel Suárez

Ellos fueron la primera promoción de la I. E. Marco Fidel Suárez

Miembros de la primera promoción de la Institución Educativa Marco Fidel Suárez se reunieron para charlar y conmemorar su grado en 1959.

Jairo Alzate Marín, vecino de Laureles, recuerda con emoción el cambio de sede que tuvo el colegio, debido a un decreto expedido en el gobierno del presidente Gustavo Rojas Pinilla, para construir una nueva escuela ubicada al frente del estadio, en la carrera 70 con la calle 49B, y que permanece allí desde entonces.

“Primero de bachillerato lo estudiamos en la sede de La Playa con La Unión, era una casa vieja, con muchas habitaciones que funcionaban como salones y un patio central. Al año siguiente construyeron el colegio al frente del estadio, no había nada aparte de mangas y 3 canchas al lado del estadio, la unidad deportiva completa no existía en ese momento, la carrera 70 era destapada, todo parecía una finca”, contó Alzate.

Los garajes del Marco Fidel, como era conocida, fue una obra arquitectónica novedosa en su tiempo. La nueva escuela contaba con 2 plantas, placas de microfútbol, restaurante y salones amplios. Luis Fernando Ruiz, vecino de El Nogal y compañero de Jairo, cuenta que “en ese tiempo yo vivía en el barrio Cristóbal, tenía que caminar todos los días desde el colegio hasta San Juan para ahorrar un pasaje, la nueva sede era lejos porque el occidente de la ciudad apenas se estaba poblando”.

Él y su grupo de amigos se reunían todos los descansos para jugar fútbol, en una de las canchas del frente, o asistían al restaurante para tomar café y aguapanela. Sin embargo no todo era diversión y había que dedicarse a las clases, Darío Calderón explicó que “en ese tiempo teníamos un profesorado muy bueno, las clases de matemáticas y literatura eran muy agradables, aparte de recreación, y había que estudiar mucho“.

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Recordaron con cariño el uniforme que tenían, “una camisa vinotinto, y para los eventos especiales se usaba un suéter cuello tortuga, con un gorro triangular de soldado, pantalón y tenis blancos; el de educación física era más normal, con pantaloneta y camiseta”, comentó Calderón.

Es por eso que estos grupos tenían una rivalidad constante con el Liceo Antioqueño: “Era una competición muy sana, hacía que el rendimiento académico fuera alto, puesto que competíamos por el número de graduados y cuántos de nosotros pasábamos a la universidad”, manifestó Argiro Gómez, bachiller de 1959.

Después de finalizar con éxito el bachillerato, esta promoción siguió nuevas metas y propósitos en la vida, sin perder contacto con la mayoría de sus compañeros. Algunos se volvieron ingenieros, doctores, jugadores de fútbol profesional, agrónomos, contadores, abogados y otros se fueron a otras ciudades y países. “Tuvimos excelentes amigos y compañeros, algunos ya fallecieron, como Mario Agudelo Pérez, jugador profesional del Cali y del Medellín, que fue una gran persona”, manifestó Jorge Chavarriaga.

Este grupo de amigos tuvo su primer reencuentro 10 años después de conseguir el grado, “tratamos de contactar a los que más pudimos, pero había algunos que no les gustaba o no tenían tiempo. De los 40 estudiantes, logramos reunir 15 que vivimos en la ciudad. Hacemos reuniones mensuales para charlar y compartir, adicionalmente celebramos los 30, 50 y 60 años”, comentó Jairo Álzate.

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Para Luis Fernando Ruiz “nunca va existir un grupo de amigos como el nuestro. Independiente de nuestras profesiones, nunca hubo envidias, siempre tuvimos disposición de ayuda y compañerismo. Actualmente las cosas han cambiado, ya no se mantiene la fraternidad porque las personas se alejan y pierden el contacto”.

Los egresados resaltaron el trabajo de docentes, como Gustavo Barón Beltran, “un matemático y jugador de billar extraordinario que nos orientó a quienes quisimos ser ingenieros, tuvimos la fortuna de que él nos enseñara”, manifestó Ruiz.

El grupo de Javier y sus amigos fue la primera generación completa que estudió desde primero hasta sexto de bachillerato, en una jornada doble de 8:00 a.m. a 12:00 m. y de 2:00 p.m. a 5:00 p.m. Como la mayoría de estudiantes vivían en otros barrios, iban al restaurante que era gratis, luego se iban para el estadio y allí veían a sus ídolos entrenar y preparar los partidos.

El 14 de noviembre los exalumnos se reunieron en el Club El Rodeo para compartir un almuerzo y un reconocimiento, hubo reencuentros emotivos con amigos que hace mucho tiempo no se veían y otras charlas para saber sobre cada uno de los compañeros que pertenecieron a la promoción de 1959 y que empezaron su bachillerato en la misma institución en 1953.

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Por Alexis Carrillo Puerta
alexisc@gente.com.co