La familia que vive metida dentro de un piano

La familia que vive metida dentro de un piano

La familia que vive metida dentro de un piano

¿Alguna vez se ha preguntado por qué en Las Palmas hay una edificación en forma de instrumento musical? Acá le contamos.

En Andes, Antioquia, Piedad Rivera marcó la diferencia. Le apasionaba leer, aunque eso significaba meterse debajo de la cama porque para las mujeres estaba prohibido; tarareaba la zarzuela y la opereta que su padre ponía en la radio y cada semana se deleitaba en el colegio aprendiendo a tocar piano.

Del pueblo partió muy joven y en un tren rumbo a Cisneros conoció a Antonio, un pasajero que a punta de poemas la convenció para que compartieran el mismo vagón por el resto de su vida.

Se casaron, y los deseos que la mujer tenía por estudiar se aplazaron hasta el fallecimiento de su novena hija. Entró a la universidad en compañía de su esposo y ambos se graduaron en Sociología.

La música y la danza siempre fueron un deleite, potenciado con el nacimiento de sus 12 hijos, que al igual que Piedad crecieron con los acordes de un piano antiguo que aún ocupa un espacio importante en la casa de la familia Zuluaga Rivera.

Al cumplir 5 años de edad, uno a uno, entraba a la Escuela Popular de Artes y a los 13 al Conservatorio de la Universidad de Antioquia. Pero fue María Piedad, la primogénita, quien marcó el destino de todos.

Ella estudió Educación y en 1982 abrió el Preescolar Buhítos, donde las artes eran un pilar fundamental. “Mi mamá nos dijo que todas teníamos que prepararnos para trabajar ahí. De hecho Lina, que es comunicadora, quería estudiar Derecho, y ella le dijo: ‘Sí, derecho para el preescolar’, y a mí ni me preguntó”, cuenta Clara.

Con los años los requisitos del Estado para el sostenimiento del jardín eran cada vez mayores, situación que coincidió con una presentación coral que cambió el rumbo de la familia. En ese entonces Clara pertenecía a un grupo musical que contrataron para un espectáculo en el centro comercial Oviedo, pero los integrantes estaban en vacaciones, “así que me tocó llevarme a mis hermanos y cuando me preguntaron cómo se llamaba el coro se me ocurrió decir: Musicreando”.

Esto dio pie a que, luego de 25 años, pasaran de ser centro educativo a dedicarse de lleno a los talleres creativos. Tenían clases de música, danza y pintura. “Día a día Musicreando iba creciendo y cada año, dentro de las áreas que teníamos, incluíamos un arte más. Empezamos en el centro de Medellín, luego nos fuimos para El Poblado, y hace 2 años la ilusión de tener una sede propia se hizo realidad. En el kilómetro 6 de Las Palmas un piano de cola, 12 veces más grande que el de la sala de la casa, está de pie en la montaña”, comenta Lina, mientras asegura que en el lugar están los bustos de sus padres, los artífices principales de este sueño.

Asimismo, Natalia, la menor, cuenta que para ellos es muy significativo (después de haber crecido alrededor de un instrumento) estar dentro de él para formar niños en ballet, jazz, hip hop, flamenco, teatro musical, artes plásticas, instrumentos y técnica vocal. Todos los Zuluaga Rivera y sus descendientes están vinculados (directa o indirectamente) con la academia, de hecho a finales del año pasado se trajeron varios premios del certamen internacional All Dance World, 3 de ellos otorgados a 3 integrantes de la familia: Simón, Esteban y Martina.

Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co

Fecha

Enero 24, 2019

Categoría

Artistas, El Poblado, Emprendedores, Gente

Tags

artista, el poblado, emprendedor, emprendimiento, las palmas, música