Amparo dejó un vacío en Oviedo

Amparo dejó un vacío en Oviedo

Amparo dejó un vacío en Oviedo

El pasado 9 de abril el gremio gastronómico despidió a Amparo Caicedo de Moreno, la fundadora del emblemático café Le Gris, ubicado en el centro comercial Oviedo, de Medellín.

Hasta hace un año, en la puerta del Café Le Gris, estaba el taburete desde el que doña Amparo vigilaba que todo saliera bien. Era minuciosa (sin ser maniática), tenaz, intuitiva, tremendamente vanidosa y no había cliente que no la amara. “Tenía un gran carisma. A mi mamá no la frenaba nada ni nadie… Ella nació para mandar”.

Amparo Caicedo de Moreno fue la mayor de 4 hijos. Estudió bachillerato comercial y muy rápido se empleó como secretaria ejecutiva en la Cámara de Comercio de Medellín. Desde entonces se convirtió en una trabajadora incansable.

Ese amor por el trabajo lo combinó con su afición por la música. De niña fue al Conservatorio del Tolima en Ibagué, ciudad en la que vivió con su familia durante algún tiempo.

Tocada guitarra, tiple y bandola, pero de vez en cuando también se le medía al piano. A penas se aburrió de tener una vida de oficinista y se casó con Jairo Moreno, renunció a la entidad y prefirió dictar clases de guitarra en su casa.

Mientras tanto, la glotonería de su esposo la llevó a alimentar su colección de libros de cocina (tenía más de 400) y a participar de cuanto curso de gastronomía había en el país. Le propuso a su hermano Santiago que montaran un negocio de comida y él, que hacía poco había estado en Europa, le dio su sí.

Inspirados en el Viejo Continente, abrieron (en 1978) el Café Le Gris, un establecimiento tipo brasserie, ubicado en un pequeño local de Girardot con La Playa. “Ese se volvió el parche de todos los ejecutivos”, expresa Santiago, y señala, que era tal el éxito, que al año siguiente ya estaban creando un nuevo espacio en el recién inaugurado Centro Comercial Oviedo. Esa sede es la única que sobrevive.

La oferta gastronómica del lugar, que va desde platos pequeños (sánduches, helados y crepes) hasta los más sofisticados, prosperó gracias a doña Amparo, que siempre estaba al pie del cañón. “Ella supervisaba la cocina, el mercado, el personal y el servicio”, manifiesta el cofundador. De hecho, trajo de Italia la segunda máquina de espresso que hubo en Medellín.

María Adelaida, su hija, cuenta que pocas veces la recuerda en la casa. No era una señora ni de tardes del té ni de cartas ni de costureros, Caicedo de Moreno era una mujer emprendedora, “estricta, pero a la vez llegaba a la parte sensible de las personas. De pronto alguien se iba con un regaño muy fuerte, pero ella remataba bien la relación. Todo el mundo la quería”.

Asimismo, asegura que hasta el último minuto su mamá estuvo pendiente de que todo permaneciera en orden. Desde hace un año no pasaba largo rato en el café y los clientes no paraban de añorar su presencia. “Es que yo creo que una de las cosas más duras para ella fue verse deteriorada por el Parkinson”, agrega María Adelaida, pues aunque tenía varias enfermedades, y ya ni caminaba, “ella se murió fue de cansancio”.

Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co

Fecha

Abril 30, 2019

Categoría

El Poblado, Emprendedores, Gente

Tags

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