Esta pareja cumple 20 años vendiendo mazamorra en Laureles

Esta pareja cumple 20 años vendiendo mazamorra en Laureles

Esta pareja cumple 20 años vendiendo mazamorra en Laureles

Rosa Eva Zapata y su esposo Francisco Ayala tuvieron que dejar Pereira en el 2000 por la difícil situación económica que pasaban. Aunque ninguno de los 2 se imaginó ser mazamorrero en su vida, este fue el trabajo que les dio la oportunidad de progresar y quedarse en Medellín.

Mencionar a la negra o al negro de la mazamorra en Laureles (Medellín) es sinónimo de buena calidad en el maíz, de una sobremesa fresca para el almuerzo y con un sabor diferente al del resto de los vendedores, aseguran los vecinos.

Aunque ambos tienen recorridos diferentes por la comuna 11, esta pareja de esposos se despierta a la misma hora para alistarse y salir a las 9:00 a.m. a vender la mazamorra que preparan en casa, con la ayuda de sus 3 hijos.

“Nosotros somos de Chocó, pero mis hermanos viven en Medellín. Cuando nos mudamos de Pereira, que vivimos muchos años allá, llegamos a esta ciudad sin empleo y uno de mis hermanos tenía el negocio de la mazamorra. Desde ese momento nos pusimos a vender con él y aquí seguimos”.

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Rosa Eva Zapata y Francisco Ayala comienzan su recorrido en el Consumo ubicado en la calle 44 (San Juan) con la carrera 79. La vecina va desde este punto hasta el segundo parque, recorriendo cada una de las calles de Lorena, Laureles y finalizando en Florida Nueva. Por su parte, a su esposo le toca la ruta de la parte baja del barrio Laureles y San Joaquín.

Esta vecina cuenta que “al principio fue difícil porque no estábamos acostumbrados a vender, no conocíamos a nadie, nos tocaba caminar mucho porque las canecas de la mazamorra las llevábamos en un carro de supermercado, era un reto que cada día fuimos superando”.

La mazamorra la hacen ellos mismos en familia, una de sus hijas les ayuda a lavar los tanques y ollas. Mientras que la pareja de esposos sale en esta cuarentena los martes, jueves, sábados y domingos a venderla fresquita.

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“Yo hago mazamorra pilada desde que estaba en Chocó, recuerdo que teníamos un piloncito de madera y ahí la apilábamos. Cuando llegué a Medellín mi hermano tenía una forma de hacerla con una empresa, pero a mí me gusta de forma tradicional”, explicó la mujer.

Esta vecina asegura que los clientes de Laureles son muy especiales porque “son amables, atentos, colaboran mucho y son muy educados a la hora de comprar. Ellos nos reconocen, nuestra mazamorra es apetecida ya que es muy bien cocinada, blandita y el sabor gusta mucho, incluso nos piden para llevarles a otros familiares, ya que nosotros solo realizamos nuestros recorridos”.

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Un cucharón que equivale a una taza cuesta $800 pesos, aunque estos vecinos también ofrecen un vaso de mazamorra organizado con leche, bocadillo o panela por $2.500. Por lo general, esta pareja de esposos puede vender entre 4 y 5 canecas diarias.

“Mazamorra pa’l pueblo” es el grito que hace salir a los vecinos de sus casas y apartamentos, con alguna señal o silbido les avisan que los esperen mientras bajan corriendo con sus cocas a llenarlas de maíz recién pilado para disfrutarlo junto a su familia.

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Por: Alexis Carrillo Puerta
alexisc@gente.com.co