La parva de doña Aída es famosa en Laureles

La parva de doña Aída es famosa en Laureles

La parva de doña Aída es famosa en Laureles

Desde 1987 esta vecina ecuatoriana sorprende a los habitantes de Laureles con su talento para hacer panes y pasteles, a tal punto de ser famosos en la ciudad.

Fotos: Jaime Pérez.

Aída Sánchez, enfermera de profesión, decidió dejar su carrera a un lado para dedicarse a hacer unos de los panes y pasteles más deliciosos de la comuna 11 y así alegrar los desayunos y algos de los habitantes de Laureles.

Es lo que se escucha en los sectores aledaños a la Estación de Policía, “quien no haya probado los croissants calientes de queso o el pastel de hamburguesa donde Aída no es vecino del sector”, comentó Marisol Herrera, residente del barrio hace 20 años.

“Lo que más me gusta de venir aquí es que los empleados atienden como si fueran tu propia familia, son formales, alegres, tienen mucha paciencia y todos los productos que venden son frescos y muy buenos. Son pasteles diferentes a los de una panadería tradicional, nos acostumbramos a comer donde Aída”, señaló la vecina.

Aída Sánchez trabajaba como enfermera en un hospital de Ecuador y, por vueltas de la vida, llegó a Laureles cuando tenía 17 años. “Uno de los doctores con quien trabajaba tuvo que venir a Colombia, me invitó y yo acepté para conocer el país. Tuvimos que hacer una clase de prácticas en el hospital de Jericó, comencé a trabajar en las noches y así me fui quedando”, contó la panadera.

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Esta ecuatoriana, que siempre tuvo gusto y pasión por la cocina, en sus ratos libres decidió ayudarle hace 40 años a un amigo en una panadería llamada Pancitos. Con un par de cursos de pastelería y panadería, Aída se convirtió en una tesa para hacer panes y pasteles.

La primera vez que hizo una masa para panes, no parecía inexperta. Por el contrario, el panadero se sorprendió por su buena textura y sabor, pues no parecía ser nueva en este oficio.

“Con Pancitos, mi amigo llegó a tener hasta 5 negocios, unos ubicados en Laureles y otros en El Poblado. Nos iba muy bien, pero nos estaba quedando muy pesado y yo le recomendé que vendiera algunos negocios”, contó la vecina.

Había algunas personas interesadas en comprar, la única condición era que Aída se quedara trabajando en el negocio.

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A pesar de que por esa época tenía que renovar su permiso de estadía en el país, ella aceptó renunciar a la enfermería, todo por el amor a hacer panes y pasteles.

“Yo me quedé trabajando con esta nueva familia como 2 años más, tuve que devolverme a mi país para solucionar el tema de la residencia, porque mis antiguos jefes no quisieron firmarme el permiso de trabajo para quedarme. Luego Pancitos se acabó y el dueño, que era mi amigo, me entregó las máquinas. Así fue como comencé en el negocio, él me apoyó mucho”, añadió.

Desde 1987 Panadería Doña Aída abrió sus puertas en el mismo local donde funcionaba Pancitos, que está ubicado en la carrera 77 con la transversal 39B. Empezó sola y durante 33 años ha mantenido la tradición de vender su parva, reconocida y valorada por los vecinos de Laureles.

“Llegué sola, pero ya tenía la fama y la experiencia que me había dejado Pancitos. Las vecinas y los muchachos que jugaban por acá decían: ‘Llegó doña Aída, qué alegría’, y así se regó el cuento”, explicó la mujer.

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Muy rápido reunió la clientela, desde los vecinos que jugaban los torneos de microfútbol los fines de semana hasta los que salían de misa, todos iban a comer pandequeso o croissants, pasteles de pollo, de carne y de salchicha recién horneados.

“Yo me acuerdo que eran muchos muchachos los que venían. Siempre he sido partidaria de hacer una parva buena y diferente, porque cuando uno hace las cosas de calidad, los clientes se encargan de ayudarme trayéndome más personas”, comentó la experta.

Aunque el negocio fue creciendo y Aída ya contaba con varios empleados, hace aproximadamente 10 años que ella quería cerrar el negocio, porque estaba cansada de lidiar con trabajadores y cambiar de ambiente.

Sin embargo, Aristóbulo Larrota y Andrea Úsuga, conocidos de los hijos de Aída, le propusieron ayudarle con el negocio y así no acabar con una tradición, que en ese momento llevaba 23 años haciendo panes y pasteles a los habitantes de Laureles.

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“Dijimos que no lo íbamos a dejar caer, así que comenzamos con una reestructuración del negocio para que ella tuviera tiempo de realizar otras actividades, como viajar y estar pendiente de su salud. Le quedaría menos pesado ya que estábamos Andrea y yo”, explicó Larrota.

Andrea Úsuga es abogada de profesión, mientras que Aristóbulo Larrota es trabajador social y terapeuta. Ambos se pusieron a disposición de la ecuatoriana y del negocio para aprender todo lo relacionado con panadería.

“Lo que hicimos fue tecnificar a los panaderos para que fuera un negocio más profesional. Esto implicó la creación de productos nuevos como el pastel de hamburguesa, las marranitas y los cochinitos, ya que anteriormente, por lo general, vendíamos pan, pasteles de pollo, croissants y pasteles pequeños de guayaba y arequipe. Nos metimos a hacer cosas más locas, con más creatividad para atraer al público”, comentó Aristóbulo.

Cada año Aristóbulo Larrota y Andrea Úsuga hacen pruebas con recetas y tratan de sacar mínimamente un producto nuevo al año. El año pasado fue el pan danés y el antepasado, el pan campesino.

“Hay un pastel llamado don José que se compone de guayaba, queso, arequipe y el toque secreto de la casa; nos salió de ir probando varias preparaciones. Cada que podemos hacemos cursos de actualización de panadería, hemos tenido algunos pasteles que no pegan tanto como el endiablado, ya que es un pastel muy picante, con chorizo y frijoles”, especificó Andrea.

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Aunque les han ofrecido expandir el negocio con franquicias o inyección de capital, se dieron cuenta de que una de las claves para mantener la calidad y el ingenio es tener un negocio pequeño.

“Alguna vez se nos ocurrió tener otro local cerca de Pepe Ganga, en la avenida Nutibara. Sin embargo, se presentaron problemas porque cuando no estábamos, los panaderos hacían las cosas de forma diferente y nuestro estilo es siempre hacer las cosas bien”, comentó Aristóbulo.

Desde las 5:00 a.m., los 8 empleados de doña Aída hacen los panes y pasteles para vender en el transcurso del día, asegurando no utilizan ningún ingrediente artificial, por el contrario, todo el proceso es artesanal, como en los viejos tiempos.

La clave de este lugar es que los pasteles no tengan más de 15 minutos de horneado, antes de que el usuario lo consuma.

El 25 de abril Aída Sánchez cumplirá 80 años, mientras que su negocio, una panadería emblemática para los vecinos de Laureles, este año celebra 33 años de existencia.

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Por Alexis Carrillo Puerta
alexisc@gente.com.co

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