La estrategia de Margarita para no cerrar su negocio de alquiler de trajes

Mujer de Medellín hace tapabocas y trajes antifluído

La estrategia de Margarita para no cerrar su negocio de alquiler de trajes

La reducción de eventos y celebraciones hizo que la dueña de Vestifiestas tuviera que reinventarse. Adicional al alquiler y arreglo de trajes crearon una línea de protección contra el COVID-19.

Margarita Pineda, vecina de Laureles, Medellín, nunca se imaginó que tuviera que utilizar sus conocimientos como diseñadora de modas para la creación de tapabocas y overoles de protección para evitar el contagio de una enfermedad.

Pese a esto tuvo que añadir algunos servicios a la tradicional tienda de alquiler de trajes y confecciones, ubicada en la comuna 11, con el fin de solventar la crisis económica, luego del cierre obligado durante más de un mes por el confinamiento.

“Tuvimos que reinventarnos y trabajar con nuevos accesorios relacionados con las medidas de bioseguridad como dispensadores de pared, caretas, tapabocas en diferentes estilos, trajes y chaquetas antifluido, alcohol y elementos químicos para la desinfección de espacios”, contó la vecina.

Pese a que el cambio inicialmente fue complejo, Margarita, ante la preocupación de la ampliación de la cuarentena, comenzó a comercializar termómetros infrarrojos, para solventar el pago de la nómina de sus empleados. Además tuvo que capacitarse con telas para elaborar los trajes antifluidos, con las cuales nunca había trabajado.

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“Sacamos la primera producción con muchos interrogantes y afortunadamente se vendieron bien, aunque fue un poco costosa. Los vecinos pedían más colores y fue así como seguimos elaborando más trajes y conociendo más de estas telas”, comentó Pineda.

No obstante, Vestifiesta no dejó de prestar sus servicios convencionales a pesar de que no se permitan realizar fiestas o reuniones sociales. Los vecinos aprovechan la situación para lavar o reparar algún traje.

“Nos hemos ido fortaleciendo con las ayudas que necesitan las personas. Por ejemplo me dicen: compré un traje y me quedó grande o hay que recortarle las mangas, nosotros se lo arreglamos”, aseguró Margarita Pineda.

Además, hubo algunos vecinos que alquilaron trajes o zapatos para las ceremonias de grados virtuales, especialmente en las universidades y otras que están haciendo sus preparativos para casarse en los próximos meses.

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Con esos trabajos más algunos subsidios del Gobierno Nacional, Margarita ha podido sostener, durante estos meses, el pago de sus 11 empleados, incluyendo los que trabajan en la sede de Rionegro.

Mucha gente del sector ha preguntado si cerrará su establecimiento, pero la vecina contesta con claridad que “no hemos dejado de ser Vestifiesta pero abrimos el abanico de posibilidades para los vecinos que necesiten productos de protección para evitar algún tipo de contagio, sin la necesidad de abandonar nuestra actividad económica primaria”.

Por su parte, han sido rigurosas las medidas de bioseguridad para el recibimiento de algunos visitantes, es decir, todos los días se hace una limpieza del lugar y solo dejan medir 3 prendas por persona, las cuales entran en un periodo de cuarentena y desinfección.

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Esta vecina cree que nada volverá a ser como antes y por esa razón piensa en nuevas formas de hacer crecer su negocio, sin dejar de lado el alquiler y arreglo de trajes.

En contexto

La madre de esta vecina creó Vestifiesta en 1984, a raíz de que la confección de trajes demoraba mucho tiempo y la gente comenzó a pedir prestados los vestidos que ya estaban terminados. Así fue como inició el alquiler de los primeros vestidos para matrimonio y primera comunión.

El negocio comenzó a crecer tanto que cuentan con una sede en Rionegro, además de la que está ubicada en la glorieta de Don Quijote, donde han permanecido por 36 años.

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Por Alexis Carrillo Puerta
alexisc@gente.com.co