El confinamiento le abrió las puertas para ser profe de yoga

El confinamiento le abrió las puertas para ser profe de yoga

El confinamiento le abrió las puertas para ser profe de yoga

Conozca la historia de Ángela Ricaurte, una vecina de Laureles (Medellín) a la que el yoga le cambió la vida. Ahora dicta clases virtuales y está feliz.

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Mientras estudiaba Diseño de Modas en la UPB esta vecina conoció esta disciplina originaria de la India. “Necesitaba tomar una electiva, pero ni las de mi carrera ni las de las de otras facultades me llenaban”.

Pensó en practicar un deporte, pero tampoco se animó, “soy de las que le tiran un balón y en vez de atraparlo se tapa la cara”. Por descarte y sin saber sobre el tema matriculó en yoga. Al principio solo estaba a la expectativa, pero con el pasar de las clases le empezó a hacer falta.

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Tomó el mismo curso durante 2 semestres, al siguiente se fue para Estados Unidos, “pero cuando volví, tuve mi hijo y me gradué me dieron ganas de ser profe de yoga“.

Ángela se olvidó del tema cuando sus conocidos le dijeron que estaba loca y que para qué había estudiado. Esporádicamente y en la soledad de una habitación practicaba algunas asanas.

“Hasta que se me revolcó la vida y no sabía qué hacer, así que empecé a buscar cómo centrarme y encaminarme para obtener tranquilidad. Sané varios aspectos de mi vida con constelaciones familiares y grupos de apoyo, hasta que regresó el yoga”.

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Durante un año se capacitó como maestra de esta disciplina, sin embargo, en este lapso de tiempo su decisión pasó por varias etapas, “unos días quería ser profesora y otros no, porque sufro de pánico escénico”.

En 2019 terminó sus estudios convencida de que lo suyo no era enseñar, pero cada que alguien cercano se daba cuenta de que ella practicaba yoga le pedía  que le dictara un par de clases. “Como era gente conocida decía que sí, pero ya me daba susto decir que era profesora porque las personas de una querían empezar”.

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Gracias a esta disciplina, esta mujer de 33 años de edad, se redescubrió, ahora es más serena y segura. Precisamente eso es lo que quiere transmitirle a sus estudiantes.

Ni en la cuarentena ni el confinamiento el trabajo paró. De hecho, encontró una oportunidad para desarrollar otras habilidades. “Estoy feliz dictando mis clases virtuales, de hecho, aunque cobro menos dinero, no quisiera que volvieran a ser presenciales, porque no hay afanes, miedos ni preocupaciones“.

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Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co

Fecha

Junio 24, 2020

Categoría

Emprendedores, Gente, Laureles

Tags

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