Guacas y mitos urbanos que nacen en El Poblado

Guacas y mitos urbanos que nacen en El Poblado

Hacen parte de la riqueza cultural de los barrios, sean mitos o realidades. Los llamados entierros, guacas o lugares mágicos, se hacen más fantasiosos en las mentes de los vecinos, los mismos que, hasta ahora, aseguran que la comuna 14 es un territorio que aún no ha sido descubierto en su totalidad.

Entrada a Montecasino en La Frontera. Foto: Edwin Bustamante

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“La gente viene a este lugar a escarbar por acá, pensando en que se va encontrar una guaca de los Castaño. Dicen que se ve una luz en medio del monte”, dice Hernando Osorio, vecino de La Frontera, refiriéndose a la mansión de Montecasino, que fuera propiedad de estos hermanos, conocidos en la época de las autodefensas en Colombia.

Estas suposiciones también responden a los llamados entierros, realizados por los indígenas que habitaron o pasaron por El Poblado. “Recordemos que en 1616, en lo que hoy es conocido como el Parque de El Poblado, se funda el resguardo indígena de San Lorenzo de Aburrá. Al final, estas poblaciones de los anaconas se van de allí y se refugian en La Estrella, es por eso que en ese municipio se han visto entierros funerarios”, introduce el historiador Daniel Ramírez.

De allí comienzan a forjarse los agüeros, mitos y leyendas que aún permanecen vivos en la comunidad. “Particularmente, el lugar donde más oro se escondió y donde más guacas se encontraron fue en el sector de Niquitao, barrio Las Palmas, cerca al cementerio San Lorenzo. Debemos resaltar que lo que hoy conocemos como El Poblado fue un lugar de paso y caminos de herradura de estas poblaciones”, agrega el experto.

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Existían los cerros hembras, donde las mujeres daban a luz. Los machos, donde enterraban objetos preciados. Foto: Manuel Saldarriaga

Los entierros o guacas pueden tener varias características. “Hablamos de entierros funerarios, es decir, personas que fueron enterradas con sus pertenencias más preciadas. Algunos fueron entierros en donde buscaba ocultar los objetos, no solo de los españoles sino también de los indígenas, que tenían conflictos entre sí”.

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Y sin que nos vayamos muy lejos, las historias de guacas que fueron supuestamente enterradas en la década de los 80, están esparcidas por toda la comuna 14. “Los carteles del narcotráfico no eran tan obvios y tenían lugares muy seguros para guardar sus cosas. Ellos no se iban a poner a enterrar pertenencias (dinero, metales y armas) al lado de sus propiedades más famosas. La curiosidad de la gente hace que vayan y busquen en estos lugares, pero es muy complicado encontrar algo”, agrega Daniel.

“Estoy seguro que estamos encima de una mina de oro, perteneciente a los indígenas. Algún día la van a encontrar”, comenta Alberto Hoyos, vecino de la loma del Tesoro. “Tenemos el cerro macho, lugares donde los indígenas encontraban sus objetos, y los hembras, donde las mujeres iban a dar a luz. En el caso del nombre para el sector de El Tesoro se tiene varias hipótesis. Una, que allí estaba la finca El Tesoro, propiedad de la familia Echavarría. También, que era un lugar de paso para las encomiendas de los españoles, como oro y otros metales… y, la otra, que allí se encuentran enterrados varios tesoros“, explica el historiador.

Realidad o no, los mitos y leyendas crean un sentido de pertenencia en los barrios, creando así una riqueza cultural que despierta la curiosidad de quienes habitan o conocen El Poblado. ¿Cree usted en estos relatos?

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Por: Daniel González Jaramillo
danielgj@gente.com.co

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