Conozca al vecino misionero de Belén Los Alpes

Conozca al vecino misionero de Belén Los Alpes

Las obras sociales son el motor de este vecino que se ha convertido en un súper héroe sin capa, experto en echarle una mano a los demás. Conozca su historia.

Elkin Vélez en la parroquia Santo Cura de Ars, ubicada en la calle 30 N 84- 78.

Cuando Elkin Vélez era pequeño sus padres solían llevarlo a visitar enfermos a casas u hospitales, una práctica que con el tiempo le permitió desarrollar una sensibilidad especial frente a los estados de vulnerabilidad del hombre y buscar aplicar la empatía en cada aspecto de su vida.

Aún recuerda su llegada al barrio Belén Los Alpes, un sector que en más de 30 años se ha transformado en cuna de progreso y desarrollo a la par del vertiginoso cambio de la comuna 16, “esta zona ha sido muy buena, aquí he construido mi vida y he conocido a personas muy valiosas”, afirma.

Su devoción por la fe católica lo llevó a integrarse a la pastoral de la salud de la parroquia Santo Cura de Ars, ubicada en la calle 30 N 84- 78, un grupo que periódicamente visita sectores como Las Mercedes, Las Violetas, Villa Café y La Pradera, pues allí no solo le brindan consuelo y una voz de aliento a quienes más la necesitan, sino que además llevan donaciones de mercados que ellos mismos recolectan.

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Elkin asegura que al conocer historias de personas que pasan por situaciones lamentables de pobreza y abandono a veces se siente impotente, pues le gustaría poder ayudarles a todos, sin embargo, menciona que el hecho de participar en estos procesos sociales es un aliciente para continuar apoyando a la comunidad.

Dentro de sus principios busca no ignorar ni ser apático frente a las dificultades que atraviesa el otro, no obstante, elude cualquier forma de aplauso o vanagloria, pues “esto es algo que me nace y toda la vida me ha gustado servirle a los demás, porque de hecho nadie está libre de caer en una circunstancia desfavorable”, expresa.

A su vez, este vecino pertenece al equipo de la caridad, otra agrupación de la parroquia que cada sábado visita a personas enfermas a modo de misiones. En esta labor comparten la palabra de Dios con pacientes en alto estado de deterioro, motivo por le cual han visto partir a varios asociados.

Otra de las poblaciones que moviliza a Elkin son los adultos mayores, porque según él, estas personas requieren mucho acompañamiento y en ocasiones sus propias familias los dejan solos, motivo por el cual ellos se dan a la tarea de tenderles una mano amiga.

Una de las historias que más impactó a este misionero fue cuando visitó a una vecina Belén Rincón. Ella tenía 46 años, era madre de una niña, su esposo la había abandonado y padecía un tipo de cáncer muy agresivo. En cada visita el grupo le fue tomando mucho aprecio y al despedirse era inevitable pensar que ese podría ser el último adiós.

“Su energía positiva a pesar de la situación que atravesaba era increíble, nos dio una lección de vida inmensa y aunque se preparó muy bien para un procedimiento quirúrgico fuerte al poco tiempo falleció”, narra Vélez, quien también admite que estas experiencias le han enseñado a trabajar en la humildad y a desprenderse de la vida material, pues ha conocido personas que a pesar de no tener nada son plenamente felices.

En su barrio Elkin es todo un personaje, al caminar por cualquier cuadra las personas se le acercan y lo saludan fraternalmente como
quien reconoce a un viejo amigo. Podría decirse que su segundo hogar es la parroquia, un recinto que conoce de memoria.

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También se ha involucrado con el mantenimiento de espacios comunes como el parque de Los Alpes, una parada obligatoria en este sector, que adornada con zonas verdes y juegos infantiles ofrece una dosis de la antigua vida barrial, aquella que él recuerda como cuando divisaba a los niños correteándose en la calle, a las familias reunidas en las aceras y a muchas de las casas con las puertas abiertas, pues eran otros tiempos.

Hay mucho por hacer

Pese a los esfuerzos que ha concentrado en ayudarle a los demás, este vecino repite que todavía hay mucho por hacer y actualmente están trabajando la posibilidad de visitar el centro de Medellín para hacerle acompañamiento a jóvenes que se están rehabilitando de vivir en la calle.

“Nos gustaría trabajar también con población penitenciaria y estamos buscando los permisos para hacerlo posible”, afirma Elkin, a quien nadie le borra una sonrisa del rostro cuando se le pregunta ¿qué es lo que más le gusta de ser misionero? pues la idea de conocer gente nueva y conectar con personas que buscan una forma de compartir más sincera, lo llena de emoción y lo hace mirar al cielo con amor.

Por Michelle Acevedo Vélez
michellea@gente.com.co

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