El Puntilla Muñoz le dio altura al DIM

El Puntilla Muñoz le dio altura al DIM

El Puntilla Muñoz le dio altura al DIM

Hace 46 años este vecino de 1,82 metros jugó con el Poderoso de la Montaña. En estos días de fútbol recordamos su historia.

La casa de los Muñoz Burgos es de esas que enorgullece a los vecinos de Nutibara (Medellín). En la calle 31 con carrera 65B vivieron los esposos Armando y Mariela con sus 10 hijos, entre los cuales se destacó Norberto, uno de los estilistas más famosos del país, y también Álvaro, el Puntilla Muñoz, que llegó al fútbol profesional integrando la nómina del Deportivo Independiente Medellín.

El espigado, como también lo denominaron algunos comentaristas deportivos de los 70, cuenta que comenzó en el deporte desde que era muy pequeño. “Mi almohada era una pelota”, comenta con gracia y dice que aprendió algunos movimientos de sus hermanos mayores, Armando y Guillermo León, que también jugaban como defensas.

En su barrio organizaba equipos para competir con otros sectores y era de los que no se perdían un Clásico de Reyes Fátima Nutibara, de hecho luego se desempeñó como organizador del mismo. Así, jugando en la calle, dio a conocer su juego, y no tardaron en convocarlo para los equipos de Imusa, Pilsen y Telecom, hasta que en 1971, Humberto Ortiz (apodado Tucho) lo llevó a la selección Antioquia.

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Un año después llegó al Deportivo Independiente Medellín, cuando el técnico Ricardo José María Ramaciotti lo sacó de las inferiores. Aunque el Puntilla se sentía más cómodo como volante de marca, en el DIM se desempeñó en la posición de lateral. En uno de esos encuentros el periodista deportivo Jorge Eliécer Campuzano le dio el apoyo de Puntilla, por su estatura de 1,82 metros y su figura delgada. “Fue una época de amigos y buenos recuerdos, lo único que no me gustaba eran los viajes en avión, porque llegaba enfermo del miedo que me daba”, comenta Álvaro.

Recuerda, por ejemplo, una jugada que planeó con Jorge Gallego, a quien le tiraba el balón direccionado al segundo palo para que finalmente Juan Carlos Lallana marcara el gol. “Mirábamos mucho las debilidades del contrario y nos íbamos por ese lado para sobrepasarlos”, cuenta el Puntilla.

Ese año fue el único que Álvaro estuvo en el equipó profesional del DIM, pero se destacó por fue admirado por su técnica. Recuerda que en un partido contra Millonarios le preguntaron al técnico Gabriel Ochoa Uribe y a Édgar Perea quién había sido el mejor jugador del partido y respondieron que el Puntilla Muñoz.

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Entre esos triunfos que le regaló el fútbol también está el día en que quedó campeón con la selección Antioquia en una final contra Atlántico, que se jugó en Barranquilla. En ese partido le fue muy bien y por eso lo convocaron a entrenar con el DIM, pero allí también lo vio Efraín, el Caimán Sánchez, que luego viajó a Medellín para invitarlo a jugar en el Junior.

En ese momento decidió tomar las sugerencias de sus padres y se quedó en la ciudad para terminar sus estudios de Comunicación Social y Periodismo en la UPB y, a la vez, jugar con el Poderoso. Nunca ejerció su carrera, y aunque tenía el anhelo de ser militar, tampoco lo logró. “Me arrepiento de no haber llegado, me presenté en un grupo de 1000 y quedamos 25. Yo fui elegido, pero ahí se opuso mi mamá y entonces me quedé”.

Durante un tiempo se unió a su hermano Guillermo León en el negocio de las apuestas hípicas y futbolísticas. También trabajó por 15 años como secretario en el almacén de un amigo y durante un año lo contrataron para dirigir el equipo de Andes y luego el del municipio de Jericó.

No volvió a dirigir, pero como era un jugador disciplinado, que sabía de memoria el reglamento, llegó a arbitrar en partidos locales y en la liga del cura Burgos, que era su tío. Hoy el Puntilla Muñoz sigue siendo fanático del fútbol y seguidor constante del Independiente Medellín y se siente contento de vivir en el barrio donde se respira fútbol.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co