A las orillas de La Ayurá creció el barrio La Magnolia

A las orillas de La Ayurá creció el barrio La Magnolia

A las orillas de La Ayurá creció el barrio La Magnolia

Sobre uno de los lugares en que vivió Manuel Uribe Ángel se levanta el barrio La Magnolia, de Envigado, al que tres fincas y un estadero dieron origen.

Caminar por La Magnolia se siente como recorrer el camino para llegar a casa de los abuelos. De hecho, pocos son los edificios altos que se atreven a romper su horizonte de casas de 2 o máximo 3 pisos y grandes viviendas esquineras.

Así también lo siente Clara Agudelo, quien reconoce que lo mejor de vivir en el barrio es “su tranquilidad. Aquí los vecinos nos conocemos entre todos, porque hay mucha gente que vive acá desde que esto dejó de ser una finca”.

Y es que el barrio toma su nombre de una finca productora de caña, panela y café, que sucumbió a la modernidad. El exconcejal de Envigado, Alfredo Vanegas, recuerda que el barrio empezó a construirse cerca del año 1955.

Vanegas, abogado de profesión pero amante del arte y la historia, recuerda que “La Magnolia era en ese entonces una finca al borde de la carretera que comunicaba Envigado con Medellín, en el sector que se llamaba El Carretero. El terreno de la finca iba hasta la quebrada La Ayurá”.

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Carlos Gaviria, historiador de la Dirección de Cultura del municipio, confirmó ese dato, pero aclaró que lo que hoy es el barrio “no solamente está compuesto por la finca de igual nombre, sino además por otras dos fincas que se unieron a esa en un solo barrio: Córcega y Villa Sol”.

La casa principal de la finca La Magnolia, que lamentablemente hoy no se conserva, fue residencia del reconocido médico Manuel Uribe Ángel y del filósofo y escritor Fernando González Ochoa. “Era una casa grande, bonita, una casa importante, productora agrícola, propiedad de gente muy acomodada. En ese sentido, usar la casa daba o ratificaba cierto estatus”, explicó el historiador.

Pero a finales de los 50, el proceso de urbanización fue tan acelerado, que en palabras de Gaviria, “no se dejó espacio ni para parque ni para parroquia”. El exconcejal Vanegas recuerda que el sacerdote Eugenio Villegas Giraldo fue uno de los primeros habitantes de la zona y promovió que al frente de la carretera, en un callejón, se levantara una ramada y se instalaran un altar, un Santísimo y un par de campanas, para que los pobladores que empezaban a instalarse en los terrenos, tuvieran dónde recibir los sacramentos”.

De esa ramada, que se levantó en lo que hoy es la diagonal 33 con la transversal 32A, nació la parroquia de San Marcos. “El sacerdote salió a recorrer la zona, invitando a los vecinos para hacer romerías y convocaba a vender empanadas.

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Con estas actividades empezó a conseguir el lote para emplazar la parroquia y un colegio aledaño, que hoy es la Unidad Educativa San Marcos, para lo que también recibió aportes del Estado a través del congresista Arturo Villegas Giraldo, quien era hermano suyo y destinó auxilios parlamentarios para las obras”, indicó Vanegas.

“Lo que nunca pensaron es que esa parroquia iba a ser la semilla de otro barrio, porque cuando aparecieron la iglesia y después el colegio, todavía no había nada construido alrededor. Curiosamente, ahí creció el barrio San Marcos y actualmente, La Magnolia no tiene parroquia, aunque sí tiene un parque junto a La Ayurá, donde está la cancha de La Paloma”, reseñó el historiador Gaviria.

Y así, entre lo celestial y lo terrenal transcurría la vida de los primeros pobladores del barrio. Lo celestial en la parroquia y lo terrenal en el estadero Georgia, que permanece en el recuerdo de los vecinos más antiguos. “Un lugar muy importante, porque en la época de los obreros no había internet ni televisión, escasamente radio, entonces los lugares de esparcimiento eran los bares y las cantinas”, explicó Gaviria y concluyó que “La Magnolia nunca ha perdido su vocación netamente residencial”. Quizá por eso, aún hoy, evoca a familia.

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Por Sergio Andrés Correa
sergioco@gente.com.co

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