Salsamentaria California: 55 años de amigos y cerveza

Salsamentaria California, 55 años de amigos y cerveza

Salsamentaria California: 55 años de amigos y cerveza

La Salsamentaria California ha sido testigo de la transformación que vivió Laureles (Medellín). Conozca la historia de esta tienda y la familia que le dio su sello.

Cada que Luz Mery Maya llega a la Salsamentaria California pide la bebida de la casa: una soda michelada en las rocas que solo sabe preparar Nicolás Giraldo, y que, como ella, llegan aclamando decenas de personas de Laureles, Belén y El Poblado, “pues, según dicen por ahí, levanta muertos y le quita el guayabo a cualquiera”.

Cuando los Giraldo llegaron a San Joaquín, la salsamentaria ya había sido fundada por doña Elvia Parra, en 1965. Tuvo 2 o 3 propietarios, hasta que en el 80 llegó Nicolás: “Mi hermano se la compró a doña Carmenza y nosotros, que unas cuadras más arriba teníamos una tiendita sin licencia, las fusionamos”.

En ese entonces, dice, la leche todavía se vendía en botellas de vidrio y la gaseosa y la cerveza venían en cajones de madera. La dinámica cambió cuando en 1983 la cooperativa Colanta lanzó el empaque de bolsa y 2 años más tarde la máquina envasadora de vidrio dejó de operar. “La transición fue muy incómoda, porque muchos vecinos no aceptaban la leche así e incluso se enojaban”.

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Al principio, ese cambio representó un problema para el negocio, porque el litro era el que atraía la clientela, “pues detrás se iban el quesito, las arepas y los huevos”, hasta que se acostumbraron.

Transcurrieron 7 años hasta que alguien les compró la salsamentaria. Sin embargo, por petición de los vecinos, los Giraldo volvieron a ser los dueños, “porque la California no era lo mismo sin ellos”.

Entre 1994 y 1998 subarrendaron el negocio, pues su hermano había muerto y la familia estaba en duelo, “después mi hermana Teresa se puso al frente del negocio, ella es la dueña, y yo volví a atender”. Sin embargo, asegura, con la llegada del D1 y Justo & Bueno a los barrios “la gente empezó a mercar allá y la California dejó de ser una tienda para convertirse en un punto de encuentro”.

Ahora su producto estrella es la cerveza. Hombres y mujeres de todas las edades se sientan en las mesas de afuera a conversar. La mayoría conoce a Nico, aunque con el tiempo también los clientes han cambiado, “ya más que todo vienen extranjeros, por lo que en Laureles ya no es tan residencial, hay mucho hotel, hostal y Airbnb”.

Todos los días, de 7:00 a. m. a 10:00 p. m., Nico está pendiente del negocio. Los fines de semana cierra un poco más tarde, pero eso sí, la hora de apertura no la puede cambiar, porque a veces cuando llega, ya hay gente a afuera esperándolo para comprar un tinto y un frito.

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Cuando tiene que hacer alguna vuelta personal o va a almorzar Teresa lo releva, pero “eso es toda una odisea porque la gente no para de preguntar por él, ¿dónde está Nico?, ¿a qué hora llega? Y no compran hasta que él aparece“, cuenta Ana María Maya, la hija de Teresa.

Para este vecino atender es una vocación, “yo soy muy consagrado a la tienda. Me apasiona lo que hago y me siento pleno, por eso prefiero no salir, pues siento que si estoy ausente, no funciona como debe ser”.

Porque claro, si de orden se trata, este vecino es el rey. Nadie le puede tocar la estantería. “Yo cojo las cosas con los ojos cerrados, para eso hice una capacitación y participé en el programa Escuela de Tenderos, de la Pontificia Universidad Javeriana, en alianza con Nutresa, y nos certificaron como tienda 5 estrellas. Es que este oficio también tiene su ciencia”.

“Tenemos la mejor clientela”
Más que clientes, la mayoría de personas que van a la tienda de Nico son sus amigos. Él los conoce desde hace más de 20 años y se les sabe la vida al derecho y al revés.

“Doña Carmenza Tirado de Uribe, la esposa de don Elías, es una de las que no nos desampara. Acá le fiamos y ella paga cada mes. De hecho, me sé todos sus datos personales de memoria, los nombres de sus hijos y los de sus nietos”.

Otro de sus clientes más fieles es Jaime Arango, arquitecto, diseñador de moda y preparador de reinas. “Él viene todos los días y hasta hemos peleado”, dice entre risas, “pero siempre vuelve, de hecho, acá trajo a la exseñorita Colombia, Vanessa Alexandra Mendoza; a Raimundo Angulo y a otros famosos que uno ni se acuerda de los nombres”.

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Sin embargo, con tristeza también le ha tocado despedir a más de uno. Donde antes quedaban las casas de los Mejía, los Vélez, los Mora, los Eusse y los Echeverri ahora hay restaurantes, oficinas y residencias, “ya casi no quedan vecinos fundadores. Los Hincapié Aguilar son de los pocos”.

Eso sí, como es tradición, cada diciembre en la Salsamentaria Califonia se reúnen las personas más allegadas para celebrar la amistad que los une con música en vivo y comida, que ese día corren por cuenta de la casa.

Por la amabilidad, la alegría y el don de servicio de Nicolás, esta tienda es punto de referencia en Laureles, “no hay nadie en San Joaquín que no conozca a Nico”. Por ahora su única preocupación es qué van a hacer todos cuando él se jubile, “todavía faltan algunos añitos, pero yo creo que de acá no salgo hasta que me muera”.

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Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co

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