En la edición de los libros encontró su dicha

En la edición de los libros encontró su dicha

En la edición de los libros encontró su dicha

Conozca a José Andrés, la persona que tiene el ojo para descubrir los grandes éxitos editoriales de Angosta.

Con los libros José Andrés creó una relación sentimental fuerte, pero lenta. Se enamoró de ellos después de mucho tiempo. “Es decir, fue como cuando uno conoce una persona y de pronto se vuelve importante e incondicional. Hasta que, cuando uno menos piensa, con el pasar de los años, se da cuenta de que la ama”.

En la casa de José Andrés Ardila, en Chigorodó, nunca hubo biblioteca. Los pocos libros que había eran sobre agropecuaria, el oficio de su papá.

De hecho, su vínculo con la literatura nació alejado de ellos. El teatro fue el mediador y sin ser muy amante de la lectura empezó a escribir. Algún actor tenía que inventarse las obras. José Manuel Freidel y Ciro Mendía se convirtieron en sus referentes.

La primera vez que José Andrés entró a una biblioteca (a una gran biblioteca) fue en 2004, cuando se mudó para Medellín a estudiar Ingeniería Industrial en la Universidad de Antioquia “… Sí, ya sé que suena increíble que haya elegido esa carrera”, interrumpe, pero el miedo a que las artes escénicas fueran su proyecto de vida le ganó.

La alegría de su familia por tener un ingeniero en la casa le bastaba, hasta que en el quinto semestre no pudo más. Detrás de los talleres de teatro, llegaron los de creación literaria y fue “entendiendo la literatura, ya no como un instrumento para representar, sino que la vi en sí misma, con su infinidad posibilidades”.

Escribía cuentos en primera persona, que sospechosamente parecían monólogos teatrales (incluso todavía sus textos tienen un poco de ese aire).

Se cambió de carrera y, como no quería ser profesor, eligió el Periodismo. Pero tampoco era lo que buscaba. Su poca habilidad para hacer preguntas y su personalidad introvertida (que al igual que su acento, tiene muy poco de costeño) le dificultaban el oficio.

Esa desazón lo condujo a los talleres de escritura de Héctor Abad Faciolince, en la Universidad Eafit. Después de un par de años de constancia, un día cualquiera de 2016, el escritor lo llamó para decirle que “tenía una plata ahorrada que no le alcanzaba para comprar una casa en Madrid, pero sí para montar una editorial independiente y que yo era la persona adecuada para ser el editor”. Con esa misma confianza José Andrés aceptó.

Obtuvo el título de periodista y se dedicó por completo a Angosta. Aprovechó su lectura crítica, su capacidad de ver los problema de los textos y su prudencia a la hora de expresárselo al autor. Aunque confiesa que “es un proceso poco divertido, que incluso puede llegar a ser tedioso”.

Como lector y escritor, a este hombre de 33 años le gusta dejarse sorprender. Al fin y al cabo, además de hacer teatro, esos son sus pasatiempos favoritos. Pero él es de los que no teme a dejar un texto a mitad de camino, si no logra una conexión. Eso lo aprendió de su labor, que de vez en cuando también le permite encontrarse un autor nuevo y extraordinario, que por fin va a tener la visibilidad que merece.

Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co

Fecha

Abril 23, 2019

Categoría

Creativos, El Poblado, Gente

Tags

angosta, editor, editorial, el poblado, hector abad faciolince, lectura, libro, Libros, literatura, Medellín, periodista