Pese al cierre de Casa Molina, Álvaro seguirá cocinando

Pese al cierre de Casa Molina, Álvaro seguirá cocinando

Pese al cierre de Casa Molina, Álvaro seguirá cocinando

Hace un par de días  el restaurante Casa Molina, de Medellín, cerró sus puertas. Conozca un poco más sobre Álvaro, su creador.

 

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Si la empleada descuidaba alguna preparación, Álvaro, con tan solo 12 años, metía la mano. ¨Le ponía unos toquecitos secretos¨, que luego su mamá (la dueña de las recetas) pedía que se los revelara para anotar la variación.

Álvaro Molina es cocinero por pura herencia familiar. En la casa de sus papás, por allá en Laureles, no había quien no tuviera buena sazón. “Entre hijos, nietos y sobrinos hay como 15 cocineros¨.

Él y sus 5 hermanos se criaron ayudando a cocinar, ¨con decirle que no había cumplido ni los 6 y ya le hacía papitas fritas a las vecinas”.

Estudió Mercadeo en Estados Unidos, pero nunca dejó de ser el chef de las fiestas y las reuniones familiares. ¨Con los años, por un complejo de Edipo, me volví en el cocinero favorito de mi mamá, de ahí viene el desarrollo del chicharrón con liposucción, el plato favorito de ella ¨, confiesa.

 

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Contexto de la noticia: Luego de 25 años, Casa Molina cierra sus puertas

Trabajó durante 15 años en una agencia de publicidad, hasta que en 1995 abrió las puertas de Casa Molina con 2 propósitos: montar una oficina de pesca deportiva (su otra pasión) y cocinarle a sus amigos.

El ambiente de esta casona, ubicada en el barrio Manila, era absolutamente familiar. Decoración de pesca, mucho verde y sillas de plástico. Quienes llegaban lo hacía por recomendación. El restaurante ni siquiera tenía aviso.

Además de ser el cocinero, Molina elegía en el supermercado cada ingrediente y se cercioraba de cómo estaban clientes. Él era parte de la experiencia del comensal.

 

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¨Cuando me entregaron el premio del Congreso Gastronómico de Popayán, en 2016, que es la máxima distinción a la que puede aspirar un cocinero en Colombia, dije que me daban ese galardón, no por mi forma de cocinar sino por mi manera de hablar. Mis platos son básicos, pero tienen variaciones propias y altos índices de investigación. Cuando los servía, iba a echar el cuento a la mesa ¨.

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Su hospitalidad y el famoso menú de degustación (muy novedoso para la época) atrajo a presidentes de la república, empresarios, artistas, ejecutivos, novios y amigos. ¨Todos se quitaban el saco y la corbata, los almuerzos eran de 12:00 m. a 11:30 p. m.¨.

En todo Medellín se hablaba de Casa Molina. “Pero me fui a pescar por el mundo y cometí el error de dejar el negocio con un letrero de ‘Me fui a pescar’ o cargo de otras personas. La gente no iba si yo no estaba y las ventas se cayeron. Después de 17 años me tocó cerrar”.

 

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De ahí se fue para el Mall Indiana, en Las Palmas, pero la historia fue otra. ¨Monté un restaurante con un estilo más tradicional, ya no a puerta cerrada, y aunque estuve enfrente del fogón y salía conversar con los comensales, no era lo mismo¨.

A pocos meses de cumplir un cuarto de siglo, Casa Molina cerró sus puertas de manera definitiva, ante las dificultades que vive el sector gastronómico por cuenta del coronavirus.

Álvaro está tranquilo, se siente ¨livianito¨, pues piensa que esto va para largo y él no es de los que se queda dentro del barco mirando cómo se hunde. Por lo pronto, seguirá desde la cocina de su casa creando platos, investigando, dictando clases, enalteciendo la comida colombiana y vendiendo chicharrones a domicilio.

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Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co

Fecha

Mayo 25, 2020

Categoría

El Poblado, Emprendedores, Gente

Tags

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