El espanto de la Casa Amarilla en Laureles que no dejó en paz a un vigilante

Fantasma en la Casa Amarilla de Laureles, Medellín

El espanto de la Casa Amarilla en Laureles que no dejó en paz a un vigilante

La casa ubicada en la esquina de la avenida Nutibara con circular 76, conocida popularmente por los habitantes de Laureles como la Casa Amarilla tiene sus misterios. Antes de que llegara Asocomunal a ocupar el lugar, varios vecinos aseguran que en algunas habitaciones ocurren hechos inexplicables.

Así era la casa cuando funcionaba la funeraria Betancur. Foto: archivo.

Esta vivienda que pertenecía a la familia del empresario, Carlos Alberto Uribe Rendón, fue vendida a una vecina que la arrendó a los dueños de la Funeraria Betancur. Durante mucho tiempo permaneció en este lugar su sede administrativa y bodega para guardar los cajones de madera donde descansaban los difuntos, hasta que les pidieron la casa porque iban a venderla.

Amparo Gaviria, vecina que lleva viviendo 42 años en la comuna 11 y que trabajó con la familia Uribe Rendón, cuenta que durante una de sus caminatas, en el año 2012, escuchó el relato más escalofriante que ha vivido una persona en se lugar.

“Desde las 5:30 a.m. me despertaba a caminar por toda la avenida Nutibara hasta el sector de Bulerías y allí fue cuando vi al vigilante de la casa sentado, afuera de las escalas, en un pequeño butaco. Me pareció extraño verlo sentado ahí, solo, le pregunté qué estaba haciendo, y solo me contestó que estaba cuidando la casa, pero que no iba a resistir mucho tiempo“, aseguró Amparo Gaviria.

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El hombre tenía una mirada distraída, estaba perdido en el tiempo como si hubiera visto un fantasma. Decía con voz entrecortada “en esta casa espantan mucho“.

Un lugar que luego de que la funeraria Betancur se marchara perdió su brillo y durante varios años permaneció sola y descuidada. Aparte del robo del cableado eléctrico, los plafones y la presencia de habitantes de calle que se metían a consumir droga, había una presencia maligna que custodiaba la casa.

El vigilante en medio de su angustia contó que “cuando llegué a mi turno a las 6:00 p.m. iba a abrir la puerta cuando de pronto sentí que se cayeron un montón de vasos y platos de la cocina, de inmediato pensé que se habían entrado los ladrones. Sin embargo, cuando llegué hasta el lugar no había absolutamente nadie y el ruido ya se había ido“.

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Según Amparo Gaviria, la persona que cuidaba la casa para que no sufriera actos vandálicos sufrió durante varias noches porque al parecer había algo que odiaba la presencia del vigilante en el lugar.

El celador, en medio de su miedo, dijo que “me cambiaban las emisoras en una vieja grabadora que tenía para pasar la noche, era común que la señal se fuera de repente. Una vez llevé un horno para calentar mi comida y mientras estaba esperando para sacar el plato sentí a alguien detrás de mí y una voz que susurraba la palabra fuera“.

Esta es la cocina donde el vigilante vivió el hecho paranormal. Foto: archivo.

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De inmediato, el hombre salió de la casa y se dirigió al frente donde está ubicado un centro de idiomas. Allí trabajaba un amigo, el cual pensaba era el responsable de aquel susurro. “Solo le dije que dejara de asustarme. No me da miedo, pero es mejor respetar ese tipo de cosas de las que nadie sabe”, comentó el cuidador.

Él regresó de nuevo a la casa para comerse lo que había calentado en el horno de la cocina. El ruido que había escuchado anteriormente le generó intranquilidad y por eso sacó un banquito para sentarse afuera de la puerta principal, quería ver los carros pasar y no quería permanecer en la casa.

Mientras caminaba por el pasillo nuevamente sintió a alguien detrás de su espalda que lo empujó con fuerza hacia la puerta de la salida.

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En medio del agobio del cuidador, Amparo Gaviria le recomendó hacer una limpieza para sacar las malas energías del lugar.

“Le dije que echara agua bendita por toda la casa o que buscara la bendición de un padre, para que estas presencias dejaran de atormentarlo. Después de lo que me contó a mí me da pánico entrar a esa casa, ni siquiera después de que Asocomunal tomara la casa en 2013 y la remodelaran”, aseguró la vecina.

El interior de la casa antes de su renovación. Foto: archivo.

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Por su parte, Ángela Montoya, que en ese tiempo era vicepresidente de este grupo comunal, aseguró que mientras trabajó en el lugar jamás la espantaron. “Tal vez los ruidos eran en la casa de enseguida que estaba vacía y si llegó a ocurrir algo nunca me di cuenta porque no le tengo miedo a estas cosas, aunque la casa permaneciera abandonada tanto tiempo”, comentó la vecina.

La casa fue remodelada en su totalidad después de que fue comprada por la Alcaldía de Medellín. Ya no queda ningún rastro de la aterradora cocina donde no querían la presencia del vigilante.

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¿Alguna vez lo han espantado? Si usted tiene alguna historia similar que haya vivido en El Poblado, Envigado, Belén o Laureles puede escribirnos a gente@gente.com.co.

Por: Alexis Carrillo Puerta
alexisc@gente.com.co