La emprendedora que le puso oro al chocolate

La emprendedora que le puso oro al chocolate

La transversal 31 sur con 32 D se convirtió en el espacio que combina varios olores: pasamos por la comida de mar en una esquina, la vegana un poco más allá, la tradicional colombiana con las delicias del plátano maduro con queso, un toque de gastronomía china y, como si fuera poco, la inigualable esencia del chocolate.

Así es esta cuadra del barrio La Magnolia en Envigado, una experiencia de la que envigadeños, vecinos y extranjeros comienzan a hablar y, sin duda, recomendar entre su gente. Con tanta opción, hoy escogimos al chocolate como protagonista de esta historia, contada por la vecina Nataly Nicholls, emprendedora y creadora de estos dulces salidos de lo común, unas joyas que deleitan el paladar.

Ensayo-error

Las historias de los emprendedores tienen un factor común: la constante lucha, con disciplina, para lograr el resultado esperado. Y Nataly no fue la excepción. La idea de hacer chocolates se le metió tanto en la cabeza que entendió el mensaje que le estaba dando la vida.

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Su profesión no tiene nada qué ver con su pasión. Es ingeniera biomédica de la Universidad EIA. “Mi esposo es americano y por eso quise buscar un emprendimiento que me diera la posibilidad de crearlo en Medellín y después llevarlo a Estados Unidos para vivir con él. Busqué opciones y llegó a mi mente la idea de hacer chocolates con arte”, explica Nataly.

¿Y con qué se come un chocolate con arte? La mamá de esta emprendedora (María Aidé Urrego), quien se destaca por su talento de pintar bellos cuadros, fue quien influyó a Nataly en aplicar el mundo de los colores al chocolate.

“Viéndola pintar se me prendió el bombillo (risas). Dije que deberíamos mezclar ese arte con los chocolates para regalar, dándole así un factor agregado muy llamativo”, comenta la vecina. Su investigación comenzó y se daba cuenta que el tema no era tan fácil como ella pensaba. En unas clases que recibió de chocolatería, una de sus profesoras le advirtió lo complejo que era el manejo de los chocolates. “Hubo momentos en que me desanimé porque me decían que era un producto que se daña fácilmente… pero no, me fui contra la corriente y conseguí la manera de que este dulce durara más para poderlo comercializar sin problema”.

Videos, lectura, tutoriales en YouTube y demás ayudas sirvieron para que Nataly le cogiera el tiro a su nuevo emprendimiento. “En el día trabajaba en una empresa y en la noche llegaba a mi casa para ponerme a ensayar con los chocolates. Ensayo error, ensayo error, algunas veces me daba y, otras, me querían enloquecer”.

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Después de algunos meses en su improvisado laboratorio, Nataly logró el chocolate que quería. Pero faltaba algo más para darle ese toque fabuloso al producto. (Magno Chocolates, en Instagram: @magnochocolates).

Un brillo especial

El esposo de Nataly le obsequió un libro, del que ella aprendió a darle un brillo especial a sus chocolates. Manteca de cacao y un amor bonito fue esa fusión especial para que el dulce saliera perfecto. Sin embargo, esta empresaria no se quedó contenta con su logro.

¿Chocolates con oro? Sí, ya el bombillo de Nataly no era solo luz, era una joya que brillaba desde su creatividad. “Quise darle un toque elegante y especial a los chocolates para que la gente sorprendiera a los suyos con este detalle. Le aplicamos laminillas de oro de 24 kilates al dulce, convirtiéndolos así en unas joyas para regalar, diferentes a cualquier cosa”.

Así fue, el factor agregado que más caracteriza el emprendimiento de Nataly es el oro que resalta en sus chocolates rellenos de diferentes sabores. “Son gemas de chocolate… y ese es el objetivo. Estos dulces tienen el estatus de joyas”.

Y por esa clasificación es que cualquiera podría pensar (o espantarse) que dichos chocolates tienen un alto costo en el mercado. Estas cajas de chocolates van desde 32 mil pesos hasta los 120 mil, un precio que para Nataly y sus clientes más fieles es asequible para un público de clase media.

“Solo es un toque de oro, una laminilla muy delgada. Obviamente, si los chocolates fueran forrados en oro valdrían mucho más”, comenta la empresaria. El emprendimiento de Nataly fue evolucionando y la presentación de sus chocolates se convirtió en un particular objeto que cuenta historias. “Tenemos cajas inspiradas en la naturaleza de Colombia, con el acordeón, la rana del Chocó, el toro del Carnaval de Barranquilla, el jaguar, las mariposas amarillas de Gabriel García Márquez, entre otros elementos.

También, temas espirituales como el yin yang, con mensajes que invitan al equilibrio mental. Es decir, cada caja cuenta una historia bonita”. Es un aprendizaje que no termina, cualidad que agradecen Nataly y sus colaboradoras, todas mujeres, quienes parecen trabajando en la fábrica de chocolates de Willy Wonca.

“Al principio nos queríamos comer toda la producción (risas). El olor es fascinante y nos divierte mucho trabajar acá… pero ya uno se va acostumbrando a estas delicias”, coinciden estas mujeres.

El olor se esparce por esta cuadra de La Magnolia… y Nataly lo sabe. Los chocolates con arte y oro nacen en este barrio de Envigado, una ciudad que para esta empresaria ha significado el buen camino para sus creaciones. ¿Ya los probó? Son una delicia.

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Por: Daniel González Jaramillo
danielgj@gente.com.co

Fotos: Jaime Pérez

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