En bici la peluquería de don Mario llega a usted

En bici la peluquería de don Mario llega a usted

Primero a pie, luego en bicicleta, pero siempre en la calle. Conozca la historia de este envigadeño que durante 68 años es mucho el pelo que ha cortado.

Yo motilo arriba, abajo, y en el hoyo. Arriba en Sabaneta, abajo en Envigado, en el ‘hoyo de la cría’, allá en La Doctora”. Y con esa frase el pintoresco envigadeño le roba a uno las primeras de muchas sonrisas. Se llama Mario de Jesús Hernández y, como lo reza su barbería en 2 ruedas, es el ‘Peluquero del pueblo’.

Es de los pocos y contados que en el día de su cumpleaños se dan el lujo de celebrar doble: el próximo 28 de agosto, Día del Peluquero en Colombia, don Mario cumple 76 años y todavía pedalea como uno de 26. Montado en su ‘Monark’ del 52 —un clásico caballito de acero que le roba la mirada y le abre la boca a cuanta persona pasa por su lado— llega hasta donde sus clientes para motilarlos o afeitarlos. Así lo ha hecho toda la vida; desde antes de tener 8.

Nacido por los lados de Zúñiga, pasó su infancia, juventud y parte de la adultez en nuestros barrios, siendo Primavera y Las Casitas 2 de los que recuerda con más cariño. Y así, siendo un niño, emprendió el camino que no está dispuesto a dejar de recorrer. El azar lo ayudó a trazarlo.

Antonio José Hernández, su abuelo, era quien les cortaba el pelo a él y a los de la familia y le quería enseñar a Mario, pero el pequeño agarraba las tijeras (o la máquina), le daba un trasquilón al viejo y salía corriendo, muerto de la risa. Y así se quedó la cosa. Fue hasta que tuvo su segundo trabajo que descubrió el de siempre, y aunque también le hizo gracia, no hubo bromas ni huyó.

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Lavaba buses en Sabaneta y cobraba el pasaje por la puerta de atrás (esto, después de su primer empleo como ayudante en las antiguas escaleras). Trabajaba con unos hermanitos muy pobres, como recuerda, y alguna vez uno, de pelo muy largo, le pidió que lo motilara, aun sin tener con qué le dijo que él compraba la cuchilla. Mario de Jesús, que nunca lo había hecho, terminó convencido, su mamá le prestó sus tijeras de modistería y se demoró una hora en ese primer corte. Tan contento quedó, que no dudó al asegurar que su trabajo era mejor que el de cualquier peluquería.

Su mamá opinó lo mismo y le pidió que a partir de ese momento siguiera con sus 6 hermanos para ahorrarle unos pesos al papá. Cada 8 días los motilaba y a ellos en la escuela les preguntaban quién lo hacía y así fueron recomendando a su hermanito menor. Con sus visitas fueron llegando las de clientes de otros barrios.

La cosa estaba buena, vio que ganaba monedas y arrancó para Sabaneta, donde se le ocurrió peluquear a conductores y alistadores de buses. Hasta el sol de hoy trabaja en esos mismos lugares. Y es que clientes fieles es lo que tiene el señor Hernández, o que lo diga Juan David Ruiz (con él en la foto), que hoy tiene 45 años y fue a los 5 cuando lo motiló por primera vez en el barrio Primavera.

Siempre le hacía un corte con capul, aunque hoy con gracia reconoce que en sus 4 pelos es poco lo que puede inventar, por eso mejor le pide que solo lo afeite.

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Don Mario motiló a pie hasta los 23 años, cuando en el 65 el desgaste en la ropa del lado donde colgaba su maleta llena de herramientas le dijo ya no más. Por sus cortes cobraba entre 20 y 30 centavos de pesos y todos los ahorraba para su futura peluquería ambulante, esa reliquia del 52 que compró en una prendería por 150 pesos y que hoy conserva intacta con unos cuantos lujos añadidos como su fiel radio con música colombiana, una corneta que se hace sentir y una alarma con voz propia.

Además, claro está, de la caja para sus herramientas, que van desde cuchillas y tijeras con 80 a 100 años de antigüedad hasta otras más modernas, máquina eléctrica para quienes prefieran, brochas, toallas, crema de afeitar, desinfectante, agua y la clásica y ya no vista piedra alumbre con formol, para evitar cualquier irritación.

Se niega a la peluquería y a la barbería físicas, lo suyo es recorrer la calle. Trabaja de 9 a. m. hasta las 2 o 3 p. m. visitando bares, cafés, terminales y los lugares de donde lo llamen. Los años no se le notan a este incansable señor, le queda mucho pelo por cortar y él lo afirma: “Soy el papá de los peluqueros de hoy, porque a los de Envigado, Sabaneta e Itagüí yo los motilé. Esta barbería mía, la de mi estilo, se acaba cuando yo me muera. Pese a que hay tanta peluquería, hoy nadie trabaja como yo”.

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Por Luisa Fernanda Angel
luisaan@gente.com.co

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