Jóvenes de Envigado suenan fuerte con La Bampayera

Jóvenes de Envigado suenan fuerte con La Bampayera

Hay que ver las multitudes arrebatadas cuando a ritmo de La Pollera Colorá se baten los cuerpos de un lado a otro mientras los aplausos y silbidos acompañan la atmósfera típica de una fiesta en el barrio. No importa demasiado el motivo, cuando de festejar se trata la música es el maridaje perfecto para bailar y gozar al son de grandes éxitos. Varios jóvenes envigadeños se propusieron armar una agrupación con una propuesta diferente a lo convencional y así nació La Bampayera, lo mejor de una banda y una papayera.

En la semana mayor es habitual escuchar canciones religiosas o de alabanza, pero fue un 27 de marzo de 2018 cuando estos músicos sonaron por primera vez en el Parque Biblioteca Débora Arango, llenando de sabor y folclor a los asistentes del evento.

Si bien el formato de papayera consiste en interpretar melodías en las verbenas y fiestas de pueblo, el brass band o banda de viento-metal es un conjunto que a menudo incluye una sección de percusión, por ende, ellos adoptaron estos dos elementos y decidieron abarcar géneros como el pop, jazz, cumbia, fandango, ska, reggaeton, raspa, reggae, merengue, salsa y bachata, entre otros.

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Julián Martínez Orozco, director general y tubista, relató que sus primeros escenarios fueron casas de amigos y familiares en donde les abrieron las puertas y poco a poco pudieron acceder a otros espacios como la ciclovía, varios colegios y algunos centros comerciales entre los cuales se destacan Oviedo, Unicentro y La Central. “Participamos en un intercambio cultural en Sincelejo y en el Encuentro del Músico Envigadeño, así como en convocatorias de la Gobernación de Antioquia”.

El recorrido de La Bampayera acumula varios kilómetros con toques en Támesis, Titiribí, Santa Fe de Antioquia, La Estrella, Caldas, Amagá, Venecia, Copabana y Girardota, lugares en donde se han visto cautivados por la manera de hacer música distinta de estos jóvenes, pues según Juan Esteban Laverde, saxofonista y compositor, su puesta en escena que propone 10 músicos tocando sin atriles e interactuando con el público genera una conexión especial.

Cuando la pandemia por Covid-19 revolcó la cotidianidad sus instrumentos no dejaron de sonar. “Esta situación fue un muy buen reto que nos ayudó a trasladarnos a espacios digitales y aunque fue complejo coordinar la logística aprendimos el valor del trabajo en equipo”, explicó Valentina Salcedo, community manager de La Bampayera.

La diversidad de este grupo hace que los más experimentados acompañen y complementen a los músicos novatos, un equilibrio que permite que todos se echen una mano. Algunos son de la Universidad de Antioquia, otros de la Fundación Universitaria Bellas Artes y por supuesto, de la Débora Arango.

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Para las sesiones de composición el ‘parche’ es reunirse en la casa de Julián, pedir pizza y amanecer con una guitarra en la mano evaluando la armonía, probando varias propuestas e improvisando de tal modo que la inspiración no se les escape como el viento.

Laverde mencionó que lo más desafiante es agrupar la fusión de sonidos y hacer que suene distinto, que si resulta un ska con cumbia o un fandango con reggaeton a la gente le guste y no parezca forzado. Por lo anterior, la organización de estos jóvenes se distribuye en subgrupos de dirección musical, puesta en escena y gestión de presentaciones.

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Tienen muy claro que la agrupación no fue pensada solo para hacer dinero, su objetivo es llegar a componer, tener música propia y convertirse en un referente a nivel nacional e internacional. Para el percusionista José  Marín Sabogal, el valor agregado está en unir el formato folclórico con el brass band, dos polos diferentes que se vuelven uno solo dándole un giro a lo que tradicionalmente es escuchado.

El poder de la música

El pasado mes de diciembre de 2021 participaron en un evento en donde la homenajeada era una señora que estaba muy enferma. “Tenía depresión, llevaba seis meses sin pararse de la cama y además estaba enferma. Como antes había sido cantante y le gustaba nuestra música nos contrataron…”, afirmó Martínez.

Al cabo de varios temas interpretados la señora disfrutó tanto el show que buscó el modo de que la pudieran parar y mientras la sostenían movía los brazos y gozaba agradecida por aquella inyección de vida. Aquel instante lo describen como algo hermoso, un recuerdo que quedará grabado para siempre en su historia.

De manera inevitable se han enfrentado a todo tipo de público y hasta Juan Esteban asumió el rol de meterse entre las personas, bailar, animar el ambiente y hacer que aquellos que no se paran de la mesa por sentir pena rompan el hielo y se unan a la celebración. Si el reto es convencer a la gente de gozar su herramienta infalible ha sido ser coloquiales.

 

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También recuerdan cuando fueron invitados al cumpleaños de Don Santander, un señor de más de 100 años que los sorpredió con su entusiasmo y se bailó la fiesta completa. “La energía que le transmitimos a las personas y el amor por el arte los estimula de muchas formas”, mencionó Juan Esteban.

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A pesar de contar con un repertorio de casi tres horas en escena, coinciden en que las personas siempre piden éxitos como Carmen de Bolívar, Salsipuedes, La vamo’a tumba, Colombia tierra querida, El Mapalé, Cumbia Cienaguera, Cariñito, Limoncito con ron y Tabaco y ron, entre otras.

Quieren seguir sacando la cara por Envigado pero exigen más apoyo, todos pertenecen al municipio y no les han permitido tocar en ningún espacio fijo, cuando lo hacían en la calle Espacio Público los retiraba y no cuentan con un sitio óptimo para ensayar o componer, todo lo que han logrado ha sido con las uñas pero nada de eso los desmotiva.

Sueñan con vivir de la música y velar por la ‘Ciudad Señorial’, cuna de talentos y grandes artistas.

Por Michelle Acevedo Vélez
michellea@gente.com.co

Fotos Camilo Suárez y cortesía.