Bailarín de ballet hace hasta lo imposible por bailar en Miami

Bailarín de ballet hace hasta lo imposible por bailar en Miami

Juan Guillermo Arango Villa siempre soñó con ser futbolista. Y aunque su talento y disciplina no le sirvieron para ser convocado por un equipo, esas mismas aptitudes fueron las que lo llevaron a Miami (Estados Unidos) a bailar en una compañía de ballet.

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Estaba en tercero de primaria cuando unos profesores de la Academia Andrea Wolff Ballet llegaron a su colegio a ofrecer becas. No sabía nada sobre esa danza, “lo único que pensaba que tenía claro era que el ballet era para mujeres”.

Sin embargo, un compañero lo retó: “Hagamos una apuesta y gana el que más dure”. Ambos pasaron la primera audición, la diferencia fue que Juan sí volvió.

“Se convirtió en mi escapatoria a las drogas, los muchachos de la esquina, el ocio, la maldad, las situaciones difíciles en la casa, la necesidad de dinero, el hambre”… Caminaba una hora, de ida y de regreso, para asistir a las clases y mantenerse ocupado.

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Llevaba 4 años danzando cuando en 2010 tuvo la oportunidad de viajar a Estados Unidos y participar en un curso de verano.

“Lavé muchos carros, mientras que mi mamá hacía rifas, arepas y lasaña para conseguir el dinero de los pasajes. Los dueños de la academia también se metieron la mano al bolsillo y me ayudaron a recaudar otras donaciones”.

El viaje valió la pena. De su cabeza aún no se borra la imagen del maestro Renato Penteado parado en frente, vestido con ropa deportiva, haciendo una variación de un minuto.

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“Realizó los mismos pasos que todos sabíamos hacer, en el mismo orden, con la misma música. Pero esa pureza de cada movimiento se convirtió en mi razón de ser”.

Este vecino de El Poblado se empeñó en que el ballet era su presente y su futuro. En el camino se le presentaron varios obstáculos, como un cáncer que atacó a su mamá. Sin embargo, después de superar todas esas afugias, regresó a Estados Unidos.

Participó en los cursos de verano de 2012, 2014, 2015 y 2016, hasta que en ese último año recibió una beca para formarse como bailarín profesional en la escuela de la compañía Miami City Ballet.

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En medio de la pandemia, recién graduado y mientras que recibía respuestas positivas de alguna audición, Juan volvió Colombia, por suerte hace un par de meses lo llamaron de Ballet Pensacola para contratarlo como bailarín principal.

Pero no todo es color de rosa. “Se supone que el 7 de septiembre comienzo a trabajar en la compañía, sin embargo, como ellos no pueden pagar mi visa en esta ocasión, estoy lavando baños para conseguir 2.350 dolares antes del 30 de agosto, todavía me falta la mitad. A veces pienso que la vida me pone una vez más a elegir entre sobrevivir o bailar”.

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Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co

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