La casa maldita que existió en Castropol

Historia de terror en una casa de El Poblado, Medellín

La casa maldita que existió en Castropol

Es uno de los temas que Carolina* (*nombre cambiado por petición de la fuente) no quisiera recordar nunca, pero sacó valentía y le relató a Gente sobre aquellos episodios que se vivían en aquella casa, que en la década de los 80 se ubicaba en el barrio Castropol de El Poblado. Como una historia sacada de la película ‘El Conjuro’, esta familia conformada por padre, madre y sus 5 hijos, no podían creer que allí habitaba una presencia que los marcaría para siempre.

Así lucía la casa de los Arango en la década de los 80. Foto: cortesía

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Noches de terror

“Mis padres remodelaron la casa e hicieron una habitación en el sótano que quedaba exactamente debajo del cuarto de ellos. Allí dormíamos mi hermanita y yo”, relata Carolina*, en aquellos años una niña que entraba a la adolescencia. Todo era unión y amor en familia, hasta que algo comenzó a interrumpir esta armonía.

“Mi hermana y yo teníamos la costumbre de todas las noches sacar la ropa del colegio que nos íbamos a poner al siguiente día. La dejábamos sobre una mesita que había en el vestier y nos acostábamos a dormir”. La noche, que parecía serena y normal, dejaba un rastro de espanto en las madrugadas.

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“La ropa interior que dejábamos allí amanecía totalmente orinada y el olor era terrible. Eso sucedía noche tras noche y llegamos a pensar que se trataba de algún animal”. Pero a ese “algo” no le bastó con solo ensuciar estas prendas. Las manifestaciones se hacían mucho más evidentes. “Las luces se prendían solas, el secador de pelo se encendía sin ninguna razón… las puertas se abrían y se cerraban. Digamos que, en cierta forma, aprendimos a convivir con el tema”.

Sin saber qué era lo que ocurría en su casa, la familia Arango continuó su vida hasta que… “Más grandecita, tendría yo unos 23 años, comencé a sentir que en las noches me quitaban la cobija y me presionaban el pecho y el cuello. No quise prestarle mucha atención hasta que llegó el susto de mi vida… me cogieron los pies y me sacaron de la cama, me tiraron al suelo. Desde ese día yo no dormía, ni de día ni de noche”.

La opción fue llamar a un sacerdote para que bendijera la casa. “También puse ruda debajo de la cama y se mermaron mucho esos episodios, eran de vez en cuando”.  Carolina* creció, se casó y dejó el hogar de sus padres. “Cierto día, una conocida de la familia llevó a una santera cubana que llegó a la casa de mis papás para otro tema. Entró a la habitación donde yo dormía y de una preguntó: ‘¿Quién dormía en esta habitación’? Le dijeron que era yo quien estaba en ese cuarto”.

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La conclusión de la santera, sin conocer la historia, fue la siguiente: “Hay un espíritu de un hombre en este espacio. Él se enamoró profundamente de Carolina*, y por eso la molestaba tanto”. Después de algunos rezos, aquel espíritu salió de la casa para no molestar a nadie más. “Ya nunca me volvió a pasar nada, pero sí tengo cierto respeto por esos temas. Me gustan las historias de terror, pero con cierto sustico (risas)”.

Ella asegura que a veces pasa por esos lados y recuerda dicha casa, que ya fue demolida hace unos años para construir un edificio de apartamentos. “Ya todo está muy tranquilo y no me volvió a pasar nada, ahora solo es un recuerdo que asusta un poco, pero no más”, finaliza Carolina*.

¿Alguna vez lo han espantado? Si usted, señor lector, tiene alguna historia similar que haya vivido en nuestros sectores: El Poblado, Envigado, Belén o Laureles, puede escribirnos a gente@gente.com.co.

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Por Daniel González Jaramillo
danielgj@gente.com.co