El coaching transformó su vida

El coaching transformó su vida

El coaching transformó su vida

Gracias a los cambios que vivió durante su proceso de formación, esta vecina se dedica a llevar un mensaje de bienestar.

 

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Esa necesidad de ser la mejor en sus roles de profesional, madre, esposa e hija le generaba a Adriana Sierra un vacío en el corazón. Siempre pensó, influenciada por las opiniones de los demás, “que tenía que cambiar para ser aceptada” hasta que acabó con esas etiquetas. El coaching de transformación la liberó. Y lo mejor es que está dispuesta a compartirlo.

Según Adriana, cuando por fin lo tenía todo, ella se sentía sin nada: “Había hecho 2 carreras (Administración de Empresas Turísticas y Administración de Negocios), había trabajado como independiente, tenía una familia sólida y ahora estaba dedicada de lleno a mi hogar. Sin embargo, creía que nadie me valoraba, no le encontraba un propósito a vivir”.

Por fortuna, en medio de la desesperación (porque además uno de sus hijos había perdido el año escolar), un amigo le aconsejó que se formara como coach, así invertía el tiempo libre, mientras generaba un ingreso económico adicional. Lo que no se esperaba era que ese curso sería su salvación.

En el International Coaching Group comenzó a estudiar Coaching en Programación Neurolingüística, pero en medio de la práctica su mentora, Karen Vega, le habló del Coaching de Transformación, un proceso basado en los 3 principios de la experiencia humana (consciencia, pensamiento y mente universal), que no se apoya en técnicas ni metodologías, sino que se vale de los recursos que cada persona tiene en su interior para encontrar respuestas. Lo único que necesitaba era curiosidad.

“Eso llamó mucho mi atención, así que me cambié de curso. Cuando exploré el coaching de transformación no fueron las palabras de mi mentora las que hicieron efecto en mí, fue más bien encontrar mi propia sabiduría y entender que, a pesar de cualquier situación, yo estaba bien, que tenía un bienestar innato y no había nada que me dañara”.

Por años, asegura, vivió llena de etiquetas: “Adriana es malgeniada”, “Adriana es triste”, “Adriana no se entiende con nadie”. Y se las creyó tanto, que desde pequeña buscó cómo agradarle a la gente, “hasta que comprendí que yo no soy el rol de madre, de esposa o de administradora, yo soy mucho más grande que eso y en ese instante dejé de estar en guerra conmigo misma y con los demás”.

Desde hace 3 años esta vecina lleva una vida tranquila, de gozo y mayores niveles de bienestar. Abrió una empresa de coaching para ayudar a las personas a “elevar su consciencia, a que sean felices, tengan claridad y compasión y encuentren su verdadera identidad; para que desenreden sus problemas y vivan la vida que es posible para ellos”.

Pero ese conocimiento no se podía quedar en un consultorio y para unos cuantos, por eso se acercó a la Fundación Proyecto Mujer y a la ONG Teléfono de la Esperanza, donde hace charlas y capacitaciones como voluntaria, “para que las personas vulneradas o que tienen conflictos internos sepan que no hay nada roto en ellas”.

Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co

Fecha

Mayo 23, 2019

Categoría

El Poblado, Gente, Vecinos

Tags

coaching, el poblado, Medellín, neurolinguistica, vecina