Luego de 25 años, Casa Molina cierra sus puertas

Luego de 25 años, Casa Molina cierra sus puertas

Luego de 25 años, Casa Molina cierra sus puertas

Abrí a Casa Molina hace casi 25 años con un modelo operativo novedoso en ese momento, a puerta cerrada, con reservaciones, platos para compartir que se ponían en medio de la mesa para que cada uno se sirviera y menús de los que ahora llaman tiempos o momentos, que tenían entre 6 y 18 platos según las circunstancias.

 

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Antes de un par de años, el negocio alcanzó su punto de equilibrio y de alguna manera se hizo popular debido a los personajes que nos empezaron a visitar.

Cada mes sagradamente, los segundos jueves, recibí por 17 años al grupo Tertulia compuesto por los dirigentes más importantes de Antioquia que se quitaban la corbata y “arreglaban el país” durante almuerzos que duraban unas 10 horas o más.

Casi siempre tenían algún invitado de alto turmequé como el presidente de la república, los gobernadores, alcaldes, ministros, presidentes de gremios, empresarios extranjeros, artistas, en fin, algo que sin deslumbrarme me educó en la hospitalidad.

Compartía mis actividades culinarias con las de guía e instructor de pesca deportiva por lo cual varias veces al año cerraba las puertas para irme a pescar. Muchos mitos y leyendas se tejieron alrededor de lo que pasaba detrás de la puerta de esa casa sencilla pero acogedora y fresca en Manila.

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Como negocio con vocación corporativa, después de 17 años sucumbí ante la dificultad de cobrar la cartera de gran parte de los clientes que pedían que les mandara la cuenta, algunos incluso que hasta el día de hoy nunca pagaron.

Por irme de pesca, descuidé el negocio y en medio de unas dificultades temporales tomé la peor decisión de mi vida que fue cambiarme de local y de sistema.

Por supuesto en el centro comercial el negocio perdió su esencia y de lo que era la “casa” no quedó nada. El día que cerré las puertas en Manila terminé en medio de la calle con un aneurisma cerebral que me tuvo casi una hora del otro lado y casi un mes hospitalizado, pero pude abrir 4 meses después en el alto de Las Palmas. Ya nunca fue lo mismo.

Esta semana, a pocos meses de cumplir los 25 abriles, Casa Molina cerró sus puertas, casi seguro de manera definitiva, al menos en Medellín, ante las dificultades que vive el mundo y muy particularmente el sector de la hospitalidad. Gracias a Dios, los cocineros nos quedamos sin local, pero no sin oficio y hasta hoy a pesar de varios meses de cuarentena no he parado ni un solo día.

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Jamás en los casi 30 años que llevo escribiendo en varios medios mencioné a Casa Molina por obvias razones, pero lo hago hoy, con la única intención de que de pronto estas palabras le puedan servir a tantos colegas que van montados en el mismo barco del que yo me bajé, apenas empezando la tormenta.

El sector por mucho tiempo no volverá a ser el mismo, después de la peste china. Como un miembro más del sector gastronómico, ni mejor ni peor, pero probablemente mayor que muchos, aprovecho este espacio para compartir mis puntos de vista de lo que se viene y de lo que podemos hacer y no deberíamos.

No todas las propuestas gastronómicas se adaptan al domicilio o al take out, es momento para crear nuevos platos y presentaciones.

Cada día que pase, el precio será más importante como factor de decisión de compra. Debemos entender que toda la humanidad está a la expectativa y la incertidumbre hace que ahorre instintivamente, por eso es importante la comida para compartir, el combo, el paquete y la picada. La venta tradicional de entrada fuerte y postre cada vez será más dura. Las cartas largas ya no serán viables. Dedíquese a lo que mejor hace y por lo que los clientes van a su negocio.

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Es necesario atender todas las normas y protocolos de sanidad, para cumplir las normas y sobre todo por cuidar la salud de las personas.

En este momento se vale soñar con los pies en la tierra y tener en cuenta que las expectativas de ventas no dejan de ser una ilusión, mientras los costos son una realidad. Nadie se quiebra por lo que piensa vender, pero sí por las cuentas por pagar.

Antes de hacer inversiones o gastos, debe procurar ponerse al día con la nómina, los proveedores y las obligaciones legales, de lo contrario será difícil sobrevivir y dormir. Recuerde que toda la gente que le ha servido con lealtad por muchos años está en las mismas que usted y también tiene hijos que alimentar.

Sentarse a esperar ayuda del gobierno poco le servirá, el sentido común y de humanidad dice que hay miles, millones de personas que seguramente necesitan más urgente ayuda para comer y techo para dormir.

Debe sentarse a negociar con los arrendatarios, proveedores y empresas domiciliarias, hay varias nuevas de emprendedores sensacionales dispuestos a apoyarlo. Todos tenemos que ceder, asumir pérdidas y responsabilidades. Echarles la culpa a terceros de nada vale ante el cliente, todo lo que suceda será por sus decisiones.

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Debemos aprovechar cada minuto para crear. Copiar no va a hacer otra cosa que hundirnos a todos. Cuando diseñe experiencias nunca olvide que lo que hace que la gente vuelva a pedir es un excelente sabor y una cantidad justa que corresponda al precio.

Trabaje con dignidad. Advierta que las entregas pueden tener algunos inconvenientes y por ningún motivo permite que insulten o traten mal a su personal. Ya es suficiente con las dificultades que estamos viviendo. Nunca olvide que el cliente tiene la razón hasta que la pierde.

No tome más pedidos de los que puede atender. No se le olvide que en nuestra cultura el elogio se multiplica por 2 y la crítica por 50. Cada pedido será una oportunidad para que pueda salir adelante.

Es mortal pedirle consejos a todo el mundo. Pídales ayuda a sus colegas. La humildad es excelente herramienta. El colegaje es la única forma que le permitirá pedir auxilio. Ahogarse solo es muy triste.

Somos un país de luchadores. De esta salimos adelante, pero si tiene que cerrar hágalo con la certeza de que trató de hacer las cosas bien.

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Por Álvaro Molina Villegas
molinacocina@gmail.com