Hace 60 años comenzó a brillar El Dorado

Hace 60 años comenzó a brillar El Dorado

Hace 60 años comenzó a brillar El Dorado

El barrio El Dorado, de Envigado, que quedaba en las afueras hoy es uno de los más centrales y tranquilos del municipio. Con historias los vecinos celebran su aniversario.

Una caravana con música, bailes e historias rompió con el silencio del barrio El Dorado en la mañana del sábado 23 de noviembre. El motivo fue la celebración de los 60 años de este barrio icónico de Envigado.

Una chirimía ambientó el recorrido organizado por la Junta de Acción Comunal y en cada calle mencionaron los apellidos de esas primeras familias que en 1959 llegaron a habitar la antigua finca La Toro.

Una de ellas fue la familia Zapata Posada, que venía del barrio Sevilla en Medellín. Margarita, la mayor de los 4 hijos de Gerardo Zapata y Gabriela Posada, recuerda que sus padres les rogaban a los santos para tener una casa propia.

El 28 de octubre, día de San Judas, se enteraron de que el Instituto de Crédito Territorial les había asignado un nuevo hogar. Don Gerardo visitó el sector y no lo consideró bueno para vivir: quedaba al lado de la quebrada La Mina, al lado del cementerio y las calles eran un lodazal amarillo.

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Pero a Gabriela le encantó, al verla pensó que esa era la casa por la que tanto habían orado. Cuando llegaron a habitar el barrio, Margarita tenía 8 años y ya vivían en la zona don Manuel Bernal y don Eugenio Ospina. Entre noviembre y diciembre el barrio empezó a poblarse.

Esa primera etapa (entre las carreras 43 y 42) se denominó El Mango, por un árbol de esa fruta que sobresalía en el paisaje y que después se convirtió en punto de encuentro. Cuenta Margarita que todas las casas eran iguales: tenían sala comedor, 3 habitaciones y 1 baño; piso con baldosas verdes, techos de eternit, antejardín y solar grande.

La mayoría de los habitantes venían de otros municipios porque, según dice Margarita, los de Envigado creían que ese barrio estaba muy lejos. Quedaba en un alto y para ir al parque había que descender hasta el cauce natural de La Mina y volver a subir por una pendiente alta.

Carlos Gaviria, historiador de la Dirección de Cultura, cuenta que entre las décadas de los 50 y 60 las empresas de Envigado estaban en una época de expansión y bonanza económica, “aprovechando una visita que hubo del entonces presidente Gustavo Rojas Pinilla, unos personajes destacados del municipio se entrevistaron con él y le mostraron la necesidad de construir casas para obreros. Le hablaron de la finca La Toro, que era muy grande y estaba en venta”.

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El presidente gestionó $ 200.000 pesos desde el Gobierno central para el proyecto y el encargado de manejarlos fue el Instituto de Crédito Territorial. Si salían favorecidas, las familias debían pagar $ 3000 de cuota inicial. El costo total de cada casa ascendía aproximadamente a $ 17.000.

“A los 2 o 3 años las primeras familias sintieron la necesidad de cambiarle el nombre al barrio, porque pensaban que no le hacía honor a lo que se estaba viviendo allí. Hicieron concursos y eligieron El Dorado, porque para ellos fue llegar a ese paraíso, y también para agradecerle al presidente Rojas Pinilla, que en ese momento estaba construyendo el aeropuerto El Dorado, en Bogotá”, cuenta el historiador.

La segunda etapa de viviendas se conoció como El Bolsillo y, según Gaviria, es la que está en la parte de atrás de la cancha. La tercera se edificó junto al predio donde hoy se encuentra la escuela Jhon F. Kennedy. “Había como 165 casas y uno se conocía con todo el mundo, más rico”, dice la fundadora Margarita Zapata.

Ella recuerda que los niños de la cuadra salían a saltar lazo y a jugar chucha y esperaban a que llegara un vecino que manejaba un bus de El Poblado, para que los llevara a dar vueltas por el barrio.

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Lo mismo pasó cuando don Julio Serna consiguió su Pontiac 58, el primer carro en El Dorado. Acomodaba allí al tumulto de muchachitos para llevarlos a conocer sitios como la plaza de mercado en Guayaquil o el aeropuerto.

Margarita recuerda también los primeros teléfonos del barrio, que fueron el de don Eugenio Ospina y el de las Villada, parecían públicos porque allí llegaban los vecinos a recibir y hacer sus llamadas.

Desde sus inicios El Dorado fue un barrio unido. Los vecinos se juntaron para hacer labores de ornato y mejoras básicas. Uno de sus proyectos más importantes fue la construcción de la parroquia San Rafael, que comenzó como una ramada a unas cuadras de la sede actual.

Para el historiador Gaviria este barrio “es la demostración de que con el trabajo honesto y con el ahorro se puede lograr un cambio positivo en la vida”, porque para tener sus casas los fundadores debían cumplir varias condiciones: pagar sus cuotas puntualmente, no subarrendar, no hacer ningún cambio hasta cancelar la deuda, tener la casa en buen estado y no venderla.

Todavía quedan algunas edificaciones originales, pero muchas otras han dado lugar a edificios o locales comerciales. Margarita no se va, porque este es el barrio en el que se crió: “Es como un arraigo, una cosa con las raíces”, dice ella y agrega que uno de los aspectos que mejoraría del barrio es el sentido de pertenencia.

Precisamente con el propósito de recordar y unir, la Jac de El Dorado organizó eventos para celebrar los 60 años del barrio. Además del desfile, ha habido actividades deportivas, una muestra de fotos antiguas y juegos tradicionales.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co