Zoica, la perrita más pinchada de Belén

Zoica, la perrita más pinchada de Belén

Zoica, la perrita más pinchada de Belén

La consentida mascota de Ramón Rodgers es famosa en las calles de Belén (Medellín) por sus atuendos y coches. Esta es su historia.

 

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Todos los días, antes de salir a pasear con su mascota, Ramón Rodgers evalúa el clima para decidir si le pone un vestido abrigado o más bien uno vaporoso; prepara el coche que le mandaron sus tías de Estados Unidos y una patineta que tiene adaptados ventiladores, luces, reproductor de fotos y un MP3 con 300 canciones en las que está incluida esa de Paloma San Basilio que define su relación: “Juntos, 1 día entre 2, parece mucho más que 1 día”.

Al llegar al parque biblioteca de Belén algunas personas los miran con curiosidad y hay quienes sacan sus celulares para tomar fotos o se acercan para halagar y hacer preguntas. Don Ramón los recibe con alegría y les hace una que otra broma porque, como dice, la misión de Zoica es hacer sonreír la gente.

Este vecino de San Bernardo conoció a su mascota en la plaza Minorista hace 13 años y 8 meses. Había ido a comprar una máquina de moler y se antojó de visitar la zona donde venden gallinas. En esas se encontró una jaula en la que había 10 perros y en un rincón estaba esa negrita achantada, llena de secreciones.

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“Yo pregunté: ‘Hermano, ¿cuánto vale aquella chanda?’, y me dijo: ‘Vale $ 75.000’”, cuenta Ramón, pero él cuestionó al vendedor por el estado del animal y le dijo que le daba $ 25.000. La llevó a su casa deshidratada, desnutrida, con sarna en un ojo, garrapatas y hasta gusanos.

Le hizo masajes en los huesos, le hablaba, jugaba con ella y le daba cuido con leche hasta que le cambió la dieta por mozarella con pechuga de pollo. Ese platillo le gustó tanto que lo comió durante 9 meses y de allí en adelante cambió al menú actual que involucra atún, sardina, chicharrón e hígado molido.

A lo largo de sus 63 años de vida, Rodgers ha tenido muchos hobbies, porque cree firmemente que el conocimiento es lo único que no le pueden quitar a uno. Cuenta que se graduó de Medicina en la Universidad de Antioquia y vivió unos 15 años en Estados Unidos con su familia materna, hasta que murió su abuela. Allí no solo trabajó como mesero, mensajero y en grabación de eventos, sino que también se empeñó en aprender astrología, que es a lo que se dedica actualmente en Medellín.

Hace un par de años se encontró un catálogo de telas en el piso y a partir de allí fabricó el cojín que adecuó sobre la patineta de Zoica y se le ocurrió la idea de comprar una máquina de coser para adaptar los atuendos de su mascota, tanto los que le mandaba su familia del exterior, como los que él mismo elaboraba con materiales reciclados.

Zoica tiene 10 vestidos, 2 impermeables, 5 abrigos para el frío y ni qué decir del número de juguetes. En su coche anda con 2 peluches, un helado de plástico y bolso rosado de flores, en el que carga su cédula.

El coche también tiene un tubo para insertar la sombrilla y está forrado en botones con fotos de ella, además tiene una serie de bolsillos (algunos adaptados por Ramón) en los que el dueño guarda la cámara, un trípode (por si quiere tomarse una foto con su mascota), portacomidas con cuido y jugo y un termo de café.

Allí también almacena dulces para darles a los que se acerquen a preguntar por la perrita, unas gafas de sol para él y otras para ella con las que, dice, parecen 2 espías rusos. Sobre un recipiente transparente carga un cronómetro para saber cuánto tiempo llevan paseando y dentro hay un huevo de plástico, con el que hace uno de los trucos para sorprender al que se acerca.

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Pero tal vez lo más llamativo es la patineta en que se moviliza Zoica, adaptada con una bandeja de platos y un soporte para que pueda sentarse cómodamente. Cada que sale a caminar Ramón escanea el piso en busca de otro elemento que pueda añadirle al vehículo.

Así encontró, por ejemplo, un teclado al que le sacó las letras para marcar la patineta y el CD al que le adaptó un motor para que girara todo el tiempo. Ha sido un trabajo de casi 1 año y, si falla algún elemento electrónico, Ramón no lo bota al instante, sino que lo desbarata para ver qué le sirve.

Zoica se ha vuelto tan protagonista en la vida de este vecino que, según dice, cuando llaman sus familiares de Estados Unidos lo primero que hacen es preguntar por ella. Aunque Ramón llegó a hacer shows hasta de 15 trucos con su perrita en el parque de Belén y en los cerros Nutibara y El Volador, su intención no era explotarla económicamente, sino divertirse y divertir a otros.

Y trata de no pensar en cómo será el momento en que su compañera muera, hasta dice que en algún momento consideró embalsamarla. “La vida mía va a dar un giro. Mi pensado es enterrarla, porque la materia de ella se va a convertir en abono o energía para otros organismos”, comenta Ramón y ojalá sembrar allí un árbol frutal, “así el día que me coma un mango diga que ahí tiene que haber algo de Zoica”.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente@gente.com.co