Su mascota también puede hacer yoga

Su mascota también puede hacer yoga

Su mascota también puede hacer yoga

Esta disciplina dejó de ser exclusiva para las personas, ahora los animales también la realizan. La profesora Sheina nos cuenta de qué se tratan las clases.

Candy, una cocker spaniel color miel, y Sheina Melissa Vélez, su dueña, son la encargadas de dirigir las clases de yoga. En las sesiones, la cachorra y los demás perros, todos en compañía de sus amos, baten la cola, ponen las patitas arriba y descubren su panza a la espera de una caricia. La idea es que las personas compartan los ejercicios de relajación con sus mascotas y se ayuden mutuamente a alcanzar un estado de sanación, conexión y tranquilidad.

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Aunque Sheina enfocó sus estudios profesionales en la fisioterapia, con el tiempo entendió que tanto seres humanos como mascotas necesitaban una ayuda extra, así que dedicó sus días a enseñar yoga combinándolo con la misteriosa energía que brindan los seres de 4 patas. Candy fue su inspiración, pues ella le mostró que tenía el don para ayudarle en las clases de yoga. Así fue como le abrió espacio al doga, que consiste en adaptar la práctica de esta técnica de relajación a la compañía de nuestro amigo fiel.

“No es hacer piruetas con el perro. Es masajear y manipular suavemente a nuestros peludos. Lo recomendable para esta actividad de 1 hora y 20 minutos es realizar la serie de Rishikesh, que son las 12 posturas básicas del yoga especiales para trabajar los músculos, la flexibilidad, la rehabilitación y el movimiento. A medida de que se desarrolla la clase, se indica qué parte del cuerpo del perro se debe tocar. Este ejercicio no solo beneficia a los seres humanos, sino que les ayuda a los caninos más viejitos a recuperar el movimiento”.

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De igual forma, para los enamorados de los felinos, también hay yoga con gatos. “La gente viene a mi casa y yo traigo mininos rescatados. Mientras que nosotros estamos estirando y nos concentramos en las posturas, los animales más curiosos comienzan a observar, a jugar, a trepar o a meterse debajo del mat. De hecho, al final hacemos 15 minutos de meditación pintando mandalas de gatos”. El propósito, además de reforzar la terapia, es que los yoguis se acerquen a una organización animalista para llevarse a casa un amor gatuno.

Asimismo, Sheina asegura que practicar yoga con la presencia de mascotas es ideal para tener más tranquilidad y conseguir armonía, equilibrio y trascendencia. “Hay una energía que solo tienen los animales y esta es una ayuda mutua, porque se genera una empatía. La presencia del gato te da lecciones sobre la aceptación. Incluso hay quienes dejan de lado la serie y prefieren sentarse a acariciarlos. Todo el mundo debería atreverse a vivirlo”.

Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co