“Yo fui el acólito del papa Juan Pablo II”

"Yo fui el acólito del papa Juan Pablo II"

“Yo fui el acólito del papa Juan Pablo II”

El padre Luis Gabriel, párroco de San Lucas, habla de su encuentro con el sumo pontífice en 1986 y sus expectativas con el actual.

Cuando el papa Juan Pablo II descendió del helicóptero, el entonces acólito Luis Gabriel cruzó con él un par de palabras, lo acompañó a la sacristía, lo ayudó a revestir y salieron juntos a celebrar la santa misa en el aeropuerto Olaya Herrera. Para el joven de 26 años era todo un honor estar a su lado para ayudarlo, más aún cuando sus compañeros seminaristas, quienes ya estaban listos ese día para recibir el sacramento, estaban bastante lejos. Él, que apenas terminaba su proceso de formación, tenía la fortuna de compartir el altar con el sucesor del príncipe de los apóstoles.

Antes de querer ser sacerdote, Luis Gabriel Botero sintió el llamado que Dios le hizo para conocerlo. Tenía 16 años cuando tuvo una experiencia espiritual muy profunda y, a partir de ese encuentro personal, quiso amar más a Jesús. Nunca imaginó que ese amor lo llevaría a liderar una parroquia, pues aunque al terminar el bachillerato estaba inquieto por profundizar más en la fe, no sentía el llamado a la vida sacerdotal.

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“Empecé a estudiar Teología en la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), hice 4 años y eran 6. Mi relación con los jóvenes era muy bella, pero no estaba seguro, así que para despejar dudas quise entrar al Seminario a conocerlo. Terminé y no tenía todavía el proceso vocacional para recibir el sacramento”, cuenta y asegura que su pregunta constante era si el Señor lo estaba llamando hasta que, de a poquito y sin afanes, lo enviaron a la parroquia Santa Teresita y allí recibió el diaconado. Con este nombramiento se dio cuenta de que su relación con la Iglesia era algo serio y decidió dedicarle su vida a Dios.

El 23 de septiembre 1987 se ordenó como sacerdote; 4 días después ocurrió la tragedia de Villatina, un deslizamiento de tierra que sepultó a más de 500 personas y más de 2 centenares quedaron desaparecidas. Al día siguiente, el padre Luis Gabriel, que pertenecía al Equipo de la Misión, ya estaba atendiendo los albergues en los que estaban los sobrevivientes, allá estuvo hasta diciembre, y en enero el obispo creyó pertinente nombrarlo párroco de ese sector porque ya había compartido bastante tiempo con la comunidad.

Un año después se fue para San Cayetano como secretario del vicario episcopal de la zona nororiental y luego pasó a la parroquia San Ignacio Mártir, donde tuvo que salir por motivos de seguridad.

Me mandaron 2 años para Roma a estudiar Teología Pastoral. Allá tuve también la oportunidad de asistir a la eucaristía de san Juan Pablo II en su capilla privada, esa fue la segunda vez que compartí con él. Con el papa Francisco no he tenido un acercamiento, sin embargo, me parece maravilloso que el pastor venga al país, porque el hecho de que sea el tercero que nos visite significa que la Iglesia colombiana está en el corazón del Vaticano por el número de católicos que tenemos, por la cantidad de vocaciones que producimos”.
Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co