Vivero municipal se va de El Poblado

Vivero municipal se va de El Poblado

Vivero municipal se va de El Poblado

La institución, creada en 1940, volvería al occidente de la ciudad. Aunque se tiene previsto trasladarlo, la Alcaldía no reveló la fecha.

Yarumos, palmas, nonis, nazarenos, guayacanes, habanos, huesitos, chirimoyos y decenas de especies más dejarán Castropol. Con su salida la pregunta sobre la permanencia del vivero municipal en la comuna 14 por fin tuvo respuesta: será trasladado.

Así lo confirmó la Secretaría de Infraestructura Física de Medellín. Mediante un correo electrónico, la entidad informó que “la Oficina de Planeación de la Sif tiene planeado establecer el nuevo vivero municipal en la vereda La Buga, del corregimiento de Altavista“.

La comunicación añade que el predio adonde será trasladado el vivero está a cargo de la Secretaría de Medio Ambiente, que “los recursos ya están destinados (300 millones de pesos) y se construirá gracias a un convenio con la Edu”.

La decisión de mover el vivero obedece a que el predio donde actualmente está ubicado (en la calle 17 con la carrera 40B, en el barrio Castrool) “fue vendido por la administración anterior como parte del pago del predio en donde se construyó la nueva sede de Telemedellín”.

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De Belencito a Castropol
El vivero fue creado por el Acuerdo número 38 de 1940, en la colonia de mendigos, de Belencito. Allí contaba con 15 cuadras, donde también había cría de aves y cerdos. Desde su fundación se estableció que su función era la “la arborización de las vías públicas, intensificación de la producción frutal y de la floricultura y se autorizó al alcalde para tomar las medidas que eviten la destrucción de las especies arbóreas y el empobrecimiento del suelo”.

Esta entidad adscrita a la Secretaria de Infraestructura Física es la encargada de adelantar las labores de arborización y paisajismo en el territorio de la ciudad mediante la producción de árboles, plantas de jardín y arbustos. Además, es el responsable del mantenimiento de zonas verdes públicas con cuadrillas de podas, talas y siembras.

Contrario a lo que ocurre con los viveros comerciales, en este se donan plántulas y se presta asesoría para la siembra de jardines y árboles en los espacios públicos de la ciudad.

Allí se siembran 54 especies de jardín (entre ellas anturios, aves del paraíso, azucenas, erikas, durantas, limoncillos y lirios, entre otras) y 85 especies arbustivas y arbóreas (como carboneros, cedros, ceibas, corales, ébanos, jacarés y mangos) para la siembra en zonas verdes.

Después de funcionar por décadas en Belencito, la institución pasó a un lote de 28.000 m2 donde había 60 eras para la producción de material vegetal y abonos. En 2002, tras negociaciones con EPM, el Municipio entregó el lote donde venía funcionando el vivero y este fue trasladado a Castropol, a la sede de 7839 m2 donde está ahora.

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Oposición al traslado
La decisión de la Alcaldía frustra las intenciones de algunos grupos de vecinos que esperan que se construya allí una sede social para la comunidad.

Conchita Vélez de Montoya es una de las líderes comunitarias que ha manifestado su creciente interés por que este inmueble sirva para los clubes de vida y juntas de acción comunal que no tienen instalaciones para realizar sus actividades.

Pero los vecinos no son los únicos que tienen dudas sobre el traslado y futura destinación del lote en el que está el vivero. Sergio Ardila Uribe, miembro de la junta directiva del Sindicato de Trabajadores y Empleados del Municipio de Medellín, indicó que tras considerar las posibilidades de trasladarlo al cerro El Volador y La Frontera, la Alcaldía había decidido llevar el vivero al corregimiento de Altavista.

José Fernando Álvarez, integrante de la Mesa Ambiental de El Poblado, dijo que los habitantes de La Frontera esperaban que el vivero se llevara a su barrio. De esta manera, se consolidaría en este sector limítrofe con Envigado un parque de las dimensiones e importancia del recientemente inaugurado La Guayacana, por la loma El Esmeraldal.

Ardila Uribe expresó que los trabajadores de su sindicato se oponen a cualquier traslado, porque ello implica un golpe para el futuro del vivero. Llevarlo a ese corregimiento significa “la muerte del vivero”, ya que los clientes potenciales (personas o empresas que deseen hacer siembras en las zonas verdes públicas) dejarían de ir por su lejanía, sostuvo el sindicalista.

A juicio de Ardila, lo que hace falta es voluntad política para que la Alcaldía y EPM se pongan de acuerdo sobre el futuro de este vivero, para que no esté fuera de su ubicación actual.
Álex Esteban Martínez Henao
alexm@gente.com.co