En carro llegaron desde Belén hasta Alaska

En carro llegaron desde Belén hasta Alaska

En carro llegaron desde Belén hasta Alaska

Él es ingeniero de sistemas, y ella, abogada. Los 2 se embarcaron en la aventura de recorrer el continente americano. Así les fue.

El 12 ha sido un número especial para Miguel Cano y Eliana Quintero. En esa fecha se volvieron novios, también se casaron y un día como ese, en febrero de 2017, comenzaron una travesía desde Belén Las Playas hasta Alaska en su Chevrolet Carry modelo 2012.

El objetivo de estos vecinos era conectar el continente de punta a punta, porque ya en 2014 habían llegado hasta el extremo sur de América, en Ushuaia (Argentina), un sitio también conocido como el fin del mundo. Ese primer periplo duró 6 meses y desde que volvieron a Medellín supieron que debían viajar de nuevo.

Comenzaron a ahorrar y a preparar el viaje. Empacaron cosas en el carro hasta la madrugada del día pactado para la salida: mercado, cobijas, almohadas, ropa para el frío y hasta una mesa de camping sugerida por la mamá, “por si acaso”. Pero en el camino fueron alivianando la carga.

Los 2 momentos más difíciles del viaje, según dice Eliana, fueron la entrada y la salida del país. El carro lo embarcaron en un contenedor desde Cartagena hasta Panamá y en ese trámite, que esperaban adelantar en 1 semana, se tardaron 1 mes.

Lo bueno fue que en cada uno de los 10 países que visitaron hubo alguna familia que les abrió las puertas para ofrecerles comida, baños o alojamiento (muchas de ellas colombianas). Ya sea porque tenían parientes, conocidos o amigos, referidos o solo curiosos que se acercaron a su carro y simpatizaron con su historia.

A diferencia del viaje al sur del continente, donde tenían un cronograma específico y más apretado, esta vez Miguel y Eliana fueron flexibles con el tiempo. Aunque se pusieron la meta de pasar 1 mes en cada país hubo lugares donde extendieron la estadía. En Panamá, por ejemplo, pasaron 2 meses y conocieron lugares que van mucho más allá del canal o las compras, como ríos, cañones, la isla Iguana (allí vieron por primera vez una tortuga marina) y la misma provincia Yaviza, donde está el límite con Colombia en la selva del Darién.

Paisajes de bosque y mar
La abundancia de fauna en Costa Rica los sorprendió. Allí agotaron la mayoría de sus provisiones, porque todo era más costoso, y abrieron la venta de café colombiano, obleas y accesorios para conseguir dinero.

De Nicaragua no teníamos ninguna expectativa, pero es un país hermoso, tiene muchas cosas para mostrar, lástima que a la bajada vimos la tensión con el asunto político”, comenta Eliana.

Además de conocer el volcán Masaya, asistieron a la temporada de desove de la tortuga paslama y apoyaron la labor de una fundación que protege los huevos de la cacería. “Me quedé hasta las 3:30 a.m. ayudando y habían alcanzado a llegar más de 500 tortugas”, cuenta Miguel.

En julio pasaron por Honduras, y esa visita también fue para romper estigmas porque, a pesar de todo lo que escucharon sobre el riesgo por los maras, se encontraron maravillas naturales como la segunda barrera de coral más grande del mundo, donde Miguel hizo el curso de buceo.

En El Salvador tuvieron la primera falla mecánica: un daño en el radiador, pero el primer mecánico que encontraron les dio la solución y superada la angustia pasaron al asombro de las ruinas arqueológicas de la Joya del Cerén, donde se puede apreciar la cotidianidad de un pueblo maya.

Si hoy se le pregunta a esta pareja cuál fue el país que más le gustó, no duda en decir que Guatemala, porque siente que es como ver “todo Centroamérica en 1”. Además allí vivieron la experiencia única de emprender una exigente caminata para escalar el volcán Acatenango y ver la erupción del Volcán de Fuego en el amanecer.

Aunque el mal clima en Belice no les permitió disfrutar el mar, en las playas de México tuvieron tiempo para el desquite. Allí pasaron la primera Navidad lejos de casa; el 24 de diciembre con una amiga, y el 31, en un asado con un grupo de 30 viajeros.

Durante 1 mes y medio vendieron sus productos en Tulum y encargaron a Colombia unas mochilas wayúu que fueron todo un éxito. Con las ganancias consiguieron lo necesario para ir a Estados Unidos.

Pasaron por Texas, asistieron al famoso festival Mardi Grass, en Nueva Orleans, y tuvieron una estancia de 2 meses en Miami, mientras tramitaban la visa canadiense. La ruta continuó por la costa este hasta Nueva York y todos se asombran al escuchar que en la gran ciudad sobrevivieron por 2 semanas con 50 dólares, en parte porque estaban atentos a todos los planes gratis.

Después de su paso por varios de los parques nacionales marcaron el de Yellowstone como uno de sus favoritos. Pero no solo allí vieron animales silvestres, porque en las vías avistaron osos y bisontes.

En Canadá tuvieron la oportunidad de trabajar en un encuentro llamado Fusion Fest. La tarea de Miguel era sacar los corazones de las piñas, y Eliana colaboraba en todo lo que pudiera. Allá mismo les dieron información sobre un trabajo como recolectores de arándanos, al que se dedicaron durante 1 semana.

No fue fácil, porque la posición para coger los frutos hacía doler la cintura, pero salieron de allí con dinero y la motivación para cruzar a Alaska. Su sueño, como el de muchos otros viajeros, era ver las auroras boreales, y para lograrlo Miguel y Eliana hicieron algo que evitan durante sus viajes, que fue devolverse por la misma ruta desde Fairbanks hasta Anchorage, en un recorrido de casi 8 horas para observar el fenómeno natural. Valió la pena.

Aunque la luna llena por poco lo oculta, pudieron disfrutar la observación esa y otras noches.

Después comenzó una carrera de huida del invierno, pues su vehículo no estaba preparado para la nieve. La meta era estar en Panamá el 5 de diciembre, para compartir contenedor con otros viajeros. Llegaron a Belén el 22 de diciembre y aquí los esperaba la familia con natilla, buñuelos y picada.

Volvieron con la satisfacción de haber cumplido su sueño y con la idea en mente de planear su viaje por Europa.

Por Jessicca Serna Sierra
jessicas@gente.com.co