Vecinos que vigilan la calidad del aire en Belén

Vecinos que vigilan la calidad del aire en Belén

Vecinos que vigilan la calidad del aire en Belén

Hace un par de años 6 habitantes de la comuna 16 acogieron en sus casas sensores para medir la calidad del aire. Este año se sumarán otros 9.


En 2015 llegó a la casa de Luisa Fernanda Gómez una nube que cambió su percepción sobre la contaminación del aire y también su forma de movilizarse. Se trata de un sensor capaz de entregar datos en tiempo real sobre el PM 2,5 y el PM 10 (material particulado dañino para la salud) presentes en el aire, además de otras variables como temperatura, presión atmosférica y humedad relativa.

El de Luisa fue uno de los 100 dispositivos instalados ese año en el Valle de Aburrá con el programa Ciudadanos Científicos, que lideran el Siata (Sistema de Alerta Temprana del Valle de Aburrá) y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá. En Belén se ubicaron 6 y este año habrá 9 más, para un total de 150 en la región metropolitana.

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El propósito del programa, según las entidades encargadas, es densificar la red de monitoreo de calidad del aire, que hasta el momento cuenta con 3 estaciones de tráfico y 18 poblacionales, además, tener evidencia de qué tanto varían los datos en los diferentes rincones de la región.

Luisa, por ejemplo, vive en La Mota y cuenta que los momentos críticos en los que su sensor mostró Índice de Calidad del Aire (Ica) de color rojo, es decir, dañino para la salud, fue cuando se presentaron los incendios del cerro de Las Tres Cruces y el del Manzanillo.

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La vecina cuenta que se animó a tener una nube en su casa porque lo vio como una forma de aportar al conocimiento sobre la calidad del aire y también como una manera de incentivar la conciencia ambiental en su hijo de 12 años. Desde que la instalaron, en su casa comenzaron a hacer un uso más racional de la moto y el carro; solo los usan si van con el cupo lleno.

Algo similar ocurrió en el hogar de Margarita Torres (en la foto), habitante de La Gloria, quien dice que decidió inscribirse a la convocatoria porque en su casa convive con personas de la tercera edad y niños pequeños, que se consideran poblaciones sensibles. Es frecuente observar la nube de su sector en color naranja (dañino para grupos sensibles) y ha observado que cuando tiran pólvora, por ejemplo, tiende a subir el índice de contaminación, lo mismo que en las horas pico, porque la carrera 82B suele servir como desvío alterno para evitar la 80.

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Aunque en la cotidianidad Margarita se dedica a su profesión de trabajadora social y abogada, dice que el conocimiento de estas variables ambientales le ha parecido interesante por la relación que guardan con la salud. “Uno a veces piensa que con salir a trotar va a respirar aire puro, pero muchas veces puede ser hasta peor”, señala la vecina y añade que además ha sido valioso comprender conceptos como las condiciones atmosféricas que hacen que los gases contaminantes se concentren en el valle.

Para Margarita, una muestra de esa conciencia es que en su familia los trayectos más cortos ahora suelen hacerse caminando o en bus, si no están cargando paquetes. Sobre la problemática del aire, ella opina que falta normativa que obligue a que las empresas sean más rigurosas con sus emisiones y también para que los ciudadanos hagan un mantenimiento adecuado a sus vehículos.

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Entre los nuevos ciudadanos científicos de Belén está Juan Camilo Franco, un ingeniero de telecomunicaciones que conoció de este programa por redes sociales y decidió sumarse porque vio en él una forma de aportar: “Me gusta que mida específicamente el aire de mi sector (La Palma), entonces si quiero salir, por ejemplo, a Las Tres Cruces, puedo verificar antes para decidir si voy o no”.

El 27 de febrero, por ejemplo, la nube de Juan Camilo permaneció en Ica rojo; mostró un pico de casi 140 microgramos de PM 2,5 por metro cúbico a las 11:00 a.m. y otro de 100 mg/m³ a la 1:30 p.m. Cabe anotar que la norma diaria es de 50 mg/m³. En las otras 6 nubes activas de Belén ese día el Ica se mantuvo en categoría moderada.

Por Jessica Serna Sierra
Jessicas@gente.com.co