Vecinos del segundo parque de Laureles piden silencio

Vecinos del segundo parque de Laureles piden silencio

Vecinos del segundo parque de Laureles piden silencio

La realización de un festival de música electrónica en un local de la zona atizó la tensión por los usos del suelo que confluyen en ese sector de Laureles (Medellín).

El uso del suelo que estipula el Pot para las zonas de Laureles volvió a ser motivo de desacuerdos entre vecinos: fuertes reacciones entre los habitantes de la zona aledaña al segundo parque de Laureles generó la realización del festival de música electrónica The Get-Together, que tuvo lugar en La Casa Redonda el pasado 3 de noviembre.

Sobre las 11 de la noche, Sergio Velásquez Restrepo, habitante de un edificio de la zona, escribió a Gente un mensaje en el que expresó que “la manigua del comercio de bares, restaurantes y de otros antros se ha tomado el sector aledaño a segundo parque de Laureles”.

En su comunicación, el vecino comparó la situación que el sector estaba viviendo con una pelea de boxeo entre varios contrincantes “que se disputan el mejor género musical” y señaló que en medio de la pelea se encontraban “una casa de monjas, una residencia y 4 edificios con alrededor de 100 apartamentos”.

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Velásquez Restrepo relacionó a la Policía como el árbitro de la metafórica pelea, “a quien se invitó a través el 123 y el fajín del Código Nacional de Policía y Convivencia”.

Velásquez admitió que él mismo se presentó personalmente en La Casa Redonda para cuestionar el volumen de la música a esa hora de la noche. Según contó, allí le informaron que “la Inspección de Policía citó a los administradores del establecimiento a una reunión el próximo martes”. No obstante, añadió, “los vecinos quedaron defraudados, pues el ruido siguió“.

Hay un perdedor hasta el momento: los casi 100 apartamentos que no tiene tranquilidad”, manifestó.

El vecino concluyó su mensaje señalando que los habitantes de Laureles “quedan a merced de esa manigua sin control que acaba con la tranquilidad de lo que otrora fue un buen barrio, pero que la alcabala ambiciosa del Municipio, por recibir unos ingresos más de impuestos, y ojalá no otros emolumentos non sanctos por otros caminos, sacrifica el uso residencial por el uso comercial de este bello barrio”.

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Por su parte, Gloria Molina, también habitante del sector, expresó que “qué pena, qué lástima que quienes están encargados de las decisiones de la ciudad no les importa nada la tranquilidad de la gente. El ruido es una expresión de violencia y de irrespeto al derecho humano al descanso y la tranquilidad. Además estos restaurantes, bares y lugares similares, traen un mundo de asuntos perjudiciales para toda la comunidad”.

Efectivamente, en 3 oportunidades los patrulleros del cuadrante, perteneciente a la Estación de Policía Laureles, visitaron La Casa Redonda en la noche del 3 de noviembre, acudiendo al llamado de los vecinos por el volumen de la música durante el festival The Get-Together.

Sin embargo, según explicaron los uniformados a la administración de La Casa Redonda, no suspendieron el evento porque no incumplía los requerimientos legales y el volumen de la música no excedía los límites establecidos según el uso del suelo.

Y es que tal vez lo que agrava el conflicto es que la Alcaldía de Medellín definió en el Plan de Ordenamiento Territorial que las manzanas que rodean la avenida Nutibara y la carrera 76, vías que desembocan en el segundo parque de Laureles, como corredores de alta intensidad, mientras que otras 3 manzanas aledañas al parque son consideradas dentro de la zona de predominancia residencial.

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Juana Restrepo, directora de La Casa Redonda, explicó al respecto que el festival “lo empezamos a planear hace 2 meses, nos ofrecieron ser la primera sede para el evento en Medellín, luego de exitosas ediciones en Bogotá. Nos pareció que un festival de música era una buena idea, sabíamos que con la electrónica hay gente que tiene sus diferentes percepciones, pero como nosotros tenemos una oferta tan amplia, no nos limitamos”.

Sobre el volumen de la música y el horario, Restrepo afirmó que “en todo lo que llevamos operando sabíamos las capacidades de horario que teníamos, entonces el festival también buscaba desligar la música electrónica de un ambiente de solo fiesta nocturna, de gente medio rara, para volverlo un festival desde por la tarde. A nosotros la Policía nos había autorizado hasta las 12 de la noche y punto final. Basándonos en que teníamos el permiso, dijimos: ‘Vamos con música hasta las 11:45’”.

Añadió la directora que tras el llamado de los vecinos, los policías acudieron, pero “no midieron con sonómetro, sino que en todas las ocasiones que vinieron yo les pedí que no se fueran sin indicarme a qué volumen debía continuar la música. Vinieron a las 6 de la tarde, y a las 7 y las 10 de la noche. Subieron y todo a la terraza a verificar que todo estuviera en orden“.

Finalmente Restrepo lamentó la situación y expresó que este incidente servirá para definir qué tipo de agenda se puede proponer o no en el establecimiento.

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Por Sergio Andrés Correa
sergioco@gente.com.co