Así es montar en bicicleta en El Poblado

Así es montar en bicicleta en El Poblado

Así es montar en bicicleta en El Poblado

Le hicimos caso al éxito de Carlos Vives y Shakira y nos montamos en la bicicleta. Más allá de unos pequeños sustos podríamos afirmar que los demás conductores son respetuosos.


Todas las mañanas la ciudad despierta para padecer la pesadilla del tráfico. Algunos lo hacen en transporte público y otros lo sufren en sus carros, pero una cifra cada vez más grande lo hace en bicicleta. Por ello, quise probar cómo es el tráfico cuando no se tiene más defensa que las habilidades propias y una bicicleta.

Como la topografía de nuestro barrio es un tanto agreste para quienes no tienen las condiciones de un Rigoberto Urán o un Nairo Quintana, opté por una bicicleta eléctrica. Para ello, me dirigí a Juan Felipe Ocampo, quien lideró el recorrido que hicimos junto con Susana Urrego a bordo de 3 bicicletas Andantte.

Antes de iniciar el recorrido, Juan Felipe y Susana revisan la presión de las llantas y el estado general de las bicicletas. Tras un visto bueno de los conocedores y preparados con nuestros cascos, salimos de Casa Teatro en Santa María de los Ángeles.

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La mañana del jueves nos ofreció una avenida Las Vegas relativamente despejada, con un primer obstáculo a pocos metros de la partida: la glorieta de La Aguacatala. Allí, Ocampo encabezó la maniobra, facilitada por una baja afluencia vehicular.

Pese a que no estábamos en una vía congestionada, algunos vehículos sí pasaron por debajo de los 1.5 metros de distancia que recomienda la legislación para los sobrepasos. Un “buñuelo” como yo sintió más cerca de lo necesario los buses de Sabaneta que pasaron a la izquierda de la caravana de ciclistas.

Los nervios, que nunca desaparecieron del todo, se fueron aminorando ante las instrucciones de Juan Felipe. A la altura de la calle 5, giramos a la derecha para buscar un ascenso menos congestionado para el Parque de El Poblado. Luego, tomamos la izquierda hacia la carrera 45. En esa esquina, un taxista nos rebasó y dio la curva con una velocidad y respeto cuestionables. Ocampo, quien había señalado el giro con antelación, atinó a decirnos a Susana y a mí “hay unos que no entienden”.

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A la hora de iniciar el ascenso por la calle 6 hacia Astorga, Juan Felipe nos advirtió de ponerle un cambio más suave a las bicicletas e incrementar la asistencia, de forma tal que no tuviéramos que hacer mucha fuerza en la pendiente. (Mi cuerpo hace que no se necesite mucho para advertir que no soy Rigo, Nairo o quienquiera que se suba a una bicicleta con frecuencia para emprender un ascenso, por pequeño que sea).

Gracias al motor de la bicicleta, no fue necesario aplicar mucha fuerza sobre los pedales, por lo que la variable potencia pudo salir de la ecuación en la que se sumaba la atención a los otros vehículos y la ruta.

En el parque de Astorga y luego de evitar un carro cuyo conductor que dudó más de qué era seguro para nosotros, si cedernos o no el paso (teníamos la vía), tomamos la calle 8. Allí un conductor nos retuvo por unos cuantos segundos así como a una fila más de vehículos. Continuamos por la avenida El Poblado hacia el sur. El taco cuasipermanente entre el Parque de El Poblado y Oviedo nos dio la oportunidad para pasar entre 2 hileras estáticas de vehículos. Un mensajero que pasaba en moto zigzagueando de un carril a otro refunfuñó cuando nos vio: “¡qué gente pa’ si estorba, home!”

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Pese a ello, seguimos avanzando hasta que Juan Felipe se encontró con Daniel Monsalve. Él es uno de los conversos a la bicicleta. Cuenta que viajaba todos los días entre El Dorado, en Envigado, y su oficina ubicada en inmediaciones de San Fernando Plaza en bus. Cuenta que en los días buenos, podía demorarse 40 minutos, pero en los malos podía llegar hasta la hora.

Un viaje a Europa por estudio lo convenció de los beneficios de moverse en bicicleta. Después de echarle cabeza, se compró una eléctrica y, ahora, se demora 15 minutos yendo a su trabajo y 23 volviendo a casa.

Un caso similar es el de José Andrés Cano Benjumea, gerente de control financiero en un banco de la ciudad. Él se había movilizado en bici desde antes de salir del país, pero fue una maestría que cursó en Inglaterra la que lo convenció de la importancia de desplazarse en este medio. A su retorno, se dio cuenta que “estaba perdiendo 2 horas de mi vida diarias”. Ese cambio le significó un ahorro importante ya que en su bicicleta se tarda cerca de 20 minutos entre su casa y su hogar.

Como ellos hay muchos que han cambiado. Según el mismo Cano Benjumea, aunque la ciudad no ha cambiado su actitud frente a los ciclistas, (“uno siente el peligro”, afirma) sí ha podido ver que en el banco en el que trabaja se pasó de 40 bicicletas a más de 100 en el parqueadero.

Nuestro recorrido continúa desviándonos por la calle 15 sur hacia el edificio Mónaco. Salvo uno que otro motociclista imprudente o un carro (o bus, con mayor frecuencia) que no respeta la distancia respecto al ciclista, llegamos 40 minutos después de iniciado el recorrido a Casa Teatro.

Susana concluye diciendo que si antes no se montaba en una bicicleta “ni loca”, ahora lo disfruta. Justo como lo disfruté yo.

Álex Esteban Martínez
alexm@gente.com.co