Estas son las últimas casas de La Mota

Estas son las últimas casas de La Mota

Estas son las últimas casas de La Mota

En la calle 1, entre carreras 77A y 76A, se encuentran las únicas edificaciones de La Mota que no son parte de urbanizaciones cerradas. Esta es su historia.

Hace 50 años Luis Carlos Porras salió del barrio Cristo Rey para vivir en un lote de la parte trasera del Club El Rodeo, en compañía de su esposa y 8 hijos. El predio era una herencia de Pedro Antonio Porras Gómez, su padre, y él fue el primer hijo en tomar posesión. Inicialmente se establecieron en un rancho hecho de zinc y plástico, mientras iban sacando material de La Guayabala para construir su casa.

Fue un trabajo duro al que le puso el hombro toda la familia. Cuando los más pequeños salían de clase, en el colegio Antonio Ricaurte, se desacaloraban e iban a ayudarles a sus padres a sacar arena y piedras de la quebrada.

Así lo recuerda Estella, una de las hijas que aún reside en el hogar de la carrera 76A con calle 1, donde más tarde construyó también el tío Manuel Salvador y la prima María Bertha Lina, quien le compró al tío Pedro Antonio por $ 20.000.

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Aunque en los mapas de la Alcaldía sus casas figuran como parte del barrio La Mota, tanto María Bertha como Estella dicen que se sienten de Belén Rincón. De hecho, hace 3 años las pasaron de estrato 2 a 4, Bertha pidió una nueva revisión y la pasaron a 3, pero el hogar paterno de Estella aún sigue en la misma categoría.

De su infancia en el sector Estella recuerda el caño El Rincón, que pasaba por el frente de la casa, el tejar que quedaba donde hoy se encuentra la placa polideportiva, las lagunas y potreros que se fueron urbanizando de a poco y los corronchos, que eran una especie de peces que encontraban debajo de las piedras de la quebrada y que lavaban con ceniza para luego freírlos y comérselos.

“Aunque nos dicen que pertenecemos a la Mota, a mí me preguntan en un taxi adónde me llevan y digo que a El Rincón”, comenta Estella y añade que, aunque sus hijos hicieron la primera comunión en Santa Juana de Arco (parroquia de La Mota), en el momento de bautizar a su nieta les dijeron que debían hacerlo en la de San Bartolomé (iglesia de El Rincón).

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“Es que uno pertenece adonde uno se amañe”, dice la vecina y señala que, aunque le han ofrecido dinero por la casa, no ha habido una propuesta que sea suficiente para dividir entre los hermanos. “Uno no tiene presupuesto para pagar una administración y además en las urbanizaciones limitan para hacer fiestas o entrar gente a la piscina. Esto es lo que los viejos le dejaron a uno”.

Los vecinos de casi 200 años

Cruzando la calle en dirección a Belén Rincón, sobre la carrera 77A, hay una cuadra en la que se aprecian 9 casas rodeadas en la parte posterior por la urbanización Portoalegre, que también figuran en mapas de la Alcaldía como parte La Mota.

Una de las más antiguas es la de la familia Porras Villa, cuyas escrituras datan del año 1818. La vivienda hecha en tapia ha pasado por al menos 4 generaciones de la familia, la última es la de los hijos de don Hugo Porras, 3 de los cuales residen allí actualmente.

“A nosotros nos tocó el proceso de construcción de todo esto, desde la Clínica de las Américas, que eran unas tomateras que llegaban hasta Las Playas”, cuenta Rosalba Porras. Por allí pasaban cada que iban al aeropuerto para ver los aviones. “Mi papá decía que con el tiempo Belén Rincón iba a quedar en un hueco, rodeado de puras urbanizaciones, y así fue. Esos viejos decían la verdad”.

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Dora María Porras, su hermana, recuerda también los baños que se daban en La Guayabala y cuando las volquetas con materiales de construcción comenzaron a transitar por la calle 1, que no estaba asfaltada. “Eso era un polvero impresionante, teníamos que tirar agua todo el tiempo, nos rebelábamos y hacíamos zanjas para que no pasaran, poníamos piedras, puntillas y peleábamos con los volqueteros”, recuerda.

Esa vía, según cuenta Rosalba Porras, antes, cuando venía desde el cuadradero de buses y era una de las más externas de El Rincón, se apodaba El Tuntunal. Por la misma tradición las hermanas dicen que su casa es de Belén Rincón y cuentan entre sus memorias de infancia los sancochos del 6 de enero que se hacían en las lomas donde hoy se encuentra el barrio Rodeo Alto.

De las cosas que más extrañan son las caminatas por la Loma de Los Bernal y las fiestas que podían hacer con música fuerte en alguna ocasión especial, por ejemplo, cuando su hermano, el futbolista Jorge Armando Porras Villa, ganaba algún partido. En varias oportunidades les han ofrecido dinero por la casa, pero no ha habido una oferta que las haya hecho venderla, además ha pesado el cariño hacia el que ha sido su hogar de toda la vida.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co