Si sube a Altavista no tome gaseosa, beba guarapo

Si sube a Altavista no tome gaseosa, beba guarapo

Si sube a Altavista no tome gaseosa, beba guarapo

Con la intención de ser ejemplo de economía autosostenible, Luis Antonio emprendió un trapiche en Altavista (Medellín) para producir guarapo y dulces. Esta es su historia.

La caña de azúcar pega bien en las montañas que rodean Belén, y eso lo sabe don Luis Antonio Romero, un habitante de la comuna 16 que el domingo pasado inauguró el Trapiche Turístico La R., en la vereda El Jardín (El Manzanillo), del corregimiento Altavista.

Conoció el sector hace 4 años, en una de sus salidas a trotar y se antojó de una tierrita en esa zona calmada que, de alguna manera, le recordaba a El Piñal, la vereda ubicada en Puerto Venus (Nariño, Antioquia), donde sus padres lo criaron “a punta de panela y café”.

Cuenta Luis Antonio que gracias a los ahorros de su hija compró un lote de aproximadamente media hectárea y luego de intentar sembrar aguacate, decidió cultivar la misma caña de azúcar que se cosechaba en su tierra natal.

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Trajo unas semillas de su municipio y se dio cuenta de que en Altavista también prosperaban. Entonces se convirtió en proveedor de caña para las personas que venden guarapo en las calles de Medellín y notó que con el comercio de esa bebida podía sostenerse toda una familia.

“Pensé: ‘tengo la caña ahí, también puedo vender guarapito a las personas que pasan y ayudar a una familia’”, relató el vecino. Fue así como invitó a Javier Loaiza y a su hijo, Duván, a trabajar en su finca. El día que los visitamos ambos estaban ensayando la receta de un dulce de panela con coco, empacado en hojas de limón.

Las preparaciones, hasta ahora, son pura experimentación, porque es Luis quien las consulta en internet y luego les da las instrucciones.

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Romero no tuvo que pensar mucho el nombre de su trapiche, porque la inspiración le llegó del pasado. La finca donde creció se llamaba La R, y todo lo que salía de allí se marcaba con ese apellido, incluso el ganado. La máquina la consiguió en una chatarrería, “ya malita”, pero la restauró para llevarla hasta Altavista.

Para don Luis Antonio todo este proceso ha sido como regresar a la niñez, pero advirtió que su propósito no es convertirse en productor de panela, porque viene de una familia con experiencia en ese campo y sabe que ya es difícil emprender de forma artesanal en esta actividad. Más bien le apunta a la producción de bebidas y dulces para los transeúntes.

“Yo quiero que la gente de Altavista vea que por pequeño que sea su terreno puede sembrar y picar caña para vender. No tienen que tener una tienda y surtirla con gaseosas en botellas, pueden poner un trapiche como el mío”, expresó y destacó que el bagazo no se pierde ni contamina, en el caso del Trapiche La R esos residuos se utilizan como leña para el fogón en el que se cocina el extracto de la caña.

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Para Luis Antonio esta es una planta de fácil manejo, de hecho en su terreno ya suma 3 variedades, pero la más dulce sigue siendo la de su tierra, que además no tiene esa pelusa en las hojas que parece cortar las manos. “Es muy rentable, pero es como las orquídeas, sabe quién la quiere y quién no, entonces hay que estar hablándole y mimándola”. Además ha observado que tienen una capacidad para absorber agua que resulta muy útil para predios como el suyo, ubicados en pendiente.

A la inauguración del domingo 28 de julio asistieron unas 80 personas, algunos habitantes de la vereda y otros invitados, incluido un sacerdote que le dio la bendición al proyecto.

El propósito de Romero es que el hábito de pasear por la vía principal de El Jardín, que tiene ingreso detrás del Euro de la Loma de Los Bernal, se vuelva un plan para los habitantes de Belén, tal y como él lo hacía: que suban a caminar, a montar bicicleta o a trotar y bajen tranquilos después de haberse refrescado con un guarapo.

La finca la reconoce fácil, tiene una R grande en la entrada y está justo al lado de una imagen de la Virgen de la Piedra, que Luis Antonio mandó a pintar para agradecerle los favores recibidos.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co