Tiempos de Ocio: Chapeau

Tiempos de Ocio: Chapeau

Lo primero que hice cuando Gente me invitó a hacer esta nota fue bajar la aplicación de “Tulio  Recomienda” para tener una guía de restaurantes confiable ya que volvimos a Medellín hace muy poco, y allí me encontré a Ocio entre los más recomendados, con toda razón.  Gracias a esta guía me di cuenta como ha crecido y mejorado la oferta culinaria local para los sibaritas insaciables como digo yo o comedores y bebedores compulsivos como dice mi mujer.

Ocio encabeza la lista de una serie de restaurantes de autor relativamente nuevos que llegaron para quedarse en el corazón y el paladar de los comensales conocedores,  por su ambiente moderno, atención sobresaliente y cocina notable, creación de la chef Laura Londoño, una mujer llena de talento, alumna laureada del  Instituto Paul Bocuse de Lyon en Francia, con prácticas, pasantías y trabajo reconocido en varios restaurantes famosos de Europa y Australia. Por eso no es raro que conseguir una mesa allí requiera de una reserva previa con bastante anticipación. Según me enteré el sitio fue diseñado por su esposo que la acompaña en esta aventura gastronómica a la altura de cualquier capital importante del mundo.

No me costó ni cinco de trabajo convencer a mi costilla para ir, ya que por supuesto es el sitio perfecto para encontrarse con todas sus amiguitas bilingües del colegio (gallinas viperinas), como efectivamente pasó. Estuvimos 4 parejas a finales de febrero cuando estaban estrenando nueva carta que cambian con frecuencia para complacer a su enorme lista de comensales frecuentes; ir en grupo nos permitió pedir muchos platos para compartir y así comprobar el porqué de su fama abrumadora.

Como es común en restaurantes de este nivel, la especialidad es la cocción lenta de varios de sus platos que de esta manera alcanzan sabores y texturas magníficos.  En cada bocado se hacen evidentes el trabajo profesional y la experiencia la chef Laura, que fusiona con lujo varias tendencias gastronómicas de su bagaje a través de ingredientes frescos, importados muchos, pero  la mayoría de nuestros campesinos, lo que le da mucho más valor a sus creaciones.

La experiencia memorable de principio a fin empezó escogiendo el vino, de la carta de bebidas más completa y mejor estructurada que he conocido desde mi regreso. Nos costó bastante trabajo decidir entre tantas alternativas buenas por lo que mejor nos dejamos recomendar y optamos por un blanco de Napa que maridó de maravilla con la selección de entradas, todas exquisitas.

Advierto que tuve que tomarle fotos a la carta para poder acordarme y describir este regalo para los sentidos que jamás olvidaré: Scallops en grasa de bellota con pistachos y dátiles, langostinos glaseados en confitura de tomates con quinua, pulpo en mantequilla de chiles, ensalada de toronja y chicharrón y sánduche de sobrebarriga. Esta mujer es un genio.

Con el cambio a un magnífico tinto español que no conocía empezaron a llegar los fuertes absolutamente descrestadores: Curry verde de vegetales para la vegana que no puede faltar, salmón con puerros braseados sobre puré de coliflor y trufa (venero las trufas), pernil de cordero envidia de cualquier cardenal, pollo con piel crocante que pedí por curiosidad ya que pollo es lo último en lo que pienso cuando leo una carta pero este declaro que me gustó mucho.

Con el paso a un sauternes de Burdeos sucumbimos de emoción con los postres siendo el favorito de todos el merengón helado de guanábana,  aunque gratamente sorpresivos también fueron las perlas de tapioca con mango compotado, la torta de chocolate que no puede faltar y el alfajor de bananos tempura con ricota y arequipe. Terminamos de cama pero más que satisfechos.

Los precios, en perfecta correspondencia con  la calidad, están entre 20 y $30.000 las entradas, los platos fuertes entre 35 y $45.000 y los postres a unos $14.000 en promedio. Quedamos  listos para volver con la promesa de que vamos a pedir todo lo que nos faltó. Ocio queda en Provenza y cuenta con valet parking.

Chef Laura, me declaro presidente de su club de admiradores. Su restaurante es un orgullo para la ciudad y la profesión. No la pude conocer porque me contaron que se estaba estrenando de mamá, enhorabuena, pero pronto me le presentaré para felicitarla personalmente por sus creaciones. Chapeau.