La paca digestora a la que Silva le dio vida

La paca digestora a la que Silva le dio vida

La paca digestora a la que Silva le dio vida

Un recorrido por el bosque le bastó a Guillermo Silva Pérez para entender que la descomposición de la materia orgánica es un proceso limpio. Fue en 1972, a sus 20 años, cuando pasó un mes atravesando la Serranía de San Lucas y encontró el asombro: la misma naturaleza era capaz de degradar un árbol entero sin emitir malos olores. “La podredumbre, entonces, es un invento de los humanos”, concluyó en ese momento.

Lo rectificó un par de años después, cuando se graduó como tecnólogo forestal de la Universidad Nacional y comenzó a recorrer fincas y viveros donde pudo notar que el método con el que degradaban los restos orgánicos se basaba acelerar el proceso de pudrición, apilándolos y moviéndolos con palas para oxigenarlos. Pero eso lo que hacía finalmente era atraer moscas y producir gases tóxicos; era un trabajo sucio, no como el que hacía la naturaleza.

Debía haber otra manera y este apasionado por el ambiente la encontró después de experimentar pisando pilas de residuos de jardín para liberarlas del oxígeno. En un libro de agricultura urbana encontró que el mejor abono se producía en cúmulos de 1 metro cúbico y sumó ese conocimiento al recuerdo de un corral para disponer residuos, que había observado en la finca de Carolina Evans, en Envigado. Así creó el método de la paca digestora Silva, un proceso que en vez de acelerar la pudrición promueve la fermentación.

Para el procedimiento se necesita 1 kilo de hojarasca o residuos de jardín por cada kilo de restos orgánicos. Se usa un molde de 1 metro cúbico sin base ni techo y se hace un nido de material vegetal en el que se introduce una capa de residuos orgánicos. Encima se echa otra de residuos verdes y se presionan hasta comprimirlos.

Pero difundir su método no ha sido sencillo, pues, aunque lo ha implementado en diferentes espacios, el único soporte académico que tiene es un estudio de alumnos de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia que descubrieron que las pacas se convierten en incubadoras de 78 especies de bichos (encargados de descomponer la materia) y no generan inconvenientes por lixiviados ni gases dañinos como el metano, el amoniaco o el ácido sulfhídrico.

Las pacas se utilizan, entre otros lugares, en el antiguo Preventorio de Belén, donde la Fundación Cultivos de Amor (Fundacuda) procesa 1 tonelada y media cada semana, y adonde asisten niños y jóvenes de diferentes colegios de la ciudad para aprender sobre este método.

Un manejo adecuado de los residuos sólidos podría disminuir considerablemente nuestra huella ambiental, pero estos procesos en la ciudad siguen siendo ínfimos. Según indica el Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos del Área Metropolitana, un 55 % de los desechos que producimos en la región durante 2015 fueron orgánicos y solo aprovechamos el 2 %.

Hablamos con Guillermo Silva Pérez, el vecino que ha dedicado 20 de sus 65 años de vida a promover las pacas digestoras como la solución más limpia a la problemática de residuos.

¿Qué opina del manejo de residuos orgánicos que se hace en la ciudad?
“Es absolutamente desastroso. Para manejar residuos orgánicos se necesita que estén clasificados desde la fuente y por eso la propuesta de separarlos después no es viable, porque una vez están revueltos no hay cómo separarlos. Cuando se clasifiquen en la fuente hay que manejarlos en canecas y llevarlos adonde se puedan procesar en forma limpia, y la más limpia que hay hasta el momento es la paca digestora”.

¿Cómo se relaciona su método con la digestión humana?
“Digestión y fermentación son 2 nombres para el mismo proceso. La descomposición tiene 2 caminos, si se hace con aire hay pudrición y si se hace sin aire hay fermentación o digestión. Hay gente que pregunta si esto es un biodigestor, pero eso es un pleonasmo, la digestión es un proceso biológico en sí mismo”.

¿Por qué siguen siento tan populares esos “métodos sucios”?
“Porque transportar residuos es muy buen negocio, ese es el machete del asunto. En la ciencia se considera que la validación de la propuesta es la publicación, así esta diga un sartal de bobadas, entonces todo lo que se publica se vuelve palabra de Dios. Para mí eso es una ciencia falsa. La ciencia honesta debería concordar con la naturaleza y los residuos orgánicos en la naturaleza no se pudren, se fermentan. Nos cuesta entenderlo porque nuestro proceso educativo anula la capacidad de observación, y aunque la ciencia se mueve con ella, aquí parece que solo se mueve con lecturas”.

¿Qué necesita el sistema de gestión de residuos para evolucionar?
“Una campaña de educación para clasificación de residuos en la fuente. Los orgánicos en el caso de Medellín son cerca del 60 %, mientras ese indicador no se recicle, que se puede reciclar naturalmente, es difícil que la situación cambie. En cuanto a los otros residuos, el máximo reciclable es el 30 %, pero no hemos podido pasar del 12 % del aprovechamiento porque están en una revoltura. Clasificando los orgánicos dejamos libres los reciclables, ese primer paso necesita mucha educación y tiene que darse desde los colegios”.

¿Las nuevas generaciones tendrán la clave para cambiar ese paradigma?
“La tienen. Todos los jóvenes que conocen el proceso de las pacas, por ejemplo, adquieren una visión diferente sobre los residuos. La gente mayor, en cambio, difícilmente lo hace. Nuestra educación genera bloqueos mentales, hay que darles validez a la experiencia, al empirismo… todas las ciencias nacieron de ahí. Si el bosque no pudre residuos, ¿por qué lo hacemos nosotros?”.

¿Cuándo cree que se difundirá su sistema en la ciudad o en el país?
“El día que nos lo muestre un extranjero. Pero ya casi, en este momento en México lo están adoptando. A una de las estudiantes de la Universidad de Antioquia, del grupo de Aliados con el Planeta a los que les enseñé en 2011, la invitaron a ese país a hacer pacas. Tendrá que venir de allá porque Medellín es incapaz de mostrárselo al mundo, el conflicto de las innovaciones es que nosotros queremos que funcionen con los vicios viejos”


Para construir una paca:
1) Elabore un molde de 1 metro cúbico sin base ni techo. Esta será la prensa de su paca digestora.
2) En el centro del molde haga un nido con residuos de jardín y deposite en el medio los de cocina.
3) Cúbralos con una nueva capa de residuos de jardín (frescos o secos) y ejerza presión sobre ellos.
4) Para comprimir mejor se recomienda pisarlos. En 6 meses la tierra estará lista como abono.


Por Jessica Serna Sierra.
jessicas@gente.com.co