Una bandeja paisa brutal

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Una bandeja paisa brutal

Estudie cocina porque son un glotón insaciable y toda la vida me ha gustado cocinar, pero conociendo las penas por las que pasan gran parte de mis amigos restauranteros, no me he querido lanzar al ruedo ya que me gusta mucho dormir tranquilo; de pronto cuando me llegue la edad del retiro y los enanos estén más criados, me arriesgue a aventuriar, siempre y cuando mi flaca me ayude, así como Sandrita a Luigi en Il Castelo, porque, ¿qué sería Il Castelo sin Luigi y que sería de Luigi sin Sandrita?, en fin, pero el restaurante del que hablaré hoy, no tiene nada de italiano, aunque si tiene a la señora del dueño pendiente de que todo salga bien.

En la fachada se lee un aviso rústico que lo define a la perfección: “Restaurante Museo”. Se trata de El Pilón Guarceño en pleno parque del Retiro. Entiendo que tienen otro en El Poblado, pero como no lo conozco, hablaré de esta sede a donde nos invitaron unos amigos que hace días se decidieron a vivir en medio de la paz y tranquilidad de este pueblo antioqueño hermoso, con parque colonial muy bien conservado, en donde me embriagué tantas veces durante sus célebres fiestas decembrinas, cuando tenía pelo y bríos de adolescente. Ojalá no lo llenen de edificios feos.

El Pilón Guarceño tiene más de 30 años de historia. Según oí, sus actuales dueños lo compraron hace 16 años. Lo de museo, muy curioso en un pueblo, es por la colección de más de 3.000 elementos de toda la historia de Coca-Cola. Aunque también tienen radios, relojes, chocolateras y televisiones antiguas. Todo muy bien puesto, con buen gusto, para lograr un espacio acogedor, muy antioqueño y rico para comer despacio y disfrutar de una carta esencialmente colombiana, casera, práctica y rica; me gustaría tener un sitio así. Porciones generosas justas, precios moderados, excelente calidad de ingredientes y sabores ricos por lo que definitivamente volveremos muchas veces. Esta vez no llevamos los insoportables, pero nos arrepentimos ya que la comida les hubiera gustado mucho, sobre todo por las papas fritas muy bien hechas.

Fuimos un martes a almorzar y estaba abarrotado y comprobamos el porqué de su éxito. Comimos sopa de guineo perfecta, servida en caldero de hierro, con cilantro, como quién dice, mujer no llores. Hígado y carne encebollados exquisitos. Pollo a la plancha rico para mi flaca que anda a dieta (y a mí que me mata bastantona). Mis amigos se arriesgaron por el mega típico, una bandeja paisa brutal. Según me enteré, se mantienen llenos, lo que no es raro por su oferta bien estructurada en la que hay carnes, pollo, trucha, varias sopas caseras de esas que llegan al alma. De sobremesa sucumbimos ante la mazamorra deliciosa ya que la oferta de postres maquilados no nos convenció y no se compadece con el resto de exquisiteces criollas de la carta.

Después de haber terminado esta nota, lo vimos en pleno parque de El Poblado, en donde tienen bastante éxito, sin embargo, nos quedamos con el ambiente del de El Retiro muy al estilo de las fondas clásicas antioqueñas. Pero mientras se va a conocerlo en la “puerta del Oriente” antioqueño puede pedir sus delicias a domicilio al 3110631. Llevaré a mis enanos, con toda seguridad de que les va a encantar.