¿Qué hay dentro de un carriel?

Qué hay dentro de un carriel

¿Qué hay dentro de un carriel?

Un vecino de Envigado fanático de este símbolo antioqueño nos muestra los artículos que solían guardar allí los campesinos paisas.

Desde que era un niño Juan Camilo Castañeda Rojas escuchaba con atención las historias sobre su abuelo materno, que era un arriero de Santa Bárbara. Le hablaban de lo que cargaba en su carriel y por eso se dijo a sí mismo que algún día tendría uno.

Lo consiguió a los 10 años y desde entonces ha coleccionado artículos típicos en anticuarias y con donaciones de amigos y familiares para llenarlo.

Juan Camilo tiene 32 años, estudia Contaduría Pública en la Institución Universitaria de Envigado y tiene un acento paisa que se hace más marcado cuando habla de la cultura antioqueña.

Desde 1999 este vecino ha participado en concursos relacionados con el bolso típico paisa y este año salió ganador del juzgamiento realizado en la Semana de la Cultura y las Fiestas del Carriel.

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Desde que tuvo su primera inquietud por este bolso, comenzó a investigar. Cuenta, por ejemplo, que recurrió al Testamento del paisa, de Agustín Jaramillo, y a los videos de Rodrigo Correa Palacio, con su programa Arrieros somos. Además, ha indagado con los campesinos en visitas a pueblos antioqueños.

El paisa ama su carriel como ama a Antioquia y carga ahí lo que más quiere”, dice Juan Camilo y explica que en los juzgamientos se premia el carriel que contenga mayor número de artículos afines al parámetro que indiquen los jurados, por ejemplo, si debe ser el guarniel de un arriero, el de un ganadero o el de un comerciante.

Los básicos
Sobre un poncho Juan Camilo expone para los lectores de Gente aquellos que considera artículos básicos del carriel de arriero.

“Empezamos por lo principal, el dinero, que son centavos y billetes de peso y de medio peso”, que datan de los años 20. También, señala el vecino, está representado el catolicismo con una estampilla de la Virgen del Carmen que ha sido popular entre los antioqueños. Y un escapulario de tela, que hacían bendecir y lo cargaban puesto o en el carriel, como una contra para los males.

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“El antioqueño toda la vida ha sido enamorado y por eso la foto de la novia era importantísima”, dice Juan Camilo y explica que esa imagen era compañía para los viajes. De hecho algunos cargaban también un mechón de pelo para recordarlas y llevaban además fotografías de la mamá o el papá.

No podían faltar los documentos relacionados con los negocios. En su guarniel Juan Camilo guarda una letra de cambio más bien reciente, de 1977, y una carta de 1893 perteneciente al fotógrafo Pastor Restrepo; fue recibida en abril y llegó a Madrid en agosto.

Para las tardes de ocio, el arriero estaba preparado con su baraja española, los dados y el tomatodo. Además, cargaba los tabacos y un yesquero para encenderlos en el camino. Este último ha sido difícil de conseguir, por eso Juan Camilo lo representa con una candela más actual.

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Si algo ha distinguido a los paisas, dice el vecino, ha sido el aseo. Por eso en el carriel no faltan el espejo, la barbera, una peinilla de madera o cacho y el cepillo de dientes, que en ese entonces (siglo XIX o principios del siglo XX) podía ser una raíz de limoncillo.

Entre los documentos estaba también la cédula que, según señala Castañeda, era más utilizada para asuntos electorales. La que tiene en su guarniel es de 1937 y tiene datos tan curiosos como la descripción del cutis, el cabello y hasta el tamaño de la boca de la persona a la que perteneció.

En su carriel también hay una libreta de apuntes y un lápiz, útiles para que el arriero llevara sus cuentas, y un Almanaque Bristol, “porque el antioqueño ha sido muy místico” y esta era una herramienta para ver las fases de la luna y relacionarlas con sus cosechas o incluso para bautizar a sus hijos según los días de los santos.

Las llaves que cargaban, dice Juan Camilo, no eran las de la casa, porque normalmente allí los esperaban sus familias. Por eso él incluyó algunas más pequeñas que podrían ser de escaparates y cajones.

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No podía faltar tampoco la vela de cebo con un guardavela, para que no se derritiera con el calor o la fricción y la navaja gurbia, utilizada para pulir los cascos de los caballos o partir fruta.

También, señala Juan Camilo, están los elementos de arriería: la aguja de arria, la aguja capotera y la cabuya. Y un ojo de venado, que es una semilla que además de amuleto podía calentarse y servir para planchar la ropa.

Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co