“Yo busco vivir de la música, no de la fama”

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“Yo busco vivir de la música, no de la fama”

Alejandro Villa no tiene que hacer muchas búsquedas en su árbol genealógico para identificar de quién heredó su gusto por la música, porque desde muy niño fue consciente del talento de su mamá para cantar, sobre todo al entonar tangos. “Ella, que tiene una voz impresionante, tenía un grupo con el que hacía muchas presentaciones… Cuando ensayaban, yo iba y les robaba los micrófonos o empezaba a jugar con los instrumentos. Estoy seguro de que ahí fue que empezó todo”, explica.

Luego de sus primeros encuentros con los sonidos y las melodías, Alejandro se convirtió en un concursante infaltable en los festivales de la canción de su colegio, hasta adquirir el reconocimiento de “el cantante del salón” entre sus compañeros. Sin embargo, “los hombres tenemos una época difícil de la vida para cantar, y hasta para hablar (risas), entonces, después de esa etapa, me frustré porque la voz se me transformó”.

Fue esta situación la que lo motivó a encontrar un instrumento diferente al de su voz y, sin ninguna razón especial, a los 14 años, eligió la guitarra. Pronto se convirtió en un autodidacta, logrando tocar sus canciones favoritas con el oído como guía, “hasta que volví a cantar al final del colegio. Me costó mucho porque volví a sentir la frustración que había tenido antes… Fue un camino difícil porque esos tonos tan agudos a los que llegaba cuando era chiquito ya no podía alcanzarlos”, explica, y agrega que, a pesar de que se dio cuenta de que sus posibilidades con el canto se habían reducido, aprendió a sobrellevar el obstáculo.

Así, al graduarse de bachillerato, decidió entrar a estudiar Música con énfasis en canto en la Escuela Superior Tecnológica de Artes Débora Arango. “Allí solo estuve un semestre, con el objetivo de empezar a trabajar y a ahorrar para cumplir el sueño que empecé a construir desde que tengo uso de razón: viajar”.

Alejandro concluyó que el mejor trabajo que podía tener estaba en sus dedos y en su voz.

 

Funcionario de servicio al cliente, mesero, vendedor de bolsos y encargado de trámites y papeleos fueron algunos de los empleos que probó para avanzar en el camino de sus ilusiones, hasta que concluyó que el mejor trabajo que podía tener estaba en sus dedos y en su voz. “Empecé a dar clases particulares de guitarra y de técnica vocal, y después de un tiempo pude entrar como profesor a Solo Rock. Allí estoy hace un año, y ha sido un gran reto para mí”. 

Lo dice porque ha tenido que crear un nuevo lenguaje para transmitir sus conocimientos. “Dar clases de técnica vocal es muy complejo porque, a diferencia de los instrumentos, no puedo dar indicaciones precisas, no puedo decir ‘necesito que muevas la laringe tantos centímetros’… Por esto he tenido que inventar nuevos recursos para mostrarle a un alumno cómo hacer determinado ejercicio”.

Además de enseñar, Alejandro se ha dedicado a cantar en distintos establecimientos de la ciudad, “y ahora ando montando un proyecto acústico… Son cosas que hago mientras puedo irme de viaje, que espero que sea el año entrante. Quiero estudiar y vivir de la música, porque no tengo ambiciones de ser famoso” .

Por Laura Villamil.

Fecha

Febrero 26, 2015

Categoría

Artistas, Gente

Tags

cantante, el poblado, guitarrista, hombre, joven, profesor, soñador