Susana, una emprendedora que le apuesta a la ilustración

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Susana, una emprendedora que le apuesta a la ilustración

Los primeros indicios que tuvo Susana Velásquez sobre su talento como dibujante le llegaron a corta edad, mientras se sentaba frente al televisor con una hoja en blanco para tratar de replicar, con la mayor precisión posible, las caricaturas de los canales infantiles; un gusto que evolucionó hasta convertirla en inventora, pues con los lápices y colores se encargó de darles vida a los personajes que de cuando en cuando empezaban a existir en su cabeza.

Esa capacidad, según cuenta hoy, no fue producto de la herencia, o por lo menos, no de una muy fuerte, “porque mi abuelo, ingeniero químico, siempre ha tenido como pasatiempo pintar, pero no es algo de todos los días. Y por el lado de mis papás no es… Mi papá es médico y mi mamá administradora”.

Ese interés innato la llevó a matricularse, durante la época del colegio, en clases y talleres de pintura para aprender técnicas como el óleo y la acuarela y conceptos como el manejo del color, la perspectiva y la profundidad; formación que a la vuelta de la adolescencia le sirvió para desechar la idea de convertirse en médica, y al mismo tiempo, para creerle a la intuición, la misma que le indicaba que desarrollar su pasión por el arte podía acercarla a la plenitud.

De hecho, eso es algo que le ocurre actualmente, “porque así como muchos pintan mandalas como una terapia para sentirse tranquilos y felices, yo logro sentirme así cuando hago mis ilustraciones”.

Eligió entonces Diseño Industrial en UPB, una carrera que desde el comienzo la hizo sentir en el lugar correcto, a pesar de estar enfocada en la creación de objetos y no en el dibujo. Esto, como dice, porque pudo darle rienda suelta al pulso para empezar a construir un estilo propio. “Y ya en noveno semestre vi una materia de imagen ilustrativa que me motivó a trabajar con algunos proyectos de ilustración”.

Ese, sin sospecharlo, fue el empujón inicial para definir el sueño en el que hoy trabaja: su propia marca de artículos ilustrados. “Me fui para Milán a hacer un semestre y terminé quedándome para hacer la práctica. Fue una experiencia maravillosa porque es un lugar que se mueve en función del arte, así que traté de aprovecharlo al máximo”, cuenta, y añade que a su regreso, en noviembre de 2015, pasó por un momento de duda con respecto a su futuro, “porque sabía que no quería trabajar como diseñadora en una empresa. Me graduaba en febrero, así que mientras llegaba la fecha me dediqué a ilustrar. Fueron dos meses de trabajo”.

También utilizó esa temporada para investigar, con lecturas y conversaciones, si la ilustración podía ser un trabajo de tiempo completo, y el resultado fue la creación de un emprendimiento que lleva su nombre.

Con este comercializa ilustraciones por encargo, desarrolla colecciones (con los temas que la obsesionan por momentos como la ciencia, las bicicletas, los animales…) en forma de cuadros (para venderlas en Plaza Paquita) y planea crear líneas de productos de uso cotidiano que tengan su sello personal.

Por Laura Villamil.

Fecha

Marzo 11, 2016

Categoría

Emprendedores, Gente

Tags

artista, creativa, dibujante, el poblado, emprendedora, ilustradora, joven, mujer, pintora