“Sabroso” doña Inés ha vivido sus 100

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“Sabroso” doña Inés ha vivido sus 100

El 20 de junio es un día muy especial para doña Inés Peláez de Pérez, porque es el aniversario número 100 de su llegada al mundo; un acontecimiento que no solo le permite presumir con que no usa bastón, no le duele ni un pelo, es una avezada jugadora de bingo, hace crochet con la misma facilidad que cuando lo aprendió —hace 20 años, otro asunto para alardear—, y es una excelente conversadora, sino que la impulsa a soñar con sobrepasar, y por mucho, la barrera del centenario, porque aquí en la tierra pasa muy “sabroso”.

No estoy estorbando ni estoy aburrida, ojalá llegara a esa edad”, dice cuando Lucía, una de sus hijas, le cuenta que Juan de Dios Palacio, quien era hasta la semana anterior el hombre más longevo de Colombia, murió a los 112 años. “Es que la verdad yo de mi vida solo puedo decir que ha sido deliciosa. Mis historias todas son buenas y ninguna maluca. ¡Como será que el padre de Santa Teresita me dice que como yo no hay dos”, asegura con orgullo, y agrega que vivir tranquila es si acaso su único consejo para mantenerse saludable y entusiasta.

Ni cremas ni recetas, y sí que menos cuidados especiales ha tenido doña Inés con su salud, porque nunca tuvo más tiempo que para su esposo, Jorge Enrique Pérez, y sus 10 hijos, María Amparo (fallecida), Ángela Edilma, Jorge León, Luis Guillermo, Marta Inés, Juan Manuel, Teresita, María Lucía, Margarita (fallecida) y Rodrigo Alonso (fallecido).

Ese amor por su familia se hizo más grande con los años, para abarcar también a sus 18 nietos y 18 bisnietos; números que le recuerdan sus hijas y que le generan múltiples anécdotas a la vez: la de su hija Marta, quien es médica y tiene a su vez un hijo médico; las de su hija María Lucía y su nieta Mónica, quienes pintan y decoran su casa como una galería de arte; la de su hijo Jorge León, quien tiene dos carreras y estudió en el exterior…

Vivir tranquila es si acaso el único consejo de longevidad que tiene esta vecina del Segundo Parque de Laureles.

 

Con todas estas historias luce la buena memoria y los dotes de buena conversadora, dos habilidades que le han dado una tercera: la de amiguera. “Es que adonde vaya me pongo a hablar con la gente. Me gusta mucho ser amiga. Por ejemplo, cuando voy a un bingo y me encuentro con todas esas viejas, me gusta saludarlas. A veces yo no me acuerdo de ellas, pero ellas sí de mí, entonces cuando me saludan les converso”.

Añade que precisamente para socializar es que va todos los martes al costurero San Francisco, de la iglesia de Santa Teresita, “donde hacemos unos ajuares hermosos. Yo también tengo guardadas unas colchas preciosas. En las mañanas, después de bañarme con agua fría y dejar lista mi cama, me pongo a hacerlas porque es mi entretención”, dice, mientras sus hijas la complementan diciendo que desde siempre ha sido una mujer muy activa.

Por ejemplo, cuando llegó a Laureles, proveniente de su Bello natal —con calles empedradas, un parque lleno de árboles de mango y una casa con un solar gigante — se enamoró rápidamente de los alrededores de Bolivariana y se cercioró de caminarlos todos los días a las 5:00 a. m., “y aunque ahora ya no salgo tanto, me gusta tener con qué entretenerme. Por estos días estoy pendiente del vestido que mandé a hacer para la celebración con una modista muy titina. Lo mejor de todo es que estoy aliviada, ¡es que no le parece que es mucha gracia que no tenga que caminar con bastón!”, concluye con una sonrisa en los ojos.

Por Laura Villamil.

Fecha

Junio 3, 2016

Categoría

Gente, Vecinos

Tags

abuela, antioqueña, centenaria, laureles, mujer, vieja