“Para escribirles a los niños hay que tener mucho de ellos”

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“Para escribirles a los niños hay que tener mucho de ellos”

Alejandra Barrada lleva 25 años contando historias detrás de los teatrinos de Manicomio de Muñecos. Ella aún recuerda la sorpresa de sus familiares cuando les anunció, hace un cuarto de siglo, que los títeres la habían conquistado hasta el punto de convencerla de dedicarse a ellos profesionalmente, en lugar de ser arquitecta. Para ese entonces ajustaba 5 años y medio de experiencia en el mundo de los muñecos y las historias —había incursionado en él desde primer semestre de universidad—, una situación que, sin mucho éxito, trató de utilizar como argumento para enfrentar el desconcierto de sus seres queridos.

Mi mamá me decía: “¿Cómo se te ocurre? ¡Te vas a morir de hambre! Si te fue bien en la carrera, para qué vas a renunciar a ella”, recuerda, y lo hace con la misma serenidad con la que en ese momento se dejó arrastrar por el arte de enamorar desde los teatrinos, “porque yo sabía que, si hacía las cosas por convicción y amor, no iban a salir mal”. Hoy dice con orgullo que tuvo razón, pues junto con Liliana María Palacio, quien fundó Manicomio de Muñecos hace 35 años, ha podido ver cómo esta oferta artística y cultural se ha ganado un lugar especial en el corazón de cientos de familias en la ciudad.

Y esto ha sucedido, entre otras cosas, porque se han preocupado por entender los intereses del público al que se dirigen: el infantil, el más exigente. “Si presentas una obra de teatro para adultos y no les gusta, de todas maneras te respetan, hacen silencio y te aplauden. Los niños no. Si a ellos no los cautivas, rápidamente empiezan a hablar, a jugar o a decir que se quieren ir. Para escribir para ellos, tienes que tener mucho de niño”, explica.

Alejandra además cuenta que por esto siempre que están presentando un montaje tienen los oídos abiertos para captar las reacciones de los espectadores, “y así ellos mismos te dicen qué funciona y qué no. Esa es la razón por la que una obra jamás está terminada”.

De los ajustes y de la escritura completa de las obras se encarga Alejandra, pues desde el inicio de este camino pudo descubrir su facilidad para la dramaturgia. También ha tenido la oportunidad de incursionar en la música, una pasión que le viene por herencia paterna, y en la pintura, una afición que descubrió a muy temprana edad. “Pinto las escenografías y los títeres y compongo mucha música para las obras. Como tengo una visión global de ellas porque soy la que las escribo, sé qué es lo que quiero musicalmente para ellas”, cuenta, y añade que como no tiene más estudios en música que un par de cursos de guitarra, hace realidad los sonidos que sueña con el apoyo de expertos en esa área.

Analizando toda la producción de obras que ha hecho, Alejandra afirma que tiene dos frentes de trabajo: el de la adaptación de cuentos clásicos y el de la cotidianidad. El primero lo aprovecha para contarles a los niños esas historias con las que ella se divirtió en la infancia, y el segundo para hablarles sobre temas como el trabajo en equipo, la mentira, los amigos, el matoneo… Para este año tiene como meta crear obras que tengan que ver con temas difíciles, como la muerte, “porque quiero que les sirvan a los niños para sentirse identificados y para sanar situaciones que no han podido superar de otros modos. De eso es de lo que se tratan los títeres, y por eso invitó a la gente a que se dé la oportunidad de conocerlos”.

Por Laura Villamil.

Fecha

Enero 22, 2016

Categoría

Artistas, Gente

Tags

actriz, arquitecta, artista, creativa, emprendedora, gestora, innovadora, laureles, mujer, titiritera