Luis Eduardo es un contador de números e historias

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Luis Eduardo es un contador de números e historias

Luis Eduardo Uribe tiene 2 vidas paralelas: una en la que lidia con impuestos, declaraciones de renta, medios magnéticos y leyes y decretos, y otra en la que tiene licencia para viajar con tranquilidad por el mundo de las palabras, mientras construye historias que se convierten en “hijos calavera”, como llama a los libros que, a pesar de las dificultades económicas, logra que vean la luz en una imprenta. En la primera vida es contador, la profesión que no solo le permite pagar las cuentas, sino que le auspicia su segunda vida, la misma en la que se arma de ideas y trasnochos para ser, con satisfacción, un escritor.

Poco le importa no haber tenido una formación académica en campos como la lingüística y la gramática, porque ese tipo de conocimientos los ha encontrado a punta de lecturas, curiosidad e interés. A lo que sí le ha dado relevancia, porque es al final su único objetivo, es a la necesidad de expresarse, y para esto no ha encontrado un medio más preciso que las letras. Estas, desde su pulso, salen cargadas de críticas, reflexiones y contradicciones que como por arte de magia le llegan cuando se sienta a ver el noticiero o a leer el periódico.

Todo surgió hace 20 años, cuando empecé escribiendo cositas partiendo de lo que veía en los medios de comunicación. La idea fue de mi esposa, que luego de verme alegando y criticando con todo lo que veía, me dijo: ‘Escribí eso y lo mandás al periódico’”, recuerda él, y añade que hasta el día de hoy es ella su mayor respaldo.

Esos primeros textos, como explica, no salieron a manera de crónicas ni ensayos, sino que, sin pretensiones, tomaron forma de fábulas. Esto, porque siempre encontró en la realidad nacional un poco de fantasía, por ejemplo, en el caso del niño que fue asesinado por robar un mango.

En el día ejerce una profesión de declaraciones de renta e impuestos, y en la noche deja que aparezcan las letras que quiere dejar plasmadas en el papel.

 

“En un cuaderno empecé a fabular toda esa pelea mía con la realidad y, por supuesto, al mismo tiempo trabajaba como contador, como lo sigo haciendo”, cuenta, y luego reconoce que ese amor por la pluma fue más que sorpresivo porque, además de haberse formado profesionalmente entre números y leyes, en ninguna otra etapa de su vida había sentido una necesidad de dejar sus visiones en un papel, sobre todo porque “cuando vi materias como español y literatura en el colegio, las desprecié. Era muy desaplicado porque sentía que la educación no era exigente, entonces mi manifestación era más la rebeldía que el deseo de superarme. Eso lo entendí al crecer”.

Con la madurez, entonces, le llegaron los deseos de aprender sobre esas materias que en el fondo le llamaban la atención desde el colegio, pero que había decidido ignorar por repulsión al sistema educativo.

Y con esos deseos también se fueron materializando Escalera al infierno, el primer libro que escribió y que no ha publicado (tiene la intención de pulirlo al máximo antes de que se acomode en las manos de un lector); Uróboros, una novela que fue publicada en 2010 y que habla de la autodestrucción de la humanidad; Déjà vu, que reflexiona sobre el poder de las decisiones; La niña de la Amikacina, publicada en 2013 y basada en un caso real de brujería y maldad, y Conspiración África, que cuenta la historia de ese continente a través del amor de una pareja y que se lanzará en las próximas semanas.

Por Laura Villamil.

Fecha

Mayo 13, 2016

Categoría

Artistas, Gente

Tags

artista, contador, creativo, empleado, envigado, escritor, hombre