Las letras, el mejor refugio de Cecilia Taborda

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Las letras, el mejor refugio de Cecilia Taborda

En uno de los momentos más difíciles de su vida, Cecilia Taborda se construyó un refugio con letras. Acababa de divorciarse y sentía que ese papel de ama de casa perfecta, de mujer abnegada por la familia, se le había diluido entre los dedos y la había dejado sin nada, incluso sin ganas de vivir, “hasta el día en el que mi hermano me dijo: ‘No te vas a morir y vas a salir de esto’. Todo era muy doloroso para mí porque yo quería mucho a mi esposo. Para ese momento llevábamos 20 años de casados y nuestra hija, Paula, ya estaba grandecita”.

La solución que le planteó su hermano fue entregarle la energía y los pensamientos a un nuevo proyecto: una tienda de ropa deportiva. “La puso en el garaje de la casa y me la encargó. Cuando iba a empezar a trabajar, me dijo en charla: ‘Ahí te queda la biblioteca para que te la leas’. Yo le hice caso, y a través del tiempo me fui devorando los clásicos de la literatura”, recuerda con nostalgia, y agrega que fueron esas grandes figuras de la escritura mundial, quienes le entregaron, a través de frases perfectas e historias cargadas de emociones, la motivación para seguirles los pasos.

Lo primero que hizo fue sellar con tinta el recordatorio de su deseo por escribir. Fue en un papelito que guardó entre uno de los cuadernos de contabilidad del negocio. “Al otro día mi hermano lo encontró, y me puso: ‘Escribe algo que valga la pena’”, recuerda con emoción, y añade que fue después de este consejo que salió “Como el mar”, su primer poema. En él hablaba de la inmensidad y la soledad del océano, así como también lo hizo en su segundo poema.

Por esos días, su hija Paula encontró sobre una mesa varios de los escritos que había hecho. Al leerlos le aseguró que tenía potencial y la convenció de seguir abriendo los puertos del alma, para dejar salir esos poemas que llevaba adentro en forma de sufrimiento. “A los días me inscribió en un taller de escritura creativa en la biblioteca de Itagüí, donde conocí a César Herrera, mi profesor. La primera tarea fue hacer un poema, y cuando lo revisó me puso una nota que decía: ‘Tienes talento y mucho que aprender’. Al terminar el curso, lo seguí hasta Otraparte, donde daba el taller Mascaluna”.

A este espacio asistió por 15 años, un tiempo en el que hizo varias pausas, entre ellas la que necesitó para internarse en una clínica de reposo, para superar los problemas de depresión. De eso, recuerda, no solo tuvo que esforzarse para mejorar su estado de salud, sino que tuvo que lidiar con la presión social. “Me decían: ‘¿Estás en tratamiento psiquiátrico?’. En esa época el que hacía eso estaba loco… Había mucho desconocimiento sobre el tema. También soporté críticas porque por esa tiempo había empezado a escribir poesía erótica, pensando en que si hubiera sido una mujer más apasionada, no se hubiera acabado mi matrimonio”, revela.

Hace 4 años abandonó Mascaluna, buscando nuevas direcciones para su escritura. Desde entonces, entre su casa y la Biblioteca Débora Arango, se dedicó a desarrollar una voz propia en la poesía y a incrementar su colección de escritos. Esta justamente se vende en Amazon desde abril pasado, bajo el título de Olvidado viento de mar. “Ese primer libro tiene una selección de 100 poemas. Lo lancé esta semana en la Débora. Fueron aproximadamente 80 personas. Se me acabaron los ejemplares que tenía y ahora debo encargar más”, dice con satisfacción, y agrega que así como en sus últimos 20 años se ha refugiado en la pluma, seguirá, hasta que pueda, construyendo su futuro con poemas.

Por Laura Villamil.

Fecha

Mayo 20, 2016

Categoría

Artistas, Gente

Tags

artista, creativa, editora, envigado, escritora, gestora, mujer, poeta, soñadora