Juan Toro es corazón, razón e intuición

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Juan Toro es corazón, razón e intuición

Juan Eduardo Toro olvidó el ‘Eduardo’ en los últimos 15 años de su vida. Ni en Brasil ni en Europa, y mucho menos en Estados Unidos, donde vivió mientras ocupaba cargos directivos para diferentes empresas del grupo Johnson & Johnson, tenían sonoridad los nombres compuestos (más propios de esta tierra). Lo que sí no perdió en el camino fue esa esencia trabajadora y fiel a los principios que tanto le admiran quienes lo conocen.

Luego de haber estudiado Ingeniería Mecánica en la Universidad Pontificia Bolivariana y de hacer un MBA (Maestría en Administración de Negocios) en la Georgetown University, encontró rápidamente el punto de partida hacia un viaje de aprendizaje personal y profesional que hace unas semanas tuvo su final (y también un nuevo principio). “Cuando terminé la maestría, empecé mi carrera dirigiendo diferentes empresas. El primer reto que tuve fue en Cali, como encargado para Colombia y Ecuador de VisionCar”, recuerda.

Desde ese momento no hubo pausas en el trayecto porque los resultados positivos de su trabajo le permitieron una oferta tras otra en la multinacional: primero Brasil, un país que ante sus ojos poco se asemeja a cualquier otro en América Latina; España y Portugal, en los que, como en el anterior, hizo crecer tanto el mercado que se le abrieron las puertas a una nueva posición: vicepresidente para Europa del Sur, “y me hice cargo de Portugal, España, Italia, Grecia y Turquía, que tal vez lo único que tenían en común era su crisis financiera (…) Por esa situación, tal vez, esa no hubiera sido una oportunidad para otra persona, pero para mi sí lo fue. He aprendido a ser flexible y a tomar riesgos calculados”. Allí también pudo formar parte de la junta directiva de Europa, con base en Suiza.

Su última etapa en la multinacional la pasó en Estados Unidos, con un cargo que, a diferencia de los anteriores, le implicaba un compromiso global y no regional. “Me fue muy bien siempre, pero llegó el momento en el que sentíamos que habíamos cumplido nuestro ciclo (incluye a su esposa, a quien califica con gracia como su amiga, parcera, confidente y guía espiritual). No nos fuimos del país con la idea de no volver, sino pensando en estudiar y prepararnos, y todo se nos fue dando. Hoy volvemos por muchas razones, entre ellas, el futuro de esta ciudad que es brillante”.

Hace un par de semanas aterrizó en la ciudad en compañía de su esposa y de sus hijos Samuel y Sara y, aunque no tiene claro si su futuro está en un proyecto propio o en uno para otra empresa, sabe que lo primero que hará será integrar un fondo de inversión para iniciativas privadas.

También, dice que trabajará para aportarles su experiencia a los protagonistas de la movida emprendedora de la ciudad, a quienes recomienda “no tener miedo a experimentar ni a cometer errores; alimentar la ambición para no desanimarse cuando se encuentran personas que no creen en su trabajo; y usar el corazón, la razón y la intuición, porque al conectarlas es que se toman las mejores decisiones”.

Por Laura Villamil.

 

Fecha

Febrero 13, 2016

Categoría

Gente, Vecinos

Tags

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