John Eider les imprime pasión a la música y la danza

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John Eider les imprime pasión a la música y la danza

Las horas que le invirtió a la exploración de sonidos con un pequeño redoblante de juguete, los concursos de canto en los que participó en la primaria y la mirada cómplice a la actividad artística de su papá —bailarín e intérprete de instrumentos como la caja vallenata— fueron las señales que John Eider Grisales le envió a su familia, desde muy temprana edad, sobre su afinidad con la música; un hecho que “en algún punto trataron de desviar metiéndome a deportes, porque sabían lo difícil que podía ser el mundo artístico”, recuerda él, “pero al final entendieron que eso era lo que me motivaba, sobre todo mi mamá que es de una familia tradicional, y me matricularon en una academia en la que empecé a tocar batería”.

Después de una temporada de formación, John se enlistó en una organización orquestal que lo acercó de una forma seria al redoblante y lo enteró de su habilidad para el trombón, y al mismo tiempo llegó a Bellas Artes para encontrar, mediante varios programas y cursos, las respuestas a sus inquietudes musicales.

“Aprendí mucho en estos sitios, pero no regresé porque descubrí la Red de Escuelas de Música, donde empecé a tocar congas y platillos”, revela, y agrega que esa época, en la que cursaba el bachillerato, también formó parte de una orquesta de formato tropical en la que se dedicó al timbal y de una banda marcial en la que se destacó en la percusión.

En esta última, dice, amplió su visión de la música, “porque gracias a un pianista con el que hice una amistad antes de graduarme, entendí que la percusión no era la única cosa que podía hacer con lo musical”. Sin embargo, esa conclusión no le sirvió por un tiempo, porque al graduarse se concentró en la ingeniería industrial, la carrera que lo enamoró.

“Salí del colegio y esperé un semestre para entrar a la universidad. Me presenté a la U. de A., pasé e hice el primer semestre, pero para el segundo me cambié a la Nacional por una cuestión de sueños… Era el lugar que siempre había querido para mí ”, explica, y añade que fue el amor por las matemáticas el que lo llevó a inclinarse por esa profesión y no por la música.

Recién entrado a la Nacional, John Eider regresó con fuerza al mundo de los sonidos, “porque interrumpí una audición para averiguar unas clases de guitarra, y resulté dándole sugerencias la persona que estaba audicionando. Ahí fue que el director me dijo que hiciera la prueba y luego me propuso quedarme”.

En medio de las actividades de la orquesta, John conoció al bailarín Juan Manuel Chavarría, quien le propuso montar un proyecto que mezclara danza, música y dramaturgia. “De eso ya han pasado 4 años, y ha sido un proceso de aprendizaje muy importante para todos los que formamos parte de esto”, dice, refiriéndose a la Corporación Cuprá, una compañía artística que tiene su sede al frente de la Clínica Saludcoop y que se ha ganado un reconocimiento en los escenarios artísticos de la ciudad por sus llamativas puestas en escena.

En este espacio se desempeña como director musical, un cargo que le impone retos importantes como la docencia, con cursos como el de rítmica corporal, y la investigación, “porque nos estamos embarcando en una exploración del movimiento para darle un sustento teórico a lo que hacemos. Es algo que me emociona mucho, porque quisiera llegar a tener un manual del movimiento. Mientras eso evoluciona, aquí estamos todos los días mostrándole a la gente por qué es importante bailar”.

Por Laura Villamil.

Fecha

Febrero 12, 2016

Categoría

Artistas, Gente

Tags

artista, bailarín, belén, danza, emprendedor, hombre, ingeniero, joven, músico, redoblante, talento, trombonista