Gildardo Montoya sigue parrandeando desde el cielo

Gildardo Montoya sigue parrandeando desde el cielo

Gildardo Montoya sigue parrandeando desde el cielo

No hay diciembre sin parrandera y esta música no sería lo mismo sin Gildardo Montoya. Un homenaje al cantautor que murió hace 41 años en un accidente de tránsito en el barrio Belén, en el occidente de Medellín.

Si Gildardo Montoya no hubiera muerto, sería de lo máximo en composición del país. Hacía una canción con una frase”, afirma Alberto Burgos, coleccionista y conocedor de la historia de la música colombiana.

Lamentablemente la muerte se lo llevó a los 36 años. El 25 de noviembre de 1976, a las 3:30 p.m., cuando iba en su moto Honda 350 cc a la casa que acababa de comprar en Los Alpes. En la calle 30 con 76 (donde hoy queda la estación Parque de Belén, del metroplús) se estrelló con un carro que no marcó el pare.

Fui el único que lo vio morir a las 5:15 p. m. en la Policlínica. Eso estaba lleno de gente afuera porque por las emisoras ya habían dado la noticia”, fue lo que recordó en su última entrevista (antes de también morir) Darío Montoya, hermano del compositor de Te casaste Toño, Dele por’ai, Maldita Navidad, El arruinao y muchos otros éxitos.

Al otro día fue el entierro en el cementerio Campos de Paz, era tanta la gente que se reunió a darle al último adiós a este cantautor tamesino, que don Darío lo comparó con la llegada de una Vuelta a Colombia.

Gildardo, como la gran mayoría de los exponentes de la música parrandera, género que acompaña las fiestas decembrinas en Antioquia desde mediados del siglo XX, se trasladó del campo a Medellín buscando nuevas oportunidades. De recolectar café en el Suroeste antioqueño llegó a Aranjuez y, aquí en la ciudad, se encontró con la música.

La primera vez que su voz se escuchó en público fue en Guayaquil, en la antigua plaza de mercado que existió en el centro, cuando trabajaba como pregonero de una carnicería. Después ganarse un acordeón en una rifa entre los carniceros y sin tener ninguna formación musical, en 1960 grabó sus primeras canciones: Los reyes magos y Aguinaldo al escondido.

“Gildardo tiene un estilo que va más a lo vulgar que sus predecesores, pero tiene canciones que son significativas. Forma parte del grupo de compositores que aportó al desarrollo del género”, explica Alejandro Tobón, profesor e investigador de música en la Universidad de Antioquia. De hecho, en algunas ocasiones, la Iglesia criticó sus letras por considerarlas inmorales.

Miguel Montoya, compositor y guitarrista que considera al autor de El gitano groserón como uno de sus padrinos en la música, cuenta que él era muy afinado a la hora de grabar y tenía una habilidad prolífica para componer. Según él, entre tragos y en cerca de media hora, Gildardo era capaz “de sacar un tema con música y todo”.

Como recordó Darío, su hermano “era un pobre carnicerito, que vestía más bien malito y para hacer las demostraciones en las disqueras se ponía la ropa de nuestro hermano Iván. Ese hombre tenía un carisma poco común y llegó a alcanzar una popularidad envidiable”. Palabras que pueden sonar a exageradas, pero que se comprueban cada diciembre con la omnipresencia de la voz de El trovador de valle en las emisoras de la ciudad.

Gildardo le dio vida a canciones de géneros tan variados como el vallenato, la cumbia, los corridos, las rancheras y, por supuesto, la parrandera que lo inmortalizó.

Por Santiago Castro V.
santiagocv@gente.com.co

Fecha

Noviembre 25, 2017

Categoría

Artistas, Belén, Gente

Tags

belén, cantante, diciembre, gildardo montoya, Historia, los alpes, muerte, música, navidad, parrandera